lunes, 21 de junio de 2021

UNO, DOS, TRES, CUATRO. (O NUESTRA BELLEZA MÉXICO, O LOS TIEMPOS DE BAILE)

 

UNO, DOS, TRES, CUATRO. (O NUESTRA BELLEZA MÉXICO, O LOS TIEMPOS DE BAILE)

 

 A la musa más hermosa que ha dado mi ciudad.

I.                   NADA DE RITMO

Nunca fui bueno para el baile, parecía haber nacido sin el ritmo necesario, aunque me encantaba la música, mi coordinación motriz nunca fue algo de que presumir.  Incluso había intentado ir a clases de salsa con un viejo amigo de la universidad, ahí comencé a escuchar ese tipo de música que antes casi no escuchaba, aprendí la coreografía básica, pero al momento de intentar bailar con pareja, mis pies comenzaban a tropezarse solos, mis movimientos no eran coordinados y sobre todo me veía y sentía,  ridículo, aunque tengo que admitir que me fue un placer descubrir la Salsa como género, y sobre todo al buen Rubencito Blades.

Durante un viaje, en una noche de copas, Edu, un amigo del continente africano me había explicado la importancia de bailar, e incluso me había enseñado algunos trucos que el usaba para bailar; él era un trompo bailando, yo lo vi en acción, las chicas esperaban al lado de la pista para poder bailar con él, pero sus consejos solo habían quedado en eso, en consejos de baile. Pero uno nunca sabe cuándo los conocimientos adquiridos van a salvarte y menos cuando la vida te va a poner a prueba.

II.                EL RENCUENTRO

Antes de ese sábado, yo tenía  poco más de una semana buscando excusas para salir con ella. Frida era una hermosa mujer,  la mujer más bella que yo había visto. Ella era unos once años menor que yo, y cuando yo la conocí ella todavía era menor de edad, todavía con esa inocencia en su mirada, pero ahora que la había vuelto a ver su mirada había cambiado, la inocencia ya no estaba ahí, ahora había en su mirada una seguridad de mujer que la hacía increíblemente atractiva. El día que la volví a ver después de tantos años, su simple presencia me saco de mi realidad que en esos momentos no era la mejor. Ese día que de pronto se apareció en el centro y se frenó para saludarme,  me hizo consciente del aire sobre mi cara, del brillo del sol sobre mis ojos, de mis músculos al sonreír, y de volver a sentir calidez en el corazón.

A partir de ahí comencé a buscar la forma de volverla a ver, le hice un par de llamadas, le exprese la alegría que  me había dado encontrármela después de tanto tiempo,  y en cuanto pude le dije que si no me permitía invitarla a tomar un café o llevarla a cenar, ella me dijo que estaba muy ocupada  y que casi no tenía tiempo, pero justo cuando estaba por aceptar sus excusas, me dijo que tal vez el miércoles tuviera la noche libre y que podríamos ir a algún lado cerca del templo de San Antonio. Mi emoción era tal que desde el otro lado del teléfono y por alguna extraña razón mis ojos dejaron caer un par de lágrimas. Así que quedamos de vernos a las ocho del miércoles justo en la puerta de la casa de la cultura para de ahí caminar y decidir a dónde ir.

III.             EL CAFÉ

Mis expectativas eran pocas, yo supuse que solo iríamos por un café rápido, que hablaríamos un poco sobre todo lo que había pasado en todo este tiempo, un recuento de nuestras historias, y de pronto todo pasaría y sería como un sueño, pero yo estaba listo para llevarme su sonrisa en mi rostro, la imagen de su cara para alegrarme los próximos días. Afortunadamente no paso como yo pensaba, bueno con respecto a que iba a ser un simple café exprés, pues cuando comenzamos a caminar, ella dijo que tenía hambre y terminamos entrando a un pequeño local de comida italiana, donde tomamos una cerveza, compartimos una pizza, y cerramos con el pronosticado, café, pero lo mejor paso cuando pensé que se venía lo peor, justo cuando estábamos comiendo la pizza yo tome mi cerveza y propuse un brindis, yo no podía ocultar mi sonrisa, y alcanzaba a ver la suya, justo cuando estaba a medio brindis, tratando de inspirarme desde los campos más románticos de mi interior, se escuchó su teléfono, se levantó pidiéndome disculpas por interrumpirme, y salió al cuarto contiguo, yo con la cerveza en mi mano, y pensando que el destino me jugaba una mala jugada, decidí darle un buen trago, escuche un poco lo que decía en el teléfono, pero sin importarme mucho y pensando que ella ahora era una celebridad de la ciudad, que todos esos concursos de belleza en los que estaba participando la convertían en alguien inalcanzable para alguien tan simple y tan loco como yo. Le di otro  trago largo a mi cerveza pero deje un poco, solamente para no ser grosero y terminar con el choque de botellas pendiente y brindar por que ella fuera muy feliz, con toda su belleza y con todo lo que ella pudiera conseguir con eso.

A su regreso me pidió disculpas y como si no hubiera pasado nada, retomo su sonrisa, lo cual volvió de manera casi mágica a poner una sonrisa en mi cara, y dijo tomando su botella en la mano, salud por los viajes, por la vida y por qué podamos seguir viéndonos más seguido para compartir más pizzas y más comida juntos.  Yo le di ese último trago a mi cerveza, y aunque ya no estaba tan fría, su sabor me dio felicidad. Cuando dijo eso mi mente lo primero que pensó fue en buscar el momento indicado para ponernos de acuerdo para volver a verla, pero antes de que yo tuviera un plan, ella comenzó a decirme que le habían hablado para ir a un evento de nuestra belleza el siguiente sábado en el salón principal de la Alameda Central,  justo cuando estaba listo para engalanarla con mis palabras con respecto a su belleza, me preguntó si tenía planes para el sábado, jamás me imagine que me estuviera invitando por lo que le dije que normalmente cuando terminaba de trabajar salía a tomar una cerveza con los amigos pero que en realidad no tenía ningún plan definido, sorprendentemente me dijo si no me gustaría acompañarla a dicho evento; de inmediato le dije que estaría encantado de ir con ella. Lo único que me pidió fue que me vistiera lo más “fashion” y formal que pudiera.  La verdad es que en mi ropero yo no tenía nada formal y mucho menos “fashion”, pero eso era lo de menos, había que estar listos para el sábado, sabiendo que ese simple hecho haría que mi rostro conservara su sonrisa intacta por lo que quedaba de la semana.

IV.            PREPARATIVOS

De regreso a casa esa noche, me resultaba difícil creer que Frida me hubiera invitado a una cena formal de un concurso de belleza femenina, cuando realmente yo no soy para nada una persona que sepa desenvolverse en esos eventos, pero mis ganas de pasar el tiempo junto a ella, me hubieran hecho ir a una cueva en medio de un volcán, así que ahora tenía que cumplir con lo único que ella me había puesto como condición, tenía que encontrar un atuendo digno;  realmente mis conocimientos sobre moda eran casi nulos, pues yo casi siempre vestía de manera extremadamente simple, mi apariencia nunca me gusto que estuviera por encima de mi personalidad. Afortunadamente mi hermano mayor, aunque tampoco es que este muy a la moda, tiene ropa para ocasiones especiales, así que tuve que buscar algo en su ropero, usar mi imaginación y sobre todo consultarlo con mi mamá y con mi prima que es mucho más joven que yo. Pantalón de vestir negro rayado, camisa azul, saco negro y un corte de pelo en barbería, la primera vez que yo me paraba en un establecimiento de este tipo, yo solía ir a la peluquería de toda la vida donde solo se sabían un par de cortes de pelo muy básicos, como el rapado con la navaja del número dos, para atrás o el de honguito, cosas que desde mi época ya parecían fuera de moda, pero en esta ocasión no podía ser así; en la barbería, el cholo que tenía el rol de peluquero me dijo mientras masajeaba mi cabeza: -a esa fiesta vas a ir con un corte de pelo y una barba bien fresh-. Al principio me pareció un robo lo que  me cobró pues el corte de pelo era como el rapado con la navaja del número dos, pero con un difuminado especial y la barba, era una barba retocada, que fácilmente yo hubiera podido rasurar; pero bueno el dinero era lo de menos, el disfraz  también, lo que realmente me importaba era ver a Frida, quien sabía que se iba a ver divina.

El viernes por la mañana tuve que ir a una tienda un poco más lejana a comprar algunos insumos del trabajo, camine un poco más de lo normal y pase justo por la puerta de mi antigua escuela, me asome para inhalar una bocanada de buenos recuerdos, y  proseguí mi camino. Justo en la puerta de la tienda había  tres jóvenes  y una chica con el uniforme de la escuela, el uniforme de las niñas era el mismo desde que yo era pequeño,  cuando levante la mirada me sorprendió mucho ver el rostro de Frida usando el uniforme, luego de enfocar bien me di cuenta que no era ella, pero se parecía tanto que mi cerebro se asustó por unos segundos; no era ella, pero se parecía, no sé si mucho o poco, pero lo que si se, es que en mi cabeza estos últimos días, habitaba una hermosa imagen de una carita hermosa y sonriente, una mirada donde se reflejaban las olas y una boca que emanaba agua del cielo.

V.               HASTA QUE SE LLEGÓ EL SÁBADO.

Así, casi sin sentir que el tiempo iba demasiado rápido, se llegó el sábado, yo estaba nervioso, como si fuera a presentar mi examen profesional de nueva cuenta, con la ropa que aunque no estaba mal, me hacía dudar si cumpliría con los estándares sociales de un evento de belleza, con los zapatos que aunque no eran los más fashion, si eran los más cómodos que había encontrado.  Ese día tuve que salirme un poco antes del trabajo para alcanzar a cambiarme,  pasar de ordinario y antifashion, a elegante y moderno. Me bañe, me peine  y hasta me puse loción, le pedí el coche a mi hermano y me fui directo a la Alameda, ahí nos habíamos quedado de ver a las seis de la tarde,  pues el evento comenzaba a las siete.  Durante el trayecto, en uno de los altos en el tráfico, de pronto en el auto de al lado me pareció ver a Frida, estuve a punto de saludarla con mi estúpida sonrisa totalmente sorprendido de encontrármela, como si hubiera sido aquel día que la había vuelto a ver, pero para mi sorpresa no era ella, no sé si se parecía o mucho o si era mi imaginación volviéndome a jugar una ilusión de amor, en forma de su tierno rostro.

Con todos estos dilemas en la mente y  los preparativos  previos a la cita, no había tenido tiempo de ponerme nervioso, fue hasta que estuve sentado en una banca de la Alameda que me puse a pensar en lo que estaba sucediéndome, y por un momento, cuando el reloj marcaba las seis con cinco minutos, comencé a pensar que era probable que  no llegaría, o peor aún, que todo era una broma de mal gusto de mi subconsciente, que tal vez mi demencia había llegado al punto en que había inventado esta cita;  pero justo cuando mi cabeza comenzaba a trabajar estas ideas, a lo lejos logre ver una silueta hermosa con el sol metiéndose en el fondo, su piel y su pelo negro brillaban por encima del vestido negro con lentejuelas que ella portaba, el vestido tenía un detalle en lentejuelas rojas, que luego descubrí que eran una flor, llevaba unos tacones que la hacían ver un poco más alta, y la hacían caminar con un porte de duquesa, en esos momentos mis ojos no podían dejar de admirar su belleza, mi mente estaba en estado de paz, y mis sentidos comenzaron a saciar su deseo. Conforme se fue acercando comencé a percibir el olor de su perfume, mis ojos por momentos batallaban para enfocarla en medio de ese paisaje paradisiaco que estaba sintiendo, incluso cuando escuche que mencionó mi nombre, lo escuché como entrecortado, como si fuera la voz que te despierta cuando estas soñando. Cuando estaba frente a mí, me levante sobresaltado de la banca, y cuando le di un beso en la mejilla y un pequeño abrazo, fue cuando supe que era realidad. No hablamos mucho, pues solo me dijo que la siguiera que había que estar ahí cerca para que no nos fueran a dejar fuera del programa. Yo no entendí que significaba eso, pero no me importaba, yo seguía caminando a su lado medio hipnotizado por el momento y sobre todo por su belleza tan mística.

Caminamos hasta el salón, mi mente repetía continuamente: -pero que bella que es esta mujer- aunque por dentro hacía un esfuerzo por responderle lo que me iba preguntando, -si estoy bien, -me estacione aquí cerquita, -si te queda muy bien el vestido, te ves hermosa, -si yo te llevo después si quieres, -no me encanta tu vestido, y si la invitación decía vestido corto, es  para que enseñes pierna, -gracias, es ropa que ahí tengo en la casa y que casi nunca uso, -no, en realidad no es mi coche es de mi hermano mayor, -si claro, yo sé que la vamos a pasar bien, ya estamos aquí, así que ha disfrutar, -¿y qué, va a venir mucha gente?. Mientras hablaba con supuesta naturalidad mi cabeza seguía diciendo, -que bella se ve, si el vestido esta precioso, que cuerpo, que porte, es la mujer más elegante que va a estar en el evento, por mucho y yo vengo con ella-.

Una vez dentro del salón, vaya que había mujeres bellas, pero unas más plásticas, otras con un cuerpazo, pero no tan agraciadas de la cara, pero si había una que sobresalía no solo con su belleza, sino con su estilo y su porte fino era Frida. En fin, al final yo era un ogro perdido en medio de un evento de princesas.

VI.            TIEMPOS DE BAILE

Una vez que tomamos asientos pude distraer un momento a mi mente de pensar en ella,  -Buenas noches, si aquí acompañando a la hermosa Frida, muy bien, tomemos asiento-.  Le retire la silla para que se sentara, y por unos momentos mientras los organizadores le daban halagos a mi pareja,  yo analizaba el tipo de evento, era un lugar lleno de moda, lleno de medios de comunicación, destellos de luz por el flash de las cámaras, de pronto alcance a escuchar -si él es mi pareja de hoy-,  mi mente respondió, -ella es mi pareja por esta vida, y con suerte, otras más-.  Afortunadamente los fotógrafos entendieron que yo no tenía por qué aparecer en las fotos y tomaron varias de ella mientras hablaba, cuando llegó el mesero, -¿qué les ofrezco de beber?- a lo que yo respondí con otra pregunta, -¿qué tienes para ofrecernos?-, -vodka, tequila, ron-, justo cuando estaba por preguntar si había algo sin alcohol, de pronto Frida dijo, -a mí me traes un tequila con agua mineral y hielos-, -que sean dos por favor-. Una vez que nos trajeron las bebidas, mire sonriendo a Frida, y le dije: - ¡Salute! Te agradezco mucho por haberme invitado-. -Salud, y gracias a ti por haber aceptado la invitación, sin siquiera preguntar de qué era el evento-. En ese momento me surgió una duda en mi mente, ¿de qué  diablos se trata este evento?, le di mi trago al tequila, la mire a los ojos y sonreí ligeramente para luego preguntarle, -y a todo esto, si es cierto, ¿de qué se trata este evento?- Ella soltó una leve carcajada, levanto sus delineadas cejas, cerró los ojos una vez, paso su lengua por su labio superior en un movimiento casi imperceptible, y en voz muy bajita me dijo: -es el sacrificio que tenemos que hacer para vivir de la belleza, asistir a estos aburridos eventos-, nos miramos los dos con unas sonrisas que apenas entraban en nuestros rostros, -pero éste creo que va a estar más divertido porque van a presentar  varias escuelas de baile de la ciudad, y algunos de otras partes del país-. –A baile, que buena onda- respondí, y si por dentro estaba conforme con que hubiera bailes, aunque por un momento pensé que sería lindo verla a ella bailar en alguna de las coreografías. Ella no iba a participar en ninguna, pero mientras comenzaron los bailes,  me estuvo platicando que le encantaba la danza en muchas de sus expresiones, pero lo que más se bailaba en su familia, era salsa,  y que luego había aprendido bachata.  Recordé que hace algunos años cuando conviví con Frida, en alguna ocasión me tocó verla bailar, y a su corta edad ya tenía mucha presencia y bailaba con el cuerpo erguido y con mucha elegancia, así que imagine  que ahora que había terminado de convertirse en una dama, verla bailar sería un deleite, obviamente no le mencione que la recordaba bailando, para no parecer obsesionado con ella, pero claro que recordaba incluso la ropa que llevaba puesta esa tarde.

Mientras pasaban los bailables, el flamenco, baile africano, tango, y otras danzas regionales, ella y yo seguíamos platicando a gritos, la música sonaba fuerte, así que lo hacíamos a gritos y acercándonos mucho el uno al otro; su aroma se convirtió en un deleite sensorial, su loción combinaba de manera formidable con su olor y hasta con su aliento,  y cuando sonreía parecía desprender un aroma más intenso. Yo cada minuto que pasaba la veía con una sonrisa más grande al grado que por un momento no me cabía en el rostro, y el pensar en lo linda que era ella, me hacía difícil el ejercicio de seguirle la conversación. -y entonces ¿tu qué bailas?-  Me pregunto entre canción y canción, cuando hubo un poco de silencio. –Pues no es que baile mucho, pero he tomado clases de salsa y así, pero fíjate que este año me lesione la rodilla y me resulta muy complicado hacer ciertos movimientos-. La verdad no sé por qué lo dije de esa manera, pero era una muy buena forma de excusarme para no tener que bailar, que aunque yo sabía que bailar con ella me haría sentir muy afortunado, pero mis pocas habilidades para el baile me hacían sentir más tranquilo al tener la excusa para no tener que hacer un ridículo en caso de que algún día tuviera la oportunidad de bailar con ella. Ella sonrió y me dijo que estaba muy mal que me hubiera lesionado, le explique que había sido en un juego de basquetbol  donde se desacomodo mi rodilla y de ahí no había quedado del todo bien, seguía haciendo ejercicio pero ya bajo un nivel de exigencia mínimo.

Mientras hablábamos a lo lejos noté que había una cámara y un reportero cubriendo el evento, los vi a lo lejos y no les di mucha importancia, sobre todo porque estaba entretenido intentando seguir el hilo de las palabras de Frida mientras admiraba su belleza. Bebimos un par de tequilas más y de pronto se prendieron las luces de las mesas, noté que la cámara estaba muy cerca de nuestra mesa, el maestro de ceremonia comenzaba el discurso de agradecimiento para las, y los bailarines, cuando en eso se acercó el reportero y comenzó a entrevistar a Frida, quien muy desenvuelta comenzó a charlar, yo le veía la seguridad con la que hablaba y me enamoraba más de ella, cuando de pronto noté que estaban hablando de los bailes – si me encantó el tango, pero les falto una buena salsa.- dijo ella.  El reportero se rio, también estaba hipnotizado con su presencia, y su respuesta fue la siguiente: -y si pedimos una canción para que usted y su compañero bailen.- En cuanto escuche esto mi cuerpo se puso a la defensiva, pero no  era momento para quedar mal. –sí que nos pongan una salsa y se las bailamos.- replicó ella sonriendo y mirándome.  No puede ser, pensé, no podía hacer el ridículo en medio de un evento de belleza en mi ciudad, y menos habiendo medios de comunicación cubriendo el evento. Así que de inmediato hablé conmigo mismo, tenía que hacer algo rápido, era momento de sacar esa fuerza, esa magia que a veces uno no sabe de donde proviene. Frida se levantó de su silla, le dio un trago a su tequila y me tomo de la mano, en esos instantes que fueron solamente unos cuantos segundos yo le di un par de tragos a mi vaso. Puse una sonrisa en mi rostro fingiendo que todo estaba bien, y alentando la actitud de la mujer más bella que había en ese lugar. No quería bailar, pero si ella me pedía que me aventara de cabeza del segundo piso, lo haría, como no me iba a poner a bailar. 

VII.         1, 2, 3, 4.

Cuando nos levantamos nadie se había dado cuenta que íbamos a bailar, por un momento oré pro que todo se cancelara, pero cuando apenas comenzaba la plegaria, volvieron a prender  las luces de la pista, que justo hace unos minutos apenas habían podido descansar de brillar. Cuando estábamos por subir a la pista tuve la genial idea, o estúpida idea, de decirle a Frida que mi rodilla no estaba al cien, e incluso al entrar en la pista hice un pequeño paso corto como para indicar que estaba lesionado,  Frida me dijo -no te preocupes tú solo sígueme el paso y yo hago el resto-. Antes de que comenzara la música, el animador tomó el micrófono: - ¡Y con ustedes una mujer hermosa acompañada de su pareja nos brindarán la oportunidad de seguir viendo bailes de calidad, y en esta ocasión lo harán con música salsa, así que DJ pon la canción de salsa que más te guste.!-

Yo estaba controlando la respiración para no ponerme nervioso, comencé a pensar en aquellas veces que fui a las clases con mi amigo y lo poco que había aprendido, pero de pronto se apareció en mi mente la figura de mi amigo Edu, el africano con quien en un día de copas habíamos terminado en clase de baile, su rostro viéndome fijamente comenzó a decirme, - acuérdate de la postura,  del ritmo, acuérdate de contar, uno, dos, tres, cuatro, uno, dos, tres, cuatro-. Yo le hablaba a mis extremidades, trate de adoptar una postura erguida para no lucir tan bajo al lado de ella y sus tacones, pero sobre todo para estar a su altura en la pista.

Uno, dos, tres, cuatro, repetía en mi cabeza, como calentando motores, uno, dos, tres, cuatro.

Frida me tomo de la mano, puse la otra en su cintura y le volví a aclarar -acuérdate que yo voy a ir lento por mi rodilla, pero tu lúcete-.  Seguía controlando mi respiración tratando de adecuarme a un pensamiento que rondaba en mi cabeza, que era la cara adulterada por el alcohol de  mi amigo Edu diciéndome, uno, dos, tres, cuatro; uno, dos, tres, cuatro.

Cuando comenzó la música, no lo podía creer, sonaba Ruben Blades, y los primero acordes me dieron a entender que era mi canción favorita “La Chica Plástica”,  una elección bastante extraña por parte del DJ pues no es la canción más famosa de ese cantautor panameño. Cerré los ojos un segundo, pensé que en este caso no bailaba con una chica plástica pues estaba bailando con la belleza más pura y real que jamás hubiera podido imaginar. Recordé haber bailado esa canción yo solo en mi cuarto, en los tiempos que fui a clases con mi amigo, y con los ojos cerrados dejé que la música invadiera mi cuerpo y comencé a moverme, fije bien mis manos, la izquierda sobre su mano, y la derecha sobre su cadera, revise mi postura, respire un par de veces y la mire a la cara. El brillo de su sonrisa me dio valor, y el encontrar el horizonte en su mirada me marco el paso. Uno, dos, tres, cuatro, uno, dos, tres, cuatro, cara sonriente e incluso intentando un par de trucos aprendidos en las clases, ella se movía, daba vueltas,  se me acercaba, se alejaba, yo incluso en algún momento comencé a aplaudir cada que llegaba al dos y al cuatro, uno, aplauso, tres, aplauso, uno, aplauso, tres, aplauso,  mientras ella me daba vueltas, cada que regresaba mi mano derecha la volvía a frenar tomándola por su cadera con toda la pasión, uno, dos, tres, cuatro. Sentía el sudor escurrir por todo mi cuerpo, pero no podía ni limpiarme las gotas que caían por mi frente, pues no quería perder el ritmo, uno, dos, tres, cuatro. Fueron como seis minutos de baile, por momentos el baile parecía eterno para bien y para mal, para bien porque el verla bailando a nivel de pista era un espectáculo único, pero mal, porque sabía que verme bailando también podría ser un espectáculo, pero tal vez más cómico; su sonrisa y su mirada, conjuntamente con la presencia de Edu diciéndome, uno, dos, tres, cuatro, me metieron en una sintonía de cortejo que poco a poco fue abriendo en mi un nuevo túnel de goce, uno que nunca había recorrido.  Uno, dos, tres, silencio, Frida giró hacia mí, y me apretó el cuerpo contra el suyo de una manera que yo nunca hubiera soñado, paso su rostro rosando el mío; y mientras yo seguía contando, ella me iba demostrando que el amor es bailar.

VIII.      NUESTRA BELLEZA

 Aplausos y luz en la pista, abrazo de Frida levantando su pierna izquierda y reclinándose sobre mi cuerpo. Nuestras sonrisas eran hermosas, el sonido local, -Un fuerte aplauso para Frida-.  Quedó perfecto que no supieran mi nombre, y que el crédito quedará solo para ella;  por dentro estaba excitado de saber que no había hecho el ridículo, y que por el contrario había vencido uno de mis más grandes pánicos escénicos y todo, por amor. Comenzamos el regreso a la mesa entre aplausos, Frida paso junto al sonido y mientras sonaba Pedro Navaja, …”la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”…ella me dijo al oído, -que mala onda que no dijeron tu nombre, deja voy a decirle para que te mencionen-. Le dije -no te preocupes Frida, yo no quiero más reconocimiento que haber bailado contigo-. Me sonrió y me tomó de la mano y así tomados de la mano volvimos a la mesa. Yo no dejaba de sudar, y el trago de tequila que había dejado en la mesa me supo a manantial refrescante, -toma la servilleta, para que te limpies el sudor- me dijo, le agradecí y en cuanto deje de sudar me acerque, le pase el brazo por su hombro, ella recargo su cabeza contra mi brazo y puso su mano en mi pierna.

-Salud por los viajes, por la vida y por qué podamos seguir bailando juntos- dijo ella. Ese pequeño sentimiento de calor que sentía dentro de mí, volvía a ser amor, amor de ese que te vuela la cabeza y te hace hacer estupideces, que te ciega y te puede dañar, pero ese al cual no puedes escapar, ese calor provocado al sentir la semilla germinando,  esa sonrisa interna y permanente, ese nuevo túnel de goce.

Esa noche cuando volvíamos por la Alameda juntos, nos besamos en medio de un silencio, que no era para nada un silencio, más bien un concierto  de la noche, tan mágico que en esos momentos el mundo se paralizo, las estrellas brillaron, e incluso algunas se cayeron  de tanto amor permitiéndonos pedir un deseo; las flores de las enredaderas emanaban un olor que yo puedo recrear cada vez que pienso en ese túnel que recién abierto. En medio de los besos, en mi cabeza solo habitaba una sola cosa: uno, dos, tres, cuatro, uno, dos, tres, cuatro; y a ese ritmo fue que sembramos esa pequeña semilla de luz, que se habría de convertir en la más maravillosa historia de baile y de amor.

 

SR. David Herrera Mayo 2021.

 

“La vida es un gran baile, y el mundo es un salón” Café Tacvba.

 

 

domingo, 20 de junio de 2021

Muerto de Risa

 

¿Y DE QUÉ MURIÓ?

 

¿Y de qué murió?

Murió de risa, respondió inclinando un poco el parpado izquierdo, a  una milésima  parte de convertirse en un guiño con el ojo.

¿Cómo que de risa?

Volvió a inclinar el parpado en forma de falso guiño, y respondió con la siguiente historia.

Sí, todo mundo creía que él andaba en malos pasos, pero no es así, solamente era un tipo raro, un bohemio de corazón, un loco de esos que dan gusto. Le encantaba reírse, pero había llegado a un grado en que su cerebro por momentos se estancaba en momentos de risa que podían durar hasta diez minutos sin parar, era una cuestión mental, una especie de oasis de felicidad en el que su mente caía de vez en vez y que lo hacía parecer como un loco, pero como un loco feliz. Durante su juventud, siempre le gusto la fiesta, las desveladas, las mujeres, pero sobre todo reírse, le gustaba darse motivos para desarrollar lo que él llamaba la risa perfecta, y en su intento por hacer eso creó alrededor de sí mismo una especie de personaje, una especie de clown que era la forma en que según él, controlaba su delirio mental.

 

Somnoliento Rodríguez.

8M. (mujeres)

 

8 M

8 de marzo 2021. Salimos de Iztacalco con la intención de llegar al Zócalo de la ciudad de México. Íbamos todas, la Jeny, la Fer, Mary, Dulce, Paz, Marcela, Camila y yo. Desde que nos subimos al colectivo comenzamos a encontrarnos con más amigas, y con más mujeres que, como nosotras, querían llegar a esa marcha. Llevábamos algunas provisiones, pañoletas verdes, latas de pintura, un ramo de flores, inciensos,  botellas de agua, unas tortas, tequila, un par de carteles, chamarras por si hacía frío en la tarde, unos cacahuates y una bolsa de plástico rellena de pulque que Marce había conseguido y que nos duro hasta que llegamos a tomar el metro.

Una vez en el metro, lo que nos tocó vivir  fue algo demasiado hermoso. Había montón de mujeres  en la estación listas para embarcarse rumbo al centro de la ciudad, muchas de ellas estaban haciendo arte antes, durante y después de su trayecto, con lo que me di cuenta que como yo,  había muchísimas mujeres haciendo arte todos los días, muchas de ellas eran muy buenas en lo que hacían. Las del ula ula y las malabaristas que en los andenes del metro tiraron un espectáculo que se llevó los aplausos de ambos lados del andén. Las hippies que estaban haciendo rituales con su incienso mientras la güerita hermosa, tocaba en su guitarra una canción de los Beatles, “All you need Is love”.

Pero si algo me dejo con la boca abierta fue el espectáculo que nos tocó ver dentro del vagón del metro. De entrada los andenes de mujeres eran más de la mitad del tren, y ahí se sentía esa alegría de ser mujer, esa felicidad de sabernos unidas, de sentirnos protegidas por nosotras mismas; los vagones ya venían algo grafiteados para ese entonces. En cuando nos subimos Paz saco su lata, y después de un par de miradas para ver q no viniera ningún policia, aventó una placa que decía: “mujer es power” en el piso del tren.  En eso, cuatro chicas vestidas de negro se presentaron, venían viajando desde Amecameca, y sin más preámbulo comenzaron a rapear,  todas nos callamos para escuchar, fue como una batalla de freestyle, pero en realidad cada una tiraba su propio monólogo, dos de ellas con mensajes sobre feminismo, las otras dos rapeando historias de un par de mujeres violadas. La última participación fue la que sentí como si fuera mía, fue la historia de una tal Mariana, mi tocaya, el relato fue breve, conciso y sobre todo crudo, tan hostil que a todas nos llenó el interior de una injusticia tal que cuando acabo , todas adentro del andén nos levantamos y comenzamos una especie de slam. Fue como una carga de odio combinada con felicidad, paz con rudeza, venganza con perdón. Brincamos, golpeamos las bancas y de pronto llegamos a la estación Pino Suarez,  salimos todas corriendo, con una euforia colectiva que solo de pensarla me pone la piel chinita y me enorgullece de ser mujer. 

Al llegar, el zócalo era un festín de feminismo, los mensajes sobre los muros que habían puesto para proteger el Palacio nacional y la catedral, flores por todos lados, mujeres de todos tipos,  de todos orígenes, de todos colores, voces y micrófonos, música, arte, olas de mujeres pintadas de verde y de morado, 8M,  reclamos comunes, y la rubia hippie tocando otra balada de  los Beatles.  Y así comenzó a caer la noche, yo llevaba horas con la piel de gallina, varias veces salieron lágrimas de mis ojos, no estaba ni cerca de mi periodo, pero varias veces sentí cólicos, incluso después de varios tequilas pude imaginar lo que se ha de sentir tener un bebé creciendo ahí adentro.

Cada que brindaba con mis amigas nos veíamos las caras, nos sentíamos felices, realizadas, orgullosas, fuertes, y cuando pensaba que no podía estar mejor de pronto Paz, la que menos pensaba que pudiera hacerme cambiar mi humor, se le subió el alcohol, y se le subió el ego. En medio de un “Salud” con otras chicas de  Iztacalco que nos habíamos encontrado y que traían más pulque, de pronto Paz dijo:      -Ah no puede ser ahí está esa pendeja-, era la nueva novia de su ex. De inmediato me acerque y le dije que no se mal viajará, que no era el momento, estábamos peleando por una causa hermosa como para que estuviera pensando en el idiota ese. Luego de un par de minutos y otro trago más que le di al pulque, note que Paz, mi pequeña Paz, la que no le hace daño a nadie, aventó su lata de pintura contra el suelo y dijo: -esta pendeja está rayando sobre mi placa-, ya no la pudimos detener, se  dejo ir a los golpes con todo y de una, sin pensarlo, se armó una mini campal, en medio zócalo del DF, una mini campal que no fue tan pequeña dadas las proporciones de la gran ciudad, en un punto intervino la policía, y eso se puso peor.

El regreso en el metro perdió todo el color y el arte que la ida había tenido. Yo venía con un golpe en la cabeza, raspada las rodillas, y con los ojos llorosos del gas lacrimógeno.  La Paz venía completamente ebria y golpeada de la cara, en un punto que se quedó dormida a medio camino,  Dulce en medio de la pelea, perdió su mochila con su celular y su monedero, Marcela, la Jeny y la Fer venían enojadas con Paz;  Mary y Camila todavía tenían ganas de descargar su furia para defender a Paz. Una vez que llegamos a Iztacalco, ya casi a la madrugada, cuando salimos del metro todavía podíamos reconocer algunas caras con las que en un momento estuvimos brindando y otras con las que estuvimos dándonos a muerte.

Esa noche cuando llegue ya sola a mi casa, avente mis cosas, me quite la chamarra y justo antes de dormir pensé en la dualidad del todo; lo bueno y lo malo, el Ying y el Yang.

 

 

 

SR. David Herrera.

 Mayo 2021