sábado, 31 de julio de 2021

Ultimo regaño de María a Jesús.

 

ÚLTIMO REGAÑO DE MARÍA A  JESÚS.


-Ay Jesús, me tienes con el Jesús en la boca. Le dijo María a su hijo. –tengo cuarenta días sin saber nada de ti, crees que no estoy preocupada. Y vienes y me sales con el cuento ese de que estuviste cuarenta días en el desierto, quesque meditando, y yo aquí esperando los días y las noches. Pues quien te crees, no me pudiste haber avisado antes que te ibas, soy tu madre.  Mira Jesús yo soy tu madre y se todo lo que te pasa; yo hasta presiento cuando el diablo anda tras de ti. Yo sé que tú eres bueno, pero los demás. Que me dices de la gente con quien te andas juntando, a mí no me gusta para nada tu compañía, te andas juntando con un grupo de señores muy raros, a mí la verdad que hay un par de amiguitos tuyos que no me dan buena espina, se me hacen muy hipócritas. Tú sabes cómo están las cosas allá afuera. Los gobernantes están matando gente para amedrentar, ahora a eso se dedican. No te vayan a matar un día. Yo soy tu madre y me preocupas mucho. Así que por favor no te me vuelvas a ir sin avisarme Jesusito.-

LA IDA AL CINE.

 

LA IDA AL CINE.

 

Yo sabía que no debía de ir, no debía salir de mi casa esa noche, pero de pronto me dieron ganas de ir a la tienda por algo de comer antes de dormir. Yo llevaba dos días manejando, casi no había dormido. Pero quien iba a decir que Laurita mi vecina iba a estar afuera de su casa. No se cómo, ni cuándo pero de repente ya estábamos hablando de los nuevos cines que acababan de abrir en los campos donde antes estaban las piedras de la fundición. Hablamos de los árboles, y de la vida en tan solo un par de frases, para luego quedar en ir a ver una película juntos. Yo vestía con un short y una camiseta negra sin mangas, y mis chanclas. Ella ya estaba arreglada, como si fuera, o viniera de una fiesta. Me despedí de ella, al principio no sabía si darle un beso en la mejilla, pues apenas era la segunda vez que la veía, pero su sonrisa y la manera en que hablamos me dio la confianza necesaria, para hacerlo. Me fui a mi casa y antes de entrar le dije: -bueno aquí tienes tu casa, ya sabes cuando quieras.- Me metí  a mi casa, tome un plato recién lavado, lo seque con la toalllita, le puse una servilleta, abrí el refrigerador para tomar una latita de chiles jalapeños y me fui a la mesa para comer. Saque mi torta de albañil o de resistol (1)  le quite el migajón, la di una revisada de afuera hacia adentro, le agregue con sumo cuidado un poco más de vinagre de la lata que había sacado del refri, y le di la primera mordida, la crema con vinagre escurrió un poco por mi mano, me limpié con la servilleta que previamente había tomado, para luego tomar el destapador y abrir mi coca de vidrio. Le di un buen trago, luego agarré el chile y le mordí la puntita, otro trago a la coca, y luego un fuerte eructo. Justo con el eco de mis entrañas se escuchó que tocaron la puerta, me froté la panza, y pensé, quién se atreve a venir a interrumpirme la digestión. Pregunte: -Quién- escuche una voz pero no alcance a distinguir que me dijo. Abrí la puerta y era Laurita, -Hola vecino David- dijo ante mi sorpresa. –En media hora pasan la película de Jurassic Park, es la de los dinosaurios, se ve que esta buena, ¿Vamos?-

Sentí una ligera agrura por el vinagre, la mire a la cara y al verle su sonrisa no pude decirle otra cosa más que: - Claro que sí, termino de cenar me arreglo y vamos. Paso por ti unos diez minutos antes para alcanzar a comprar los boletos-. Cerré la puerta,  y de inmediato fruncí el ceño al pensar si estaba haciendo lo correcto, y me volví a sentar en la mesa, tome el chilito con la mano, le mordí y sin masticar, le di una mordida grande a la torta, la crema de inmediato comenzó a escurrirse pues con la visita inesperada, el bolillo había terminado por humedecerse. Se hizo un desastre en el plato, me ensucie mi camiseta sin mangas, el mantel de mi madre, y hasta la silla del comedor. Con el chile en la mano derecha comencé a juntar la crema del plato y seguí comiendo, en algún punto use el migajón que había dejado en el plato para comerme la crema derramada. Le di un par de tragos a la coca mientras comía, y deje un cuarto de botella para el final. Al final, al chile solo le quedo el tallito y la mazorca de semillas, una que otra que mancha de crema en varios lados, y  lo que quedaba de migajón, lo comí antes de tomarme el último trago de coca. Eructe fuertemente y entre al cuarto de mi mamá, me regaño por el eructo, le dije que iba a ir al cine, se burló de mí y me dijo: -no que estabas cansado, nomás vas a ir pagar por dormir.-Le dije que no, que era una película de dinosaurios y que debería de estar buena, al responder que con quién iba, le dije que con Laurita una amiga, de inmediato dijo en un tono como de que ya sabía: -vas con Laurita, la hija de los nuevos vecinos, mira tú… no te vayas a quedar dormido-.

-Cómo crees ma, bueno deja me cambió que ya me está esperando-. Pasé al baño,, limpie un poco de crema que tenía en el mal crecido  bigote, me lave la cara, me peine e hice del uno, me lave las manos, mire mi sonrisa en el espejo y me fui a mi cuarto, me puse desodorante, perfume, pantalón de mezclilla y una camiseta polo, me abroche mi reloj, calcetines y tenis limpios, tome mi cartera y salí apresuradamente. –Ya me voy ma, al rato regreso, no me esperes despierta.-

Toque al timbre, salió ella sola, seguía igual de arreglada, me dijo entre risas,  que me veía mejor arreglado,  caminamos un par de minutos y llegamos a la fila del cine. Pedí dos boletos para Jurassic Park de las diez y cuarto, tuve la osadía de preguntar si quería palomitas, afortunadamente no quiso, porque yo no hubiera podido comer luego de mi torta. Nos adentramos a las salas, era uno de esos nuevos cines con muchas salas, doce en total, tuvimos que preguntar para dónde había que ir, entramos a la sala la cual era igual de grande que las que había por el centro, vimos que no quedaban tantos espacios, escogimos los lugares de adelante para salir más fácil, hablamos, nos reímos, se apagó la luz y comenzó la película. Una película interesante con un comienzo lento, tal vez si los dinosaurios hubieran aparecido desde el principio mi historia hubiera sido diferente, pero no fue así. En menos de media hora yo ya estaba dormido.

No me entere de nada por el resto de la película y por varias horas más, hasta que abrí los ojos y estaba tirado en el piso, entre las butacas. Todo estaba obscuro, no veía, ni entendía, nada. Tuve que esperar un rato sentado en la alfombra analizando lo que me estaba pasando, no se escuchaba un solo ruido, todo era silencio, parecía un sueño, pero no lo era. Cuando mis pupilas se acostumbraron a la obscuridad y pude distinguir los bultos de las filas de butacas y los escalones, camine hasta la puerta, estaba cerrada, fui a la salida de emergencia, y también estaba cerrada. Me senté en las escaleras intentando pensar qué hacer, pero no había mucho que pudiera hacer, tendría que esperar hasta el siguiente día a que me abrieran. Sabía que los domingos las matines comenzaban a las once, así que no tendría que esperar tanto, y me volví a dormir.

Al siguiente día me desperté, vi mi reloj y eran las nueve y media, el silencio y la obscuridad de la sala parecían absolutos, era una sensación extraña estar en esa cueva dónde luego proyectarían películas, pensé eso y mil cosas más hasta que de pronto escuche un ruido lejano, como si alguien abriera la puerta principal de los cines, grite fuertemente y comencé a pegarle a la puerta. Luego de unos minutos de estar haciendo eso, se escuchó que alguien se acercó. –Quién está ahí, y por qué esta ahí.- Soy Omar, un cliente. Anoche vine a la función de las diez y me quede dormido, ábranme por favor-. –Pero como que se quedó a dormir aquí, eso no se debe hacer, que quiere, está usted armado.- -No claro que no, le juro que vine al cine con mi vecina y me quede dormido.- en ese momento pensé en Laura, que oso, que había hecho; pero porque no me había levantado, que le costaba. Mientras tanto del otro lado de la puerta el hombre hablaba, pero yo solo le entendí la última parte –….policía- -cómo dijo- le pregunte, hasta que escuche en una voz muy bajita y lejana, -ya regresó- pasaron otros diez minutos que para mí fueron eternos pues no podía creer que un idiota del otro lado de la sala no me abriera, hasta que mi coraje se desvaneció cuando me di cuenta que el idiota era yo por estar adentro,  y aún más por haber tenido esa carta de presentación ante ella. Me senté en las escaleras hasta que volví a escuchar unos gritos –Dónde está-. Corrí a la puerta en un movimiento súbito, y comencé a golpearla, en eso se escuchó que metieron la llave al cerrojo y abrieron la puerta. Un policía apuntándome con una pistola fue lo primero que vi, y atrás de él, un joven puberto de pelo rubio y piel blanca, escondido detrás del policía. Levante ambas manos, les dije que no era ningún ratero y comencé a explicar lo que había pasado. El joven decía que era imposible que no se dieran cuenta que había alguien dormido, pero yo sabía que al haber despertado en el suelo, tal vez nadie me había visto, aunque sabía que Laura lo había hecho. El policía me reviso con su mirada  de arriba abajo un par de veces, por dentro agradecí haberme puesto ropa decente, me interrogó que dónde vivía, y me dejaron salir. Cuando salí ya había gente formada en la taquilla, yo venía saliendo con el almohadazo en la cabeza, y con un policía detrás de mí no sé lo que la gente pensaba, pero creo que era menos ridículo de lo que realmente había pasado.

La luz del sol ya brillaba y luego de toda esa obscuridad que pasé, los ojos se me encandilaron.  Al ir caminando noté que había unos cuantos charcos, como si hubiera llovido. Cuando estaba por entrar a mi casa, miré la casa de Laura y no pude resistir ir a reclamarle porque no me había despertado. Timbre y salió ella todavía en fachas, me dijo que si la esperaba que estaba terminando de recoger la mesa, que ya salía para platicar conmigo. Le dije que la esperaba en la zona de los  columpios en el parque. Luego de unos minutos y mientras yo bostezaba llegó ella con su sonrisa y su frescura. –Ya terminaste de descansar -. Pensé que se estaba burlando y le conteste fuertemente: -Por qué me dejaste ahí tirado- su expresión fue de no entender de que le estaba hablando. Le dije que había dormido en el cine y comenzó a reírse como loca. Yo no entendía nada. Luego me explico que ella tampoco había terminado de ver la película porque comenzó a llover  y había dejado a su perrita afuera, y al ver que yo estaba completamente dormido me dijo que nos fuéramos.  Yo todavía sentado en la butaca, medio adormilado le dije que se adelantará que ya la alcanzaba, ella me dijo que no, pero que yo estaba en plan de costal de papas. Ella me dijo en voz baja pues la película seguía su curso, -no te vayas a quedar dormido vecino- pero supuso que al terminar la película con las luces me levantaría o que si no cuando limpiaran la sala alguien me iba a despertar. Pero no pasó así, le explique mi aventura encerrado en la sala de cine, ella se doblaba de la risa, se puso roja como un jitomate, por momentos parecía no tener aire para respirar, yo solamente sonreía ligeramente mientras pensaba: -pinche huevon, que pendejo estás-.

Al final luego de que secó sus lágrimas de tanto reír, me dio un beso en la mejilla y un fuerte abrazo cálido que hizo que por fin mi cara volviera a sonreír normalmente y me dijo –Ay Omar, eres más gracioso de lo que imagine-. Me limpie las lagañas y volvimos caminando; justo cuando íbamos llegando a su casa, se asomó mi mamá de nuestra casa. –dónde andas-. Me despedí de Laura con una mirada y me fui a la casa donde mi mamá esperaba una explicación por no llegar a dormir,  le dije lo que me había pasado, pero ella no me creyó, - me crees nueva, ni que no supiera que a tu edad las hormonas andan como puercos en charco, que clase de mujer es ella que en un día ya te lleva a dormir a su cama-. –No mamá, eso no es cierto, de verás que soy mucho más pendejo de lo que crees, me quede dormido como un perro en el cine, ella hasta hoy me dio un abrazo luego de que le conté, si vieras como se reía mamá.-

Mi mamá nunca me creyó, ni mucha gente a la que luego le platique, pero lo bueno fue que Laura si lo hizo.

 

 

SR. 30/6/2021. Aguascalientes, Ags.

 

 

1.       Torta de albañil, llamada así por ser la comida predilecta de los albañiles al ser la opción más barata en Aguascalientes de hacer una comida completa en una simple torta. Torta de resistol, también llamada de esta forma por tener como ingrediente principal la crema de bolsa que se vende en las tiendas de abarrotes. Ingredientes: Bolillo hidrocálido, bastedad de crema, una, dos o tres rebanadas de jamón, o de cuerito encurtido y un chile jalapeño en vinagre, entre más grande el chile, mejor, se dice popularmente. Suele ir acompañado de refresco principalmente Coca Cola.

FOMENTANDO LA LECTURA.

 

FOMENTANDO LA LECTURA.

La revolución, hoy más que nunca, está en los libros.

 

Al abuelo le gustaba leer, para luego compartir esos mundos, esos libros, al final, un poco de su vida. Yo lo conocí cuando era pequeño, y sí, me regaló un libro muy bonito, El Principito, recuerdo que una tarde salimos al jardín solo él y yo,  y juntos lo leímos en una especie de clase académica,  yo en ese entonces  estaba en esa etapa de preguntar todo, y él, en una etapa por la que todo viejo pasa, en que disfrutaba explicarme absolutamente todo lo que él sabía. Aún conservo el libro y la dedicatoria la llevo siempre conmigo, como una especie de filosofía para la vida: “Leer es vivir muchas vidas. Tu abuelo Raúl”. Así todos sus nietos deben de tener un libro que él les regaló, pero no a todos les gustaba leer,  recuerdo que a los más grandes les era motivo de burla el tener que pasar la tarde con el abuelo pues a la mayoría les parecía aburrido.

No paso mucho tiempo para que el abuelo cambiara de domicilio, se fuera a vivir al cielo, como poéticamente lo tomó mi mamá. Desde ese día lo imaginó  sentado en  una nube con forma de mecedora, un libro en la mano, y viéndonos acá abajo como personajes de una hermosa novela. Dicen que de joven  no leía mucho pues se la pasaba trabajando, pero que una vez que se jubiló se dedicó casi de lleno a la lectura.  Cada miércoles, desde que se jubiló hasta la noche en que murió siempre formó parte del “trueque del conocimiento”,  un círculo de amigos con los que se juntaba en el café de la Alameda con el fin de intercambiar libros, y discutir sobre ellos.

Con el paso de los años, la casa de los abuelos cambió mucho, sobre todo cuando vivía ahí la tía Jovita. Era ella quien ocupaba la mecedora y los libros, aunque por muchos años no se interesó en leer y por ende  los libros estuvieron ahí regados por la casa llenándose de polvo, hasta que alguien se fijaba y los limpiaba con algún trapito. El abuelo nunca tuvo su biblioteca, era más bien de la idea de dejar libros en distintas partes de la casa para que se le fueran apareciendo a quien por ahí pasará. Yo cuando tenía unos catorce años, me encontré con un libro de tapa verde que llevaba por nombre La Novela de Violeta, estaba en el mueble del baño, junto con otros tres libros, pero por alguna extraña razón me llamó la atención ese libro en especial, lo leí  en un suspiro, que duró dos tardes, nadie se dio cuenta que lo había abierto,  pero a mí se me habían abierto los ojos ante un mundo del que no tenía conocimiento alguno, el placer. Lo curioso fue que cuando iba a la mitad del libro en aquella primera tarde, tuve que interrumpir la lectura,  cuando comencé a buscar algún separador en las mismas páginas del libro,  me encontré un billete de doscientos pesos, bien planchadito, se veía que tenía años ahí adentro, de inmediato supuse que había sido del abuelo. Lo use como separador, escondí el libro debajo  de los otros y al siguiente día lo termine. Una vez concluido el libro pensé en decirle a mi tía del billete, pero una voz interna, a la que yo llamé, abuelito Raúl, me dijo que me lo quedara.  Con ese dinero me compre un libro que me costó cuarenta pesos, una camiseta de los Pumas y el resto lo gasté en tres helados grandes de la nevería que acababan de abrir frente a la casa, uno de ellos fue para mi tía Jovita.

Cada que visitaba a mi tía en la casa de los abuelos, siempre andaba en búsqueda de libros y en muchos de ellos comencé a encontrar billetes, planchaditos, impecables, listos para usarse como un cheque al portador, algunas veces solo eran veintes, a veces uno de cincuenta, de cien, o en los libros más complicados solía estar el de doscientos. Yo me quedaba con el dinero pero a cambio le hice una promesa al abuelo: la única forma en que me puedo llevar el billete es si termino el libro, si no lo hago, el dinero lo dejo pues no era para mí.  El abuelo era muy inteligente y buscaba que todos sus nietos lo fueran, sabía que la lectura siempre representa aprendizaje, pero en ese entonces, en la familia solo leía yo. Me gustaba pensar que al menos el abuelo con esos pequeños detalles había logrado fomentar la lectura en mí.

Unos años después  cuando ya era un adolescente un día por azares del destino le platique a mi tía sobre Aura, uno de los libros del abuelo  que acababa de leer, ella se interesó y lo leyó. A partir de ahí, comenzó a leer, y a leer los libros que se fue encontrando en su camino. La lectura por las tardes sentada en la antigua mecedora del abuelo se había convertido en su nueva costumbre, y desde que eso sucedió, yo comencé a visitar la casa con mucha más frecuencia, nos tomábamos un café, fumábamos un cigarro, platicábamos o simplemente nos perdíamos un par de horas en la lectura. Pasaron los años y dicha costumbre se convirtió en “los miércoles de lecturita con la tía Jovita”. 

Un día me dijo que acababa de leer Rayuela, y en voz muy bajita, me confesó que se había encontrado un billete de doscientos pesos,  luego me dijo que parecía como si alguien lo hubiera usado como separador, y que ella creía que era una recompensa que había dejado el abuelo para el afortunado que leyera ese libro. Al principio me hice el sorprendido e incluso afirme que podía ser una estrategia del abuelo para fomentar la lectura en nosotros, pero luego de unos minutos tuve que confesarle que yo nunca había terminado ese libro  y  que en  más de algún otro me había encontrado con billetes de distintas denominaciones, y con algo de pena admití que me había gastado ese dinero, pero que en gran parte  lo había destinado para comprar más libros que yo mismo me había encargado de leer para luego hacerlos parte de  la colección de libros que ahora se esconden en la casa para que algún día, alguien los descubra. Mi tía me dijo que había hecho lo correcto, pues era yo más que nadie en la familia quien merecía esa herencia que nos había dejado el abuelo, y me pidió de favor que la siguiera visitando en nuestras tardes de lectura y que nunca dejara de llevar libros a esa casa. 

Hoy en día en la casa del abuelo hay mucho más libros, los cuales ya no están regados por la casa, descansan en un cuarto que mi tía Jovita y yo , decidimos usar como biblioteca,  y la vieja mecedora donde leía mi abuelo y mi tía, ahora es mía. Hace un par de años que la tía Jovita cambió de domicilio, se fue a vivir con el abuelo. Pero yo todos los miércoles a través de ese vínculo mágico de la literatura, les hago aparecer para que podamos conversar sobre nuestras múltiples vidas.

 

 

 

David Herrera el González

1/7/2021.

 


EL NACIMIENTO DE UN ASESINO.

 

EL NACIMIENTO DE UN ASESINO.

René, médico con especialidad en pediatra, tenía unos cuantos años de experiencia, pero a pesar que apenas estaba en sus treintas, ya había traído a este mundo a más de un centenar de niños. Trabajaba en el Seguro Social en la ciudad de México por lo que pacientes nunca le habían faltado.

Un  viernes 2 de Julio de 1979, noche lluviosa, René recibió a un niño que terminaría por marcar su destino fatal. Un expediente pediátrico único, que luego se volvería uno de esos casos que estudia la ciencia, de los que aparecen en los libros de medicina como la excepción a la regla, el grado de error o de anomalía. Esa noche había llegado a las nueve y media  para cubrir su turno, el trayecto había sido lento y estresante pues había mucho tráfico por la tormenta que estaba cayendo. Entró reviso el itinerario, el cual era bastante anormal, pues esa noche solo tenía un parto programado, pero por otro lado, la consulta de pacientes y las citas externas lo tenían bastante saturado.


A las diez de la noche comenzó su turno con el parto programado, donde según lo que decía el itinerario, ya  lo esperaban la familia Manriquez, la señora Sofía quien venía acompañada de su esposo Joaquín. Dicho itinerario contaba con una nota donde se especificaba que la paciente era sietemesina y contaba con un sangrado riesgoso. René por un momento dudo si era conveniente realizar el parto con esas condiciones, pero al revisar los expedientes de los estudios realizados por el ginecólogo, confirmó que lo mejor era hacerlo de urgencia.

Entró al cuarto donde lo esperaba  la paciente, el cual  estaba completamente obscuro, cuando estaba por presentarse y por prender la luz, súbitamente el cuarto se ilumino a causa de un relámpago, lo primero que el doctor alcanzó a ver fue el rostro grande y deforme de Joaquín, quien con toda seriedad se le quedó viendo directamente. La mirada era tan pesada, que al doctor le costó bajarla para leer el nombre en su lista. –¿La señora Sofía Manriquez?-  preguntó. –Aquí esta- respondió con voz seca el esposo Joaquín. A René no le cayó bien que el que contestará fuera él y no ella, pero cuando estaba por preguntar si ella no podía responder llegó el trueno que estremeció  el edificio haciendo vibrar las ventanas. –Ella es muda-  se escuchó en la obscuridad. –Voy a prender la luz- dijo René. – ¡No! No la prenda, puede lastimarle los ojos a mi mujer- -disculpe usted señor pero yo tengo que prender la luz pues la tengo que llevarla al quirófano.- en eso se escuchó un quejido muy raro, era la señora. –Bueno señor  si no puedo prender la luz, mejor ayúdeme a sacar la camilla para llevarla al quirófano. –puede llamarme Joaquín, yo voy a entrar al parto con mi mujer- mientras empujaban la camilla el cuarto se volvió a iluminar a causa de otro relámpago que permitió que Rene notará que las señora llevaba una toalla cubriéndole el rostro, hizo el intento de moverla un poco para ver su estado, pero Joaquín en tono enojado le dijo que por favor no volviera a intentar eso.  René se sentía muy incómodo  pero él sabía que tenía que hacer su trabajo. Mientras caminaban  por los pasillos notó el uniforme de policía que llevaba puesto Joaquín. Llegaron al quirófano, se cambiaron y se pusieron la ropa adecuada para la operación.

Hasta ese día José estaba feliz de haber escogido Pediatría como su especialidad pues si algo le gustaba de su profesión era el ser partícipe del milagro de la vida, traer niños a este mundo era algo que le llenaba, incluso le gustaba pensar que alguno de esos bebés a los que les daba la bienvenida a este mundo, en algún punto  de la historia serían alguien muy importante, algún deportista famoso, campeón del mundo, astronauta, científico, entre muchas otras historias que él hacía en su cabeza.  Esa noche, la lluvia, los relámpagos, los truenos, pero sobre todo la presencia de Joaquín y el hecho de no poderle ver la cara a Sofía crearon una atmosfera que a René le hicieron dudar de su profesión.  Mientras se lavaba las manos se acercó el anestesiólogo y le dijo que ya estaba lista, el ginecólogo la reviso y  dijo que la pasaran el  expediente para revisarlo.  René también lo leyó en silencio, pero su cara de asombro provocó que Joaquín lo cuestionara si había algún problema. –Es una operación de alto riesgo- respondió él, -pero no se preocupe Joaquín vamos a ser muy cuidadosos y vamos a hacer todo lo posible por que todo salga bien-. 

Así empezó la operación. Joaquín siempre estuvo observando y por momentos haciendo preguntas incomodas,  y fuera de lugar. René en un momento optó por no tomarlo en cuenta y concentrarse con los otros doctores en la salud de la paciente, quien en un punto comenzó a desangrarse. Las enfermeras lograron frenar el sangrado y entre todo eso, sacaron del interior de Sofía un bebé que para nada parecía un ser vivo, sino más bien un pedazo de carne cruda. Lo envolvieron y de inmediato decidieron llevarlo a  una incubadora pues para sorpresa de todos, sus signos vitales se mostraban normales.

En el momento del nacimiento Joaquín pidió que le enseñaran al bebé antes de llevarlo a la incubadora, René le dijo que no era posible que lo tenían que llevar de inmediato, pero él no era de las personas que aceptaban un no por respuesta, así que le arrebató a la enfermera lo que parecía un pedazo de carne, y lo miró unos diez segundos antes de devolvérselo. En cuanto se lo llevaron comenzó a despotricar como loco, -Te voy a matar Sofía- grito furioso. – Cómo te atreves a darme un pedazo de bistec por hijo- mientras gritaba Sofía dejó de respirar, a empujones, entre los doctores, lograron sacar a Joaquín del quirófano, quien desde afuera golpeaba la puerta. Hicieron un último intento por revivirla pero fue infructuoso. Al quitarle la toalla que la cubría, se encontraron con una cara completamente golpeada y  deforme. Luego de un par de semanas de estar muy delicado, el bebé termino de formarse en la incubadora y logró ser un niño normal con algunos problemas en su desarrollo, pero nada grave luego de la forma en que había nacido.

Ese dos de julio luego de que murió Sofía, René salió  a darle la noticia a Joaquín, quien se puso más loco de lo que ya estaba, lloraba, gritaba, y le pegaba a todo lo que encontraba a su paso. Rene lo dejó solo y fue a revisar al bebé, cuando lograron estabilizarlo René decidió salir a fumarse un cigarro luego de todo el estrés por el que había pasado en ese parto. Una vez que estaba fumando en el estacionamiento del hospital, Joaquín salió a su encuentro. René le ofreció un cigarro intentado calmarlo.

Fue esa noche  en el estacionamiento  del hospital que Joaquín mató por primera vez a un ser humano. El Doctor René ante el nacimiento de un asesino, nunca pudo concluir su turno. En ese momento Joaquín desapareció y se dice que comenzó a delinquir por la ciudad de México. El bebé se quedó un par de años en el hospital para que la ciencia analizará su caso, y luego fue llevado a un orfanato donde estaría la mayor parte de su vida hasta antes de ser transferido a un hospital mental.

 

SR. David Herrera el Gonzalez. 2 Julio 2021.

LA CHACHALACA.

 

LA CHACHALACA.

A Rulfo.

Desde que ocurrió lo que José llamaba el accidente, se escuchó el graznido de un ave, quien fue la única testigo de lo que había pasado.  José aún no entendía que lo había hecho reaccionar de esa manera, lo habían hecho enojar, pero el normalmente no explotaba así, y mucho menos en contra de alguien superior a él. Después de lo ocurrido, con el cuerpo ensangrentado tirado debajo de un árbol, decidió meterse al bordo de agua con todo y ropa para limpiarse la sangre, al ver que la mancha que había dejado el coagulo en la camiseta no se quitaba, resolvió simplemente dejar que la corriente del río se la llevara. Luego del baño con agua helada en el río y salir sin camiseta, su cuerpo, su mente y su alma, por fin se enfriaron un poco.  Regresó a la escena del crimen y al encontrarse con el difunto, simplemente se tomó la cabeza con ambas manos y comenzó a llorar, rápidamente reaccionó. No era momento de llorar, tenía que actuar y hacerlo de manera rápida e inteligente, no quería pasar el resto de sus días encerrado por lo que tomó el pequeño cuerpo de su amo, que al cargarlo sintió como si llevará un chivo muerto, pues su cabeza lánguida colgaba, pero el peso de cargar ese cuerpo, era más que nada el de la culpa, y eso lo hacía  muy pesado. Pensó en enterrarlo, descuartizarlo, o simplemente esperar a que llegaran los zopilotes a comerse el cuerpo. Estaba en medio de la naturaleza donde podían pasar días sin que nadie se apareciera, pero si no volvía rápido todos comenzarían a sospechar cosas malas,  pues esa era una vieja costumbre de los  que administraban el campo. Y sobre todo al ser dos los desaparecidos, José y el ánima que llevaba cargada en sus brazos. José nunca sabrá por qué tenía tanta prisa, tanto como para hacer lo que había hecho, como para deshacerse de la evidencia, pero así fue, parecía como si la culpa le quemara las manos, como si fuera cargando  brasas de carbón.  De tanto darle vueltas dentro de su cabeza: enterrarlo, descuartizarlo o esperar a los buitres, llegó un momento de desesperación sucedido inmediatamente por el chillido de un ave negra que a lo lejos parecía venir volando en círculos. Voló directamente hacia los dos cuerpos, era un zopilote que volaba solitario lejos de su parvada, y que venía a ver con que se iba a encontrar. José aventó al cuerpo que como un costal de arena, cayó al suelo, la lánguida cabeza rebotó un par de veces antes de quedarse quieta, junto al cuerpo oblicuo y sin forma. El zopilote lo sorprendió pues  no atacó el cuerpo, sino que comenzó a picotear a José, quien asustado salió corriendo en dirección al río con el ave revoloteándole alrededor; en uno de sus movimientos por escapar, volvió a pasar frente al cuerpo que como muñeco de trapo yacía sobre la tierra. En un solo movimiento se agachó, levanto el cuerpo como si fuera un bebé y lo apretó contra su pecho, para seguir corriendo. No se dio cuenta que el zopilote lo dejo de seguir, y como ya iba encarrerado pegó un brinco directo al río, que en un instante lo hizo desaparecer de la escena. José llevaba el cuerpo bien pegado al suyo, y aunque la caída había sido estrepitosa y había tragado mucha agua, José era muy buen nadador por lo que en cuanto pudo se estabilizo usando el cuerpo como una especie de tabla para ayudarse a mantener la cabeza afuera del agua y con ello estabilizar la respiración.  José conocía bien el río, pues de niño nadaba ahí con sus primos cuando la corriente no era fuerte, ese día era la vez que a José le había tocado navegarlo con la corriente más pesada, los golpes con las ramas le habían abierto el pecho que sangraba al mismo tiempo que el agua le limpiaba la sangre.  José ya estaba cansado de tanta sangre que había visto en las últimas horas. Luego de estabilizarse, José se dio cuenta que había logrado escapar del ave negra, pero en un momento recapacitó sobre el hecho de haberse llevado el cuerpo con él. Tomando con una mano el cuerpo y nadando con la otra logró agarrarse de un tronco grande que encontró a la orilla del río. Salió exhausto, se tiró al piso  justo debajo de un árbol, aventó el cuerpo y  se recostó con la esperanza de secarse para no tener frío. La noche amenazaba con llegar, José  con la poca fuerza que le quedaba, se fue a recargar en el tronco del árbol, sentado sobre una piedra para evitar que algún insecto le fuera a picar. Así en una especie de desvanecimiento, se quedó dormido escuchando el cauce del río.  Pasaron varias horas, hasta que ya cuando estaba obscuro, el chillar de un ave lo despertó, al principio pensó que era el zopilote, pero luego de escucharlo cantar en lo alto del árbol se dio cuenta que no lo era, era un ave pequeña que por la noche logró reconocerla. Se dio cuenta que en un punto el ave voló hasta el difunto, dio un par de brinquitos sobre su espalda, tomo vuelo y le dio un picotazo en el rostro. José se exalto a tal grado que sacó energía para levantarse y espantar al pájaro.  Era de noche, fue hasta donde yacía el cuerpo, lo intento cargar, pero se le derritió en las manos. Al final lo tuvo que arrastrar para que no se lo fuera a llevar la corriente en caso de que el río creciera en la noche, y también para estar más al pendiente de que no se lo fueran a comer los zopilotes o algún otro animal. Una vez que lo alejo de la orilla se volvió a su piedra y se recargo sobre el árbol, antes de quedarse dormido escuchó un nuevo chillido de un ave desde lo alto del árbol, pero no se parecía al chillido que antes lo había despertado, esta vez era una lechuza blanca que en lo alto parecía quedársele viendo. A José no le gustó nada la forma en que lo miraba e intento mover el brazo para espantarla, pero no logró nada con eso, por lo que mejor cerró sus ojos y sin sentirlo se volvió a quedar dormido.

A la mañana  siguiente, el campo se despertó con una fresca neblina, que confundió por completo a José, quien por un segundo alcanzo a pensar que estaba en el inframundo, pero de inmediato el sonido de un ave termino por sacarlo de su cabeza y despertarlo por completo.  Se levantó de la húmeda tierra y comenzó a caminar moviendo sus manos, intentando mover la neblina que serenamente se postraba frente a él. Caminó hasta donde había dejado el cuerpo y cuando iba llegando vio a varios pájaros salir volando; entre la neblina diviso algo blanco que voló y  que no supo si era la lechuza que había visto la noche anterior, siguió moviendo sus manos  y al estar frente al cuerpo notó que había una chachalaca, al principio pensó que era una paloma, pero al verla bien notó su tamaño y los colores de sus plumas, el ave estaba sobre el rostro del difunto dándole picotazos. Al notar la presencia de un ser humano la chachalaca solamente lo volteó a ver para luego seguir dando fuertes picotazos, José pensó en espantarla pero no lo hizo, simplemente se dio la vuelta y tomo asiento a tan solo unos metros de distancia. Sentado ahí pensó que lo mejor era volver a esa idea de dejar que los animales desaparecieran el cuerpo, e incluso comenzó a planear el discurso con el que iba a volver a la hacienda. Luego de un par de minutos la neblina comenzó a avanzar para darle lugar a un pequeño, pero intenso, rayo de luz. Cuando José regreso su mirada al cuerpo, el ave seguía buscando comida, pero ahora en su pecho, y alrededor ya estaban un par de aves más revoloteando.

José había tomado ya la decisión de dejarlo ahí, pero un impulso le hizo regresar al cuerpo para espantar las aves, como dejándolo descansar un momento de ser devorado, o como otorgándole un poco de respeto, una despedida digna, las aves luego de unos segundos ya estaban devorando otra vez el cuerpo,  José volvió a espantarlas y las aves salieron volando al sentir su presencia, pero la chachalaca, se quedó ahí mirando. José enojado al ver que no volaba se acercó más y le tiro un manotazo al aire, la chachalaca respondió volando hacia él, como atacándolo, como dándole a entender que ese cuerpo y esa alma, ahora  le pertenecían.  José ofuscado, salió corriendo y termino por dejar el cuerpo, así comenzó su andar de regreso, él conocía muy bien la zona y sabía que solo había que ir bordeando el río para volver, pero por lo aturdido que andaba y la gran cantidad de vegetación que había gracias a las lluvias, realmente no distinguía que tan lejos estaba de la hacienda, el trayecto que había hecho dentro del río pudo haberlo llevado casi hasta el siguiente pueblo, o dejarlo a la mitad. Así con esa incertidumbre comenzó a avanzar, conforme fue subiendo, la neblina desapareció por completo, las aves cantaban a su paso, mientras él en su mente las invitaba a volar hasta el cuerpo para que desintegraran lo que quedaba de evidencia. Caminó toda la mañana, hasta que en un punto se detuvo al ver un árbol lleno de higos, se comió unos diez en unos cuantos minutos, en ese momento dejó de lado su angustia y se dio cuenta de lo hambriento que estaba, luego se encontró una penca de un maguey y de ella bebió un poco de aguamiel. Una vez que recupero su esencia, José fue al río para lavarse las manos y la cara, llevaba puesto su pantalón y nada más, por lo que decidió quitárselo y meterse desnudo para limpiar su espíritu. Mientras se enjuagaba notó que un poco más lejos estaba una piedra grande donde  había tres aves, pensó si para ese entonces ya el cuerpo estaría irreconocible, se movió un poco para alcanzar a ver que hacían esas aves sobre la piedra, cuando vio que entre las tres estaba la chachalaca, juntas desgarraban un pedazo de tela, que luego reconocería que era su camisa ensangrentada. Sintió como un escalofrío le avanzo lentamente por la columna vertebral, por lo que decidió salirse del río, ponerse su pantalón y apresurar el paso para regresar cuanto antes.  Ese día no llovió, por el contrario salió un sol que calentó el ambiente y le quitó el frío a José, quien un poco más resignado, caminó por largas horas bebiendo agua del mismo río cada que le daba sed. Luego de varias horas andando y  al ver que la noche estaba por caer pensó que debía de estar muy cerca de la hacienda,  y que lo mejor sería buscar un lugar para pasar la noche y descansar un poco, y que al siguiente día antes del amanecer podría comenzar a caminar con la firme intención de llegar antes de que su amo se despertara, para con ello tener tiempo para cambiarse y presentarse ante él a primera hora.

José esa noche termino de afinar los detalles sobre la historia que iba a contar, y se convenció  que desde ese día para él eso sería la verdad. La historia debía ser simple, nada rebuscada: la corriente del río en uno de los codos se había desbordado súbitamente mientras bebían agua, el caballo, del cual no se había puesto a pensar hasta ese momento, había salido corriendo asustado para un lado y él había salido detrás de él, cuando se dio cuenta la corriente se estaba llevando a Macario, y él en su intento por salvarlo se había aventado al río. La corriente era muy fuerte y luego de unos minutos perdió de vista el cuerpo, lucho por su vida varias horas hasta que logró tomarse de un tronco y salir del río. Esa noche siguió caminando al borde del río gritando por horas el nombre de Macario, y lo único que había visto habían sido luciérnagas y una lechuza blanca, no iba a mencionar nada de aves pues no quería que su cara o sus sentimientos lo delatarán. Sabía que tenía que ser fuerte y convencerse a sí mismo primero, para luego hacerlo de manera natural con los demás, por lo que comenzó a repasar la historia. Pensando en eso el cansancio lo venció y se quedó dormido. Durante la noche le pareció escuchar el graznido de un ave varias veces y a distintas horas, pero no le quiso dar ya, ninguna importancia. Al día siguiente lo despertó el rocío de la mañana sobre su desnudo pecho, acompañado de un fino velo blanco provocado por la neblina, mucho menor a la del día anterior, tenía frío, pero no podía perder mucho tiempo si quería llegar antes de que todos se despertaran en la hacienda. Caminó menos de una hora al lado del río hasta que se desvió por la colina, desde ahí diviso la cúpula de la capilla, se persigno, le pidió perdón a Dios, y juró nunca volver a pensar lo que había pasado. Seguro de sí mismo continuó su camino, mientras la casi imperceptible neblina  lo acompañó hasta que llegó a su cuarto. Entró sin hacer ruido, se puso un pantalón limpio y aventó el que traía puesto  sobre el petate, tomó una camisa blanca de manta, y un sombrero grande, él cual no se pondría en la cabeza, sino que llevaría en sus manos hasta desvanecerse. Salió rumbo a la casa grande donde vivía el dueño de la hacienda, en eso  escuchó a lo lejos el relinchido del caballo de Macario, lo cual hacía suponer que  había regresado luego del accidente. Cuando llegó, lo recibió Jacinta la cocinera quien luego de saludarlo,  le dijo que el amo estaba en las caballerizas, que llevaban dos días buscándolos. José no le dio explicaciones a ella, mejor apresuró el paso y se fue hasta el tejaban donde guardaban los animales. Ahí se encontró con su amo, Don Javier, con la voz entrecortada, comenzó a explicarle todo. Don Javier se soltó en llanto al enterarse que su hijo estaba desaparecido, pero no perdió la esperanza de que tal vez estaba vivo. Le indicó a José que había que salir de nueva cuenta a buscarlo. José le dijo que era imposible que siguiera con vida, que lo mejor era dejar que su alma anduviera tranquila y recordarlo como un gran muchacho. Don Javier, papá del difunto como era de esperarse estaba  destrozado en llanto, en varias ocasiones como queriendo darse ánimos repitió que Macario estaba destinada a ser el sucesor de la hacienda, y que no iba a rendirse hasta encontrarlo. Cuando por fin parecía  resignado de que ya no había nada que hacer de pronto  se escuchó el graznido de un zopilote que pasó por encima de ellos  para  luego postrarse en lo más alto de la cúpula. Don Javier intuyó que el zopilote le quería dar un mensaje, y sin decir una palabra se fue caminando hasta la capilla. José llorando y tembloroso, camino detrás de él.  Justo cuando estaban por entrar a la capilla se apareció la  chachalaca que antes había estado picoteando el cuerpo de Macario, con un pequeño pedazo de tela ensangrentada colgando de su pico en forma de gancho, se postro en un árbol, los miro fijamente y dejó caer el pedazo de tela sobre el suelo para luego emitir fuertemente un graznido que retumbaría en lo más hondo de la consciencia intranquila de José. Don Javier corrió a recoger lo que había tirado, mientras que la Chachalaca y José permanecieron mirándose fijamente. José sintió de nueva cuenta el escalofrío recorrerle la espalda, y se desvaneció sobre la tierra. Don Javier ya con el pedacito de tela  en sus manos corrió hacia José y comenzó a gritar para que sus trabajadores vinieran a ayudarle.

 

SR. David Herrera el González. Julio 2021

 

 

 

 

 

 

UNA CHARLA CON PEÑA NIETO.

 

UNA CHARLA CON PEÑA NIETO.

 

Nunca imaginé que un día iba a tener frente a frente al  presidente, y mucho menos que iba a tener la oportunidad de interrogarlo, pero ese año tuve la suerte de salir campeón mundial, así que nos invitaron a los Pinos a presentar la medalla de oro junto con todo mi equipo. Cuando me enteré no me interesó mucho la invitación, hasta dije que para que había que llevarle la medalla a Peña Nieto, ni que la fuera a bendecir, ni que fuera el Papá, pero la ilusión de ir con el presidente de todo mi equipo termino contagiándome las ganas de por un día sentirme diplomático mexicano y andar por los Pinos caminando de arriba para abajo, con todas las formalidades que eso implicaba.

Justo cuando regresábamos a México luego de las competencias, del aeropuerto nos llevaron a un hotel bastante lujoso, donde en las habitaciones ya nos esperaba el traje con el que habríamos de presentarnos al día siguiente.  La cita era temprano por lo que  varios del equipo se levantaron para aprovechar el desayuno continental que daba el hotel pero a mí me dio flojera despertarme y más porque supuse que el desayuno presidencial debería de ser bueno. A las ocho y media llegó la camioneta que nos llevaría hasta los Pinos, fue un trayecto de unos veinte minutos;  cuando llegamos nos recibió Ilse, una chica educada, bella y formal, quien se presentó y nos dijo que ella iba a estar con nosotros durante toda la visita que cualquier cosa, estaba para ayudarnos. Luego nos dijo que la acompañáramos, mientras caminábamos por un largo pasillo nos iba diciendo que el presidente estaba muy feliz de recibirnos, -sobre todo a usted- dijo mirándome con una sonrisa, la cual le devolví de inmediato. Caminamos hasta un salón grande donde había unas mesas listas, Ilse quien escuchaba a través de su auricular, nos comentó que el presidente estaba por bajar que por favor fuéramos pasando, que en unos momentos nos indicarían donde sentarnos.

Una vez que estábamos adentro, Ilse, mientras revisaba en su folder, nos fue indicando como había que sentarnos, era una mesa redonda y para mi sorpresa el presidente tenía su silla en la misma mesa que todos nosotros. Yo me quedé con mi entrenador hablando de los detalles en oro que había en el salón, cuando de pronto escuche que alguien avisó que ya había llegado. Era el presidente Enrique Peña Nieto, quien se acercó y nos fue saludando a todos de uno  por uno, cuando llegó conmigo, me extendió la mano y me dijo –es un honor que nos visiten, pónganse cómodos, están en su casa-  la verdad que fue un gesto  que nunca me hubiera esperado de él, y que realmente me cayó en gracia. Conforme nos fuimos sentando, de inmediato comenzaron a llegar los meseros, quienes de inmediato comenzaron a servir. Café, jugo de naranja y posteriormente un plato pequeño con fruta de temporada. Mientras esperábamos a que llegaran los platos para todos en la mesa, el señor presidente en tono de broma nos dijo que fuéramos comiendo, que se nos iba a enfriar. La verdad que me sorprendió mucho su manera de recibirnos, bastante agradable. Luego de eso llegó el plato fuerte, el cual estaba delicioso, huevito, frijoles y unos chilaquiles verdes que me supieron deliciosos. Cuando ofrecieron si alguien quería algo más yo fui el único que levanto el plato, pues el resto había ya comido algo en el hotel, por lo que me sentí un poco incómodo al ver que todos se me quedaron viendo, pero cuando mis ojos se encontraron con los del presidente, él me veía con una sonrisa, y dijo -claro el campeón tiene que estar bien alimentado, tráiganle otro plato por favor.- Todos nos reímos, a mi me seguía sorprendiendo la forma en que nos estaba tratando y también la forma en que hablaba con sus empleados, bastante respetuosa y amigable. Al final fui el último en terminar, el señor presidente en un punto se levantó y dijo que tenía que atender una llamada pero que no tardaba para invitarnos a salir al patio a tomarnos la foto oficial.  Cuando pasaba detrás de mí, me dio una palmadita en la espalda y me dijo que le daba mucho gusto ver que había disfrutado el desayuno. Cuando termine de comer, le di las gracias a uno de los meseros y le dije que me felicitará al chef. Mientras daba una vuelta por el salón, de pronto se me acercó Ilse, me dijo que me invitaba a pasar al jardín, mientras caminábamos le dije que me había sorprendido la amabilidad del señor presidente, a lo que me dijo que así era él, que mucha gente lo tenía en un mal concepto pero que en su persona era alguien de trato muy fino. No sé por qué extraña razón, en ese momento me dieron ganas de hablar con él, así que le pregunte a ella si había la posibilidad de hablar a solas con él, a lo que ella me respondió que le iba a preguntar pues no sabía si tenía tiempo en su agenda, pero que en un momento me confirmaba. Yo salí al majestuoso jardín de los Pinos con sus escaleras que parecían un palacio francés,  ahí conversé con mi entrenador, le dije que la verdad nunca me hubiera esperado que Peña Nieto  fuera tan accesible y que había pedido que me dejarán charlar con él aunque fuera cinco minutos. Mi entrenador se río diciendo, -no que no te caía, ahora hasta amigos van a salir-. Le dije que desde que vi que en su campaña no había podido responder a tres libros que lo habían marcado, le había perdido el respeto, y como presidente, aunque no estaba muy enterado de temas políticos, tampoco me parecía que estuviera haciendo lo correcto, pero que realmente en su persona me había caído muy bien. Cuando  volvió el señor Presidente, comenzaron con los preparativos para la foto, justo antes de que nos llamaran para tomar la foto, la señorita Ilse se acercó y me dijo que el señor presidente me esperaría después de la foto para pasar a su oficina, que no tenía mucho tiempo pero que él estaba dispuesto a pasar una media hora más con nosotros, y que tal vez podría recortar un poco ese tiempo para hablar a solas conmigo.

Llegaron las medallas en un estuche, se las mostramos, nos pidió permiso para ponerse la medalla, me enalteció mucho por ser el campeón a nivel mundial, incluso uso palabras informales como que chido, les pregunto a los de mi equipo que si yo entrenaba o si era puro talento nato, e insinuó que tenía cara de  ser bastante vago, pero con muy buena fortuna,  que tenía buen ángel, dijo cuando estaba refiriéndose a esa jugada en la final donde la suerte estuvo de mi lado en un momento crítico de la competencia. Tal vez tenía razón, tenía buen ángel y mucha suerte, y mientras nos tomaban la foto  grupal, en mi cabeza le daba la razón al señor presidente pues justo en unos minutos iba a estar frente a él, cara a cara, él y yo, y yo estaba listo para interrogarlo. Por un momento me dieron ganas de reclamarle por no saber contestar a tres libros, decirle que si quieres dirigir  a tu país tienes que haber leído  y leído mucho, pensé en comenzar con eso, pero no sabía si debía arrancar de esa manera, tal vez empezaría rompiendo el hielo hablando del mundial un poco, de  viajes, y luego intentaría reclamarle sobre eso.

Cuando terminamos la foto, él se acercó, dijo mi nombre en diminutivo,  y me dijo si quieres pasamos a mi oficina. Se despidió de los muchachos de uno por uno,  y luego dándome un abrazo mientras caminábamos, como lo hace uno con sus amigos de la escuela, me dijo que era un chingón, que le había dado mucho gusto ver cómo les había ganado a los gringos, que hasta se le había puesto la piel de gallina al escuchar el himno y ver la bandera en lo más alto. Finalmente  entramos a un salón bastante grande  donde el piso era una duela brillante que fácilmente se prestaba para una cancha de vóley o de básquet, cruzamos por ahí me dijo que tenía que pasar al baño, que si gustaba ir pasando a la oficina, que en un momento me alcanzaba. Pensé en ir al baño solo por el hecho de poder decir que había echado una firma al lado del presidente, pero no era necesario, justó antes de la foto había ido al  baño del jardín. 

Así que abrí la puerta de la oficina con un poco de incertidumbre por descubrir que había del otro lado, hasta dije en voz media, buenos días en caso de que hubiera alguien, pero no hubo respuesta  y lo que  me encontré fue con una grata sorpresa que de inmediato me hizo sentir feliz. Era  una hermosa oficina como las que se ven en las películas, la cual  tuve la fortuna de tener unos minutos para mi solo, para analizarla de arriba, abajo.  Había un escritorio grande con sillas acolchonadas en madera para los invitados, la silla presidencial que yo esperaba que fuera como un trono, no lo era,  era de esas sillas caras que ahora venden para las oficinas de color negra, acolchonada y giratoria.  Del lado derecho había un pequeño librero con libros clásicos y una colección de enciclopedia antigua en perfecto estado. Detrás del escritorio había un cajonero de madera cuyo barniz le daba un brillo especial y sobre el cuál se encontraban varias fotos, una del día de la toma de protesta con Peña Nieto portando la banda presidencial con los colores de la bandera al revés, otra dándole la  mano a Barack Obama, y una familiar donde salía él con la Gaviota y con todos los hijos de ambos aparentando ser una familia feliz; arriba estaba un cuadro con una pintura del lago de Texcoco,  en una de las esquinas  sobre un asta se encontraba  una bandera grande de México con el escudo en oro,  y en una de las esquinas del escritorio había una versión pequeña de esa misma bandera.  En eso estaba cuando entró el señor presidente, me pidió que tomará asiento y me pregunto qué le parecía su oficina, mientras me explicaba que esa no era su oficina principal en Los Pinos. Al momento de responder tuve oportunidad de analizar lo que había sobre su escritorio, una bandeja de plata esculpida con un águila, un vasito forrado en cuero que al principio pensé que era  para jugar albur pero que no tenía  los dados,  un portaplumas sin pluma,  un libro bastante grande justo frente a él donde se leía “Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos”, y en el costado derecho del escritorio, había un teléfono rojo antiguo que me hizo recordar a la vieja serie de Batman.

Viéndolo de frente, solamente separados por un escritorio le respondí que era una oficina muy elegante, y que tenía cosas de mucho valor histórico, le pregunté si ese teléfono funcionaba, a lo que me dijo que sí, le dije que si era el de las emergencias, y se rio diciendo que no, que era más bien un teléfono interno con el que se podía comunicar a otras partes de la casa presidencial, pero que de hecho no podía recibir llamadas externas en él.  Luego de unas risas cuando le dije que se parecía al teléfono de Batman, Enrique Peña Nieto comenzó con los elogios hacia mí por haber ganado la medalla, pero sobre todo por mi actitud para salir adelante, no solamente en la final,  sino en toda la competencia, -es que la presencia que tienes cuando estas en competencia fuera de México, ya la quisiéramos muchos políticos- dijo seriamente. Su actitud me seguía sorprendiendo de sobremanera, que  manifestará eso, nunca me lo hubiera imaginado.  Pero de pronto seguí hablando yo, le hable de los detalles que tenía en su oficina, del barniz perfecto de la madera, y de las fotos que ahí tenía, cuando le hable de la foto con Obama, me dijo que le daba mucho gusto que le hubiéramos ganado a Estados Unidos, y en tono de broma dijo, al menos en esa foto yo le gane en lo guapo,  lo cual me hizo reír y en cuanto pude comencé a hablar de los libros, de la colección histórica que ahí tenía, me dijo que sí que eran libros que han visto pasar a muchos presidentes, aunque estaba seguro que muy pocos los habían hojeado. Luego continuó diciéndome que él no era muy bueno para la lectura,  le dije que si sabía de eso, que lo había visto en la Feria del libro de Guadalajara, a lo que él se apeno un poco diciendo que ese día había sido un desastre con él y con su equipo de trabajo, luego me pregunto si yo leía mucho,  respondí que no mucho, pero que a lo largo de mi vida si había leído varios libros que me habían marcado, que en mi familia mi papá siempre decía que “si quieres avanzar, leer te ayuda a caminar”. Él con toda seriedad afirmo con la cabeza lo que decía mi padre, y cuando le estaba explicando que leer era la única forma de aprender de nuestros errores y de imaginar mundos mejores, me interrumpió con una frase que retumbó en mi cabeza: -desafortunadamente la política hoy en día, no se rige por lo que dicen los libros- su interrupción me dejo pensando un instante,  y luego tratando de no mostrar mi descontento hice una pequeña observación, -es verdad, hoy en día se rige más por lo que dice la televisión, y pues que le voy a decir en la televisión siempre gana el guapo- después de la carcajada, Peña Nieto se puso serio y dijo por eso me caes tan bien, porque al final, tú, desde tu realidad, desde lo que te tocó vivir, has hecho mucho, has luchado contra todo por sobresalir y por ser mejor, eso al final del día es lo que motiva a las personas a ser mejores. –Entonces son las luchas individuales las que pueden hacer que las cosas sucedan mejor, el sistema no, ese ya caducó- le dije en tono retador, pero el con toda calma me respondió –tristemente así es  mi estimado, pero hablemos de cosas mejores, cuéntame que sentiste cuando sonaba el himno-.

Al final el dirigió la charla, no yo. Fueron unos quince minutos los que estuvimos hablando en su oficina al final nos hicimos amigos. Cuando se despidió me dijo que era una lástima que se tuviera que ir luego de tan amena charla, él  tenía que salir por la puerta de atrás del salón,  me indico que yo debía regresar con mis compañeros al jardín, y que estaba seguro que un campeón como yo no debía perderse para regresar,  luego de darnos un abrazo recalcó que le había caído muy bien, que le pasará mis datos personales a Ilse y que él se pondría en contacto conmigo para volver a vernos.

Regresé al jardín donde Ilse les explicaba a todos los detalles históricos  de la construcción y del jardín, como si fuera guía turística, yo sin decir palabra me puse a escucharla ante la mirada de todos mis compañeros de equipo quienes curiosos esperaban conocer lo que había discutido con Enrique Peña Nieto. Antes de salir de los Pinos le dejé mis datos a la señorita Ilse, pensando que nunca me iban a contactar. Regresamos caminando por un largo pasillo hasta la puerta por donde habíamos entrado, Ilse nos agradeció y se despidió, nos subimos de nueva cuenta al autobús. Durante el trayecto hacia el hotel mis compañeros se burlaban un poco de mí, de cómo yo estaba reacio a visitar Los Pinos, y al final hasta me había ido a platicar a solas con el presidente, cuando me preguntaron de que habíamos hablado, les dije que habíamos discutido de todo y de nada, pero que la conclusión a la que habíamos llegado era que la revolución estaba en uno mismo, y en los libros que uno lee. Todos se rieron pensando que estaba siendo sarcástico y que lo decía bromeando por el suceso de la Feria del Libro.

Luego me fui a un asiento solo y mientras veía la gran ciudad de México por la ventanilla del autobús pensé en lo decepcionante que era saber que la política actual va más relacionada con la ignorancia de todas las partes, y que los políticos que nos gobiernan ni siquiera se preocupan por el bienestar de su país,   pero por otro lado sentí un gran orgullo  al pensar en las palabras que había dicho hacia mi persona, las cuales constituían un gran aprendizaje y en el fondo sabía que él tenía razón, debía de seguir luchando desde mi trinchera para cambiar mi mundo y con ello impactar socialmente de manera lenta y gradual.  En ese momento me prometí convertirme en mejor atleta y  mejor persona, por mi bien, el de mi país, y el del mundo en el que me tocó habitar.

 

Luego de un par de días recibí un mensaje de parte del presidente quien me saludaba y me invitaba a una cena en Palacio Nacional, lo cual me sorprendió mucho. A partir de ese día Enrique y yo nos hicimos buenos amigos,  nos vimos unas cinco o seis veces, yo le regalé varios libros de autores mexicanos, asistí a varios eventos oficiales  mientras fue presidente e incluso un día cuando acababa de terminar su sexenio tuvo la humildad de asistir a una cena que me organizo mi mamá en mi pueblo natal donde él me regaló una edición especial de Don Quijote de la Mancha.

FIN.

 

 

 (Esta historia solo ocurrió en la mente de sus autores.)

 

Somnoliento Rodríguez en colaboración con David Herrera El González.

lunes, 21 de junio de 2021

UNO, DOS, TRES, CUATRO. (O NUESTRA BELLEZA MÉXICO, O LOS TIEMPOS DE BAILE)

 

UNO, DOS, TRES, CUATRO. (O NUESTRA BELLEZA MÉXICO, O LOS TIEMPOS DE BAILE)

 

 A la musa más hermosa que ha dado mi ciudad.

I.                   NADA DE RITMO

Nunca fui bueno para el baile, parecía haber nacido sin el ritmo necesario, aunque me encantaba la música, mi coordinación motriz nunca fue algo de que presumir.  Incluso había intentado ir a clases de salsa con un viejo amigo de la universidad, ahí comencé a escuchar ese tipo de música que antes casi no escuchaba, aprendí la coreografía básica, pero al momento de intentar bailar con pareja, mis pies comenzaban a tropezarse solos, mis movimientos no eran coordinados y sobre todo me veía y sentía,  ridículo, aunque tengo que admitir que me fue un placer descubrir la Salsa como género, y sobre todo al buen Rubencito Blades.

Durante un viaje, en una noche de copas, Edu, un amigo del continente africano me había explicado la importancia de bailar, e incluso me había enseñado algunos trucos que el usaba para bailar; él era un trompo bailando, yo lo vi en acción, las chicas esperaban al lado de la pista para poder bailar con él, pero sus consejos solo habían quedado en eso, en consejos de baile. Pero uno nunca sabe cuándo los conocimientos adquiridos van a salvarte y menos cuando la vida te va a poner a prueba.

II.                EL RENCUENTRO

Antes de ese sábado, yo tenía  poco más de una semana buscando excusas para salir con ella. Frida era una hermosa mujer,  la mujer más bella que yo había visto. Ella era unos once años menor que yo, y cuando yo la conocí ella todavía era menor de edad, todavía con esa inocencia en su mirada, pero ahora que la había vuelto a ver su mirada había cambiado, la inocencia ya no estaba ahí, ahora había en su mirada una seguridad de mujer que la hacía increíblemente atractiva. El día que la volví a ver después de tantos años, su simple presencia me saco de mi realidad que en esos momentos no era la mejor. Ese día que de pronto se apareció en el centro y se frenó para saludarme,  me hizo consciente del aire sobre mi cara, del brillo del sol sobre mis ojos, de mis músculos al sonreír, y de volver a sentir calidez en el corazón.

A partir de ahí comencé a buscar la forma de volverla a ver, le hice un par de llamadas, le exprese la alegría que  me había dado encontrármela después de tanto tiempo,  y en cuanto pude le dije que si no me permitía invitarla a tomar un café o llevarla a cenar, ella me dijo que estaba muy ocupada  y que casi no tenía tiempo, pero justo cuando estaba por aceptar sus excusas, me dijo que tal vez el miércoles tuviera la noche libre y que podríamos ir a algún lado cerca del templo de San Antonio. Mi emoción era tal que desde el otro lado del teléfono y por alguna extraña razón mis ojos dejaron caer un par de lágrimas. Así que quedamos de vernos a las ocho del miércoles justo en la puerta de la casa de la cultura para de ahí caminar y decidir a dónde ir.

III.             EL CAFÉ

Mis expectativas eran pocas, yo supuse que solo iríamos por un café rápido, que hablaríamos un poco sobre todo lo que había pasado en todo este tiempo, un recuento de nuestras historias, y de pronto todo pasaría y sería como un sueño, pero yo estaba listo para llevarme su sonrisa en mi rostro, la imagen de su cara para alegrarme los próximos días. Afortunadamente no paso como yo pensaba, bueno con respecto a que iba a ser un simple café exprés, pues cuando comenzamos a caminar, ella dijo que tenía hambre y terminamos entrando a un pequeño local de comida italiana, donde tomamos una cerveza, compartimos una pizza, y cerramos con el pronosticado, café, pero lo mejor paso cuando pensé que se venía lo peor, justo cuando estábamos comiendo la pizza yo tome mi cerveza y propuse un brindis, yo no podía ocultar mi sonrisa, y alcanzaba a ver la suya, justo cuando estaba a medio brindis, tratando de inspirarme desde los campos más románticos de mi interior, se escuchó su teléfono, se levantó pidiéndome disculpas por interrumpirme, y salió al cuarto contiguo, yo con la cerveza en mi mano, y pensando que el destino me jugaba una mala jugada, decidí darle un buen trago, escuche un poco lo que decía en el teléfono, pero sin importarme mucho y pensando que ella ahora era una celebridad de la ciudad, que todos esos concursos de belleza en los que estaba participando la convertían en alguien inalcanzable para alguien tan simple y tan loco como yo. Le di otro  trago largo a mi cerveza pero deje un poco, solamente para no ser grosero y terminar con el choque de botellas pendiente y brindar por que ella fuera muy feliz, con toda su belleza y con todo lo que ella pudiera conseguir con eso.

A su regreso me pidió disculpas y como si no hubiera pasado nada, retomo su sonrisa, lo cual volvió de manera casi mágica a poner una sonrisa en mi cara, y dijo tomando su botella en la mano, salud por los viajes, por la vida y por qué podamos seguir viéndonos más seguido para compartir más pizzas y más comida juntos.  Yo le di ese último trago a mi cerveza, y aunque ya no estaba tan fría, su sabor me dio felicidad. Cuando dijo eso mi mente lo primero que pensó fue en buscar el momento indicado para ponernos de acuerdo para volver a verla, pero antes de que yo tuviera un plan, ella comenzó a decirme que le habían hablado para ir a un evento de nuestra belleza el siguiente sábado en el salón principal de la Alameda Central,  justo cuando estaba listo para engalanarla con mis palabras con respecto a su belleza, me preguntó si tenía planes para el sábado, jamás me imagine que me estuviera invitando por lo que le dije que normalmente cuando terminaba de trabajar salía a tomar una cerveza con los amigos pero que en realidad no tenía ningún plan definido, sorprendentemente me dijo si no me gustaría acompañarla a dicho evento; de inmediato le dije que estaría encantado de ir con ella. Lo único que me pidió fue que me vistiera lo más “fashion” y formal que pudiera.  La verdad es que en mi ropero yo no tenía nada formal y mucho menos “fashion”, pero eso era lo de menos, había que estar listos para el sábado, sabiendo que ese simple hecho haría que mi rostro conservara su sonrisa intacta por lo que quedaba de la semana.

IV.            PREPARATIVOS

De regreso a casa esa noche, me resultaba difícil creer que Frida me hubiera invitado a una cena formal de un concurso de belleza femenina, cuando realmente yo no soy para nada una persona que sepa desenvolverse en esos eventos, pero mis ganas de pasar el tiempo junto a ella, me hubieran hecho ir a una cueva en medio de un volcán, así que ahora tenía que cumplir con lo único que ella me había puesto como condición, tenía que encontrar un atuendo digno;  realmente mis conocimientos sobre moda eran casi nulos, pues yo casi siempre vestía de manera extremadamente simple, mi apariencia nunca me gusto que estuviera por encima de mi personalidad. Afortunadamente mi hermano mayor, aunque tampoco es que este muy a la moda, tiene ropa para ocasiones especiales, así que tuve que buscar algo en su ropero, usar mi imaginación y sobre todo consultarlo con mi mamá y con mi prima que es mucho más joven que yo. Pantalón de vestir negro rayado, camisa azul, saco negro y un corte de pelo en barbería, la primera vez que yo me paraba en un establecimiento de este tipo, yo solía ir a la peluquería de toda la vida donde solo se sabían un par de cortes de pelo muy básicos, como el rapado con la navaja del número dos, para atrás o el de honguito, cosas que desde mi época ya parecían fuera de moda, pero en esta ocasión no podía ser así; en la barbería, el cholo que tenía el rol de peluquero me dijo mientras masajeaba mi cabeza: -a esa fiesta vas a ir con un corte de pelo y una barba bien fresh-. Al principio me pareció un robo lo que  me cobró pues el corte de pelo era como el rapado con la navaja del número dos, pero con un difuminado especial y la barba, era una barba retocada, que fácilmente yo hubiera podido rasurar; pero bueno el dinero era lo de menos, el disfraz  también, lo que realmente me importaba era ver a Frida, quien sabía que se iba a ver divina.

El viernes por la mañana tuve que ir a una tienda un poco más lejana a comprar algunos insumos del trabajo, camine un poco más de lo normal y pase justo por la puerta de mi antigua escuela, me asome para inhalar una bocanada de buenos recuerdos, y  proseguí mi camino. Justo en la puerta de la tienda había  tres jóvenes  y una chica con el uniforme de la escuela, el uniforme de las niñas era el mismo desde que yo era pequeño,  cuando levante la mirada me sorprendió mucho ver el rostro de Frida usando el uniforme, luego de enfocar bien me di cuenta que no era ella, pero se parecía tanto que mi cerebro se asustó por unos segundos; no era ella, pero se parecía, no sé si mucho o poco, pero lo que si se, es que en mi cabeza estos últimos días, habitaba una hermosa imagen de una carita hermosa y sonriente, una mirada donde se reflejaban las olas y una boca que emanaba agua del cielo.

V.               HASTA QUE SE LLEGÓ EL SÁBADO.

Así, casi sin sentir que el tiempo iba demasiado rápido, se llegó el sábado, yo estaba nervioso, como si fuera a presentar mi examen profesional de nueva cuenta, con la ropa que aunque no estaba mal, me hacía dudar si cumpliría con los estándares sociales de un evento de belleza, con los zapatos que aunque no eran los más fashion, si eran los más cómodos que había encontrado.  Ese día tuve que salirme un poco antes del trabajo para alcanzar a cambiarme,  pasar de ordinario y antifashion, a elegante y moderno. Me bañe, me peine  y hasta me puse loción, le pedí el coche a mi hermano y me fui directo a la Alameda, ahí nos habíamos quedado de ver a las seis de la tarde,  pues el evento comenzaba a las siete.  Durante el trayecto, en uno de los altos en el tráfico, de pronto en el auto de al lado me pareció ver a Frida, estuve a punto de saludarla con mi estúpida sonrisa totalmente sorprendido de encontrármela, como si hubiera sido aquel día que la había vuelto a ver, pero para mi sorpresa no era ella, no sé si se parecía o mucho o si era mi imaginación volviéndome a jugar una ilusión de amor, en forma de su tierno rostro.

Con todos estos dilemas en la mente y  los preparativos  previos a la cita, no había tenido tiempo de ponerme nervioso, fue hasta que estuve sentado en una banca de la Alameda que me puse a pensar en lo que estaba sucediéndome, y por un momento, cuando el reloj marcaba las seis con cinco minutos, comencé a pensar que era probable que  no llegaría, o peor aún, que todo era una broma de mal gusto de mi subconsciente, que tal vez mi demencia había llegado al punto en que había inventado esta cita;  pero justo cuando mi cabeza comenzaba a trabajar estas ideas, a lo lejos logre ver una silueta hermosa con el sol metiéndose en el fondo, su piel y su pelo negro brillaban por encima del vestido negro con lentejuelas que ella portaba, el vestido tenía un detalle en lentejuelas rojas, que luego descubrí que eran una flor, llevaba unos tacones que la hacían ver un poco más alta, y la hacían caminar con un porte de duquesa, en esos momentos mis ojos no podían dejar de admirar su belleza, mi mente estaba en estado de paz, y mis sentidos comenzaron a saciar su deseo. Conforme se fue acercando comencé a percibir el olor de su perfume, mis ojos por momentos batallaban para enfocarla en medio de ese paisaje paradisiaco que estaba sintiendo, incluso cuando escuche que mencionó mi nombre, lo escuché como entrecortado, como si fuera la voz que te despierta cuando estas soñando. Cuando estaba frente a mí, me levante sobresaltado de la banca, y cuando le di un beso en la mejilla y un pequeño abrazo, fue cuando supe que era realidad. No hablamos mucho, pues solo me dijo que la siguiera que había que estar ahí cerca para que no nos fueran a dejar fuera del programa. Yo no entendí que significaba eso, pero no me importaba, yo seguía caminando a su lado medio hipnotizado por el momento y sobre todo por su belleza tan mística.

Caminamos hasta el salón, mi mente repetía continuamente: -pero que bella que es esta mujer- aunque por dentro hacía un esfuerzo por responderle lo que me iba preguntando, -si estoy bien, -me estacione aquí cerquita, -si te queda muy bien el vestido, te ves hermosa, -si yo te llevo después si quieres, -no me encanta tu vestido, y si la invitación decía vestido corto, es  para que enseñes pierna, -gracias, es ropa que ahí tengo en la casa y que casi nunca uso, -no, en realidad no es mi coche es de mi hermano mayor, -si claro, yo sé que la vamos a pasar bien, ya estamos aquí, así que ha disfrutar, -¿y qué, va a venir mucha gente?. Mientras hablaba con supuesta naturalidad mi cabeza seguía diciendo, -que bella se ve, si el vestido esta precioso, que cuerpo, que porte, es la mujer más elegante que va a estar en el evento, por mucho y yo vengo con ella-.

Una vez dentro del salón, vaya que había mujeres bellas, pero unas más plásticas, otras con un cuerpazo, pero no tan agraciadas de la cara, pero si había una que sobresalía no solo con su belleza, sino con su estilo y su porte fino era Frida. En fin, al final yo era un ogro perdido en medio de un evento de princesas.

VI.            TIEMPOS DE BAILE

Una vez que tomamos asientos pude distraer un momento a mi mente de pensar en ella,  -Buenas noches, si aquí acompañando a la hermosa Frida, muy bien, tomemos asiento-.  Le retire la silla para que se sentara, y por unos momentos mientras los organizadores le daban halagos a mi pareja,  yo analizaba el tipo de evento, era un lugar lleno de moda, lleno de medios de comunicación, destellos de luz por el flash de las cámaras, de pronto alcance a escuchar -si él es mi pareja de hoy-,  mi mente respondió, -ella es mi pareja por esta vida, y con suerte, otras más-.  Afortunadamente los fotógrafos entendieron que yo no tenía por qué aparecer en las fotos y tomaron varias de ella mientras hablaba, cuando llegó el mesero, -¿qué les ofrezco de beber?- a lo que yo respondí con otra pregunta, -¿qué tienes para ofrecernos?-, -vodka, tequila, ron-, justo cuando estaba por preguntar si había algo sin alcohol, de pronto Frida dijo, -a mí me traes un tequila con agua mineral y hielos-, -que sean dos por favor-. Una vez que nos trajeron las bebidas, mire sonriendo a Frida, y le dije: - ¡Salute! Te agradezco mucho por haberme invitado-. -Salud, y gracias a ti por haber aceptado la invitación, sin siquiera preguntar de qué era el evento-. En ese momento me surgió una duda en mi mente, ¿de qué  diablos se trata este evento?, le di mi trago al tequila, la mire a los ojos y sonreí ligeramente para luego preguntarle, -y a todo esto, si es cierto, ¿de qué se trata este evento?- Ella soltó una leve carcajada, levanto sus delineadas cejas, cerró los ojos una vez, paso su lengua por su labio superior en un movimiento casi imperceptible, y en voz muy bajita me dijo: -es el sacrificio que tenemos que hacer para vivir de la belleza, asistir a estos aburridos eventos-, nos miramos los dos con unas sonrisas que apenas entraban en nuestros rostros, -pero éste creo que va a estar más divertido porque van a presentar  varias escuelas de baile de la ciudad, y algunos de otras partes del país-. –A baile, que buena onda- respondí, y si por dentro estaba conforme con que hubiera bailes, aunque por un momento pensé que sería lindo verla a ella bailar en alguna de las coreografías. Ella no iba a participar en ninguna, pero mientras comenzaron los bailes,  me estuvo platicando que le encantaba la danza en muchas de sus expresiones, pero lo que más se bailaba en su familia, era salsa,  y que luego había aprendido bachata.  Recordé que hace algunos años cuando conviví con Frida, en alguna ocasión me tocó verla bailar, y a su corta edad ya tenía mucha presencia y bailaba con el cuerpo erguido y con mucha elegancia, así que imagine  que ahora que había terminado de convertirse en una dama, verla bailar sería un deleite, obviamente no le mencione que la recordaba bailando, para no parecer obsesionado con ella, pero claro que recordaba incluso la ropa que llevaba puesta esa tarde.

Mientras pasaban los bailables, el flamenco, baile africano, tango, y otras danzas regionales, ella y yo seguíamos platicando a gritos, la música sonaba fuerte, así que lo hacíamos a gritos y acercándonos mucho el uno al otro; su aroma se convirtió en un deleite sensorial, su loción combinaba de manera formidable con su olor y hasta con su aliento,  y cuando sonreía parecía desprender un aroma más intenso. Yo cada minuto que pasaba la veía con una sonrisa más grande al grado que por un momento no me cabía en el rostro, y el pensar en lo linda que era ella, me hacía difícil el ejercicio de seguirle la conversación. -y entonces ¿tu qué bailas?-  Me pregunto entre canción y canción, cuando hubo un poco de silencio. –Pues no es que baile mucho, pero he tomado clases de salsa y así, pero fíjate que este año me lesione la rodilla y me resulta muy complicado hacer ciertos movimientos-. La verdad no sé por qué lo dije de esa manera, pero era una muy buena forma de excusarme para no tener que bailar, que aunque yo sabía que bailar con ella me haría sentir muy afortunado, pero mis pocas habilidades para el baile me hacían sentir más tranquilo al tener la excusa para no tener que hacer un ridículo en caso de que algún día tuviera la oportunidad de bailar con ella. Ella sonrió y me dijo que estaba muy mal que me hubiera lesionado, le explique que había sido en un juego de basquetbol  donde se desacomodo mi rodilla y de ahí no había quedado del todo bien, seguía haciendo ejercicio pero ya bajo un nivel de exigencia mínimo.

Mientras hablábamos a lo lejos noté que había una cámara y un reportero cubriendo el evento, los vi a lo lejos y no les di mucha importancia, sobre todo porque estaba entretenido intentando seguir el hilo de las palabras de Frida mientras admiraba su belleza. Bebimos un par de tequilas más y de pronto se prendieron las luces de las mesas, noté que la cámara estaba muy cerca de nuestra mesa, el maestro de ceremonia comenzaba el discurso de agradecimiento para las, y los bailarines, cuando en eso se acercó el reportero y comenzó a entrevistar a Frida, quien muy desenvuelta comenzó a charlar, yo le veía la seguridad con la que hablaba y me enamoraba más de ella, cuando de pronto noté que estaban hablando de los bailes – si me encantó el tango, pero les falto una buena salsa.- dijo ella.  El reportero se rio, también estaba hipnotizado con su presencia, y su respuesta fue la siguiente: -y si pedimos una canción para que usted y su compañero bailen.- En cuanto escuche esto mi cuerpo se puso a la defensiva, pero no  era momento para quedar mal. –sí que nos pongan una salsa y se las bailamos.- replicó ella sonriendo y mirándome.  No puede ser, pensé, no podía hacer el ridículo en medio de un evento de belleza en mi ciudad, y menos habiendo medios de comunicación cubriendo el evento. Así que de inmediato hablé conmigo mismo, tenía que hacer algo rápido, era momento de sacar esa fuerza, esa magia que a veces uno no sabe de donde proviene. Frida se levantó de su silla, le dio un trago a su tequila y me tomo de la mano, en esos instantes que fueron solamente unos cuantos segundos yo le di un par de tragos a mi vaso. Puse una sonrisa en mi rostro fingiendo que todo estaba bien, y alentando la actitud de la mujer más bella que había en ese lugar. No quería bailar, pero si ella me pedía que me aventara de cabeza del segundo piso, lo haría, como no me iba a poner a bailar. 

VII.         1, 2, 3, 4.

Cuando nos levantamos nadie se había dado cuenta que íbamos a bailar, por un momento oré pro que todo se cancelara, pero cuando apenas comenzaba la plegaria, volvieron a prender  las luces de la pista, que justo hace unos minutos apenas habían podido descansar de brillar. Cuando estábamos por subir a la pista tuve la genial idea, o estúpida idea, de decirle a Frida que mi rodilla no estaba al cien, e incluso al entrar en la pista hice un pequeño paso corto como para indicar que estaba lesionado,  Frida me dijo -no te preocupes tú solo sígueme el paso y yo hago el resto-. Antes de que comenzara la música, el animador tomó el micrófono: - ¡Y con ustedes una mujer hermosa acompañada de su pareja nos brindarán la oportunidad de seguir viendo bailes de calidad, y en esta ocasión lo harán con música salsa, así que DJ pon la canción de salsa que más te guste.!-

Yo estaba controlando la respiración para no ponerme nervioso, comencé a pensar en aquellas veces que fui a las clases con mi amigo y lo poco que había aprendido, pero de pronto se apareció en mi mente la figura de mi amigo Edu, el africano con quien en un día de copas habíamos terminado en clase de baile, su rostro viéndome fijamente comenzó a decirme, - acuérdate de la postura,  del ritmo, acuérdate de contar, uno, dos, tres, cuatro, uno, dos, tres, cuatro-. Yo le hablaba a mis extremidades, trate de adoptar una postura erguida para no lucir tan bajo al lado de ella y sus tacones, pero sobre todo para estar a su altura en la pista.

Uno, dos, tres, cuatro, repetía en mi cabeza, como calentando motores, uno, dos, tres, cuatro.

Frida me tomo de la mano, puse la otra en su cintura y le volví a aclarar -acuérdate que yo voy a ir lento por mi rodilla, pero tu lúcete-.  Seguía controlando mi respiración tratando de adecuarme a un pensamiento que rondaba en mi cabeza, que era la cara adulterada por el alcohol de  mi amigo Edu diciéndome, uno, dos, tres, cuatro; uno, dos, tres, cuatro.

Cuando comenzó la música, no lo podía creer, sonaba Ruben Blades, y los primero acordes me dieron a entender que era mi canción favorita “La Chica Plástica”,  una elección bastante extraña por parte del DJ pues no es la canción más famosa de ese cantautor panameño. Cerré los ojos un segundo, pensé que en este caso no bailaba con una chica plástica pues estaba bailando con la belleza más pura y real que jamás hubiera podido imaginar. Recordé haber bailado esa canción yo solo en mi cuarto, en los tiempos que fui a clases con mi amigo, y con los ojos cerrados dejé que la música invadiera mi cuerpo y comencé a moverme, fije bien mis manos, la izquierda sobre su mano, y la derecha sobre su cadera, revise mi postura, respire un par de veces y la mire a la cara. El brillo de su sonrisa me dio valor, y el encontrar el horizonte en su mirada me marco el paso. Uno, dos, tres, cuatro, uno, dos, tres, cuatro, cara sonriente e incluso intentando un par de trucos aprendidos en las clases, ella se movía, daba vueltas,  se me acercaba, se alejaba, yo incluso en algún momento comencé a aplaudir cada que llegaba al dos y al cuatro, uno, aplauso, tres, aplauso, uno, aplauso, tres, aplauso,  mientras ella me daba vueltas, cada que regresaba mi mano derecha la volvía a frenar tomándola por su cadera con toda la pasión, uno, dos, tres, cuatro. Sentía el sudor escurrir por todo mi cuerpo, pero no podía ni limpiarme las gotas que caían por mi frente, pues no quería perder el ritmo, uno, dos, tres, cuatro. Fueron como seis minutos de baile, por momentos el baile parecía eterno para bien y para mal, para bien porque el verla bailando a nivel de pista era un espectáculo único, pero mal, porque sabía que verme bailando también podría ser un espectáculo, pero tal vez más cómico; su sonrisa y su mirada, conjuntamente con la presencia de Edu diciéndome, uno, dos, tres, cuatro, me metieron en una sintonía de cortejo que poco a poco fue abriendo en mi un nuevo túnel de goce, uno que nunca había recorrido.  Uno, dos, tres, silencio, Frida giró hacia mí, y me apretó el cuerpo contra el suyo de una manera que yo nunca hubiera soñado, paso su rostro rosando el mío; y mientras yo seguía contando, ella me iba demostrando que el amor es bailar.

VIII.      NUESTRA BELLEZA

 Aplausos y luz en la pista, abrazo de Frida levantando su pierna izquierda y reclinándose sobre mi cuerpo. Nuestras sonrisas eran hermosas, el sonido local, -Un fuerte aplauso para Frida-.  Quedó perfecto que no supieran mi nombre, y que el crédito quedará solo para ella;  por dentro estaba excitado de saber que no había hecho el ridículo, y que por el contrario había vencido uno de mis más grandes pánicos escénicos y todo, por amor. Comenzamos el regreso a la mesa entre aplausos, Frida paso junto al sonido y mientras sonaba Pedro Navaja, …”la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”…ella me dijo al oído, -que mala onda que no dijeron tu nombre, deja voy a decirle para que te mencionen-. Le dije -no te preocupes Frida, yo no quiero más reconocimiento que haber bailado contigo-. Me sonrió y me tomó de la mano y así tomados de la mano volvimos a la mesa. Yo no dejaba de sudar, y el trago de tequila que había dejado en la mesa me supo a manantial refrescante, -toma la servilleta, para que te limpies el sudor- me dijo, le agradecí y en cuanto deje de sudar me acerque, le pase el brazo por su hombro, ella recargo su cabeza contra mi brazo y puso su mano en mi pierna.

-Salud por los viajes, por la vida y por qué podamos seguir bailando juntos- dijo ella. Ese pequeño sentimiento de calor que sentía dentro de mí, volvía a ser amor, amor de ese que te vuela la cabeza y te hace hacer estupideces, que te ciega y te puede dañar, pero ese al cual no puedes escapar, ese calor provocado al sentir la semilla germinando,  esa sonrisa interna y permanente, ese nuevo túnel de goce.

Esa noche cuando volvíamos por la Alameda juntos, nos besamos en medio de un silencio, que no era para nada un silencio, más bien un concierto  de la noche, tan mágico que en esos momentos el mundo se paralizo, las estrellas brillaron, e incluso algunas se cayeron  de tanto amor permitiéndonos pedir un deseo; las flores de las enredaderas emanaban un olor que yo puedo recrear cada vez que pienso en ese túnel que recién abierto. En medio de los besos, en mi cabeza solo habitaba una sola cosa: uno, dos, tres, cuatro, uno, dos, tres, cuatro; y a ese ritmo fue que sembramos esa pequeña semilla de luz, que se habría de convertir en la más maravillosa historia de baile y de amor.

 

SR. David Herrera Mayo 2021.

 

“La vida es un gran baile, y el mundo es un salón” Café Tacvba.