UNO,
DOS, TRES, CUATRO. (O NUESTRA BELLEZA MÉXICO, O LOS TIEMPOS DE BAILE)
A la musa más hermosa que ha dado mi ciudad.
I.
NADA DE RITMO
Nunca fui bueno para el
baile, parecía haber nacido sin el ritmo necesario, aunque me encantaba la
música, mi coordinación motriz nunca fue algo de que presumir. Incluso había intentado ir a clases de salsa
con un viejo amigo de la universidad, ahí comencé a escuchar ese tipo de música
que antes casi no escuchaba, aprendí la coreografía básica, pero al momento de
intentar bailar con pareja, mis pies comenzaban a tropezarse solos, mis
movimientos no eran coordinados y sobre todo me veía y sentía, ridículo, aunque tengo que admitir que me fue
un placer descubrir la Salsa como género, y sobre todo al buen Rubencito Blades.
Durante un viaje, en
una noche de copas, Edu, un amigo del continente africano me había explicado la
importancia de bailar, e incluso me había enseñado algunos trucos que el usaba
para bailar; él era un trompo bailando, yo lo vi en acción, las chicas
esperaban al lado de la pista para poder bailar con él, pero sus consejos solo
habían quedado en eso, en consejos de baile. Pero uno nunca sabe cuándo los
conocimientos adquiridos van a salvarte y menos cuando la vida te va a poner a
prueba.
II.
EL RENCUENTRO
Antes de ese sábado, yo
tenía poco más de una semana buscando
excusas para salir con ella. Frida era una hermosa mujer, la mujer más bella que yo había visto. Ella
era unos once años menor que yo, y cuando yo la conocí ella todavía era menor
de edad, todavía con esa inocencia en su mirada, pero ahora que la había vuelto
a ver su mirada había cambiado, la inocencia ya no estaba ahí, ahora había en
su mirada una seguridad de mujer que la hacía increíblemente atractiva. El día
que la volví a ver después de tantos años, su simple presencia me saco de mi realidad
que en esos momentos no era la mejor. Ese día que de pronto se apareció en el
centro y se frenó para saludarme, me
hizo consciente del aire sobre mi cara, del brillo del sol sobre mis ojos, de
mis músculos al sonreír, y de volver a sentir calidez en el corazón.
A partir de ahí comencé
a buscar la forma de volverla a ver, le hice un par de llamadas, le exprese la
alegría que me había dado encontrármela
después de tanto tiempo, y en cuanto pude
le dije que si no me permitía invitarla a tomar un café o llevarla a cenar,
ella me dijo que estaba muy ocupada y
que casi no tenía tiempo, pero justo cuando estaba por aceptar sus excusas, me
dijo que tal vez el miércoles tuviera la noche libre y que podríamos ir a algún
lado cerca del templo de San Antonio. Mi emoción era tal que desde el otro lado
del teléfono y por alguna extraña razón mis ojos dejaron caer un par de
lágrimas. Así que quedamos de vernos a las ocho del miércoles justo en la
puerta de la casa de la cultura para de ahí caminar y decidir a dónde ir.
III.
EL CAFÉ
Mis expectativas eran
pocas, yo supuse que solo iríamos por un café rápido, que hablaríamos un poco
sobre todo lo que había pasado en todo este tiempo, un recuento de nuestras
historias, y de pronto todo pasaría y sería como un sueño, pero yo estaba listo
para llevarme su sonrisa en mi rostro, la imagen de su cara para alegrarme los
próximos días. Afortunadamente no paso como yo pensaba, bueno con respecto a
que iba a ser un simple café exprés, pues cuando comenzamos a caminar, ella
dijo que tenía hambre y terminamos entrando a un pequeño local de comida
italiana, donde tomamos una cerveza, compartimos una pizza, y cerramos con el
pronosticado, café, pero lo mejor paso cuando pensé que se venía lo peor, justo
cuando estábamos comiendo la pizza yo tome mi cerveza y propuse un brindis, yo
no podía ocultar mi sonrisa, y alcanzaba a ver la suya, justo cuando estaba a
medio brindis, tratando de inspirarme desde los campos más románticos de mi
interior, se escuchó su teléfono, se levantó pidiéndome disculpas por
interrumpirme, y salió al cuarto contiguo, yo con la cerveza en mi mano, y
pensando que el destino me jugaba una mala jugada, decidí darle un buen trago,
escuche un poco lo que decía en el teléfono, pero sin importarme mucho y
pensando que ella ahora era una celebridad de la ciudad, que todos esos
concursos de belleza en los que estaba participando la convertían en alguien
inalcanzable para alguien tan simple y tan loco como yo. Le di otro trago largo a mi cerveza pero deje un poco,
solamente para no ser grosero y terminar con el choque de botellas pendiente y
brindar por que ella fuera muy feliz, con toda su belleza y con todo lo que
ella pudiera conseguir con eso.
A su regreso me pidió
disculpas y como si no hubiera pasado nada, retomo su sonrisa, lo cual volvió
de manera casi mágica a poner una sonrisa en mi cara, y dijo tomando su botella
en la mano, salud por los viajes, por la vida y por qué podamos seguir
viéndonos más seguido para compartir más pizzas y más comida juntos. Yo le di ese último trago a mi cerveza, y
aunque ya no estaba tan fría, su sabor me dio felicidad. Cuando dijo eso mi
mente lo primero que pensó fue en buscar el momento indicado para ponernos de
acuerdo para volver a verla, pero antes de que yo tuviera un plan, ella comenzó
a decirme que le habían hablado para ir a un evento de nuestra belleza el
siguiente sábado en el salón principal de la Alameda Central, justo cuando estaba listo para engalanarla
con mis palabras con respecto a su belleza, me preguntó si tenía planes para el
sábado, jamás me imagine que me estuviera invitando por lo que le dije que
normalmente cuando terminaba de trabajar salía a tomar una cerveza con los
amigos pero que en realidad no tenía ningún plan definido, sorprendentemente me
dijo si no me gustaría acompañarla a dicho evento; de inmediato le dije que
estaría encantado de ir con ella. Lo único que me pidió fue que me vistiera lo
más “fashion” y formal que pudiera. La
verdad es que en mi ropero yo no tenía nada formal y mucho menos “fashion”,
pero eso era lo de menos, había que estar listos para el sábado, sabiendo que
ese simple hecho haría que mi rostro conservara su sonrisa intacta por lo que
quedaba de la semana.
IV.
PREPARATIVOS
De regreso a casa esa
noche, me resultaba difícil creer que Frida me hubiera invitado a una cena
formal de un concurso de belleza femenina, cuando realmente yo no soy para nada
una persona que sepa desenvolverse en esos eventos, pero mis ganas de pasar el
tiempo junto a ella, me hubieran hecho ir a una cueva en medio de un volcán,
así que ahora tenía que cumplir con lo único que ella me había puesto como
condición, tenía que encontrar un atuendo digno; realmente mis conocimientos sobre moda eran
casi nulos, pues yo casi siempre vestía de manera extremadamente simple, mi
apariencia nunca me gusto que estuviera por encima de mi personalidad.
Afortunadamente mi hermano mayor, aunque tampoco es que este muy a la moda,
tiene ropa para ocasiones especiales, así que tuve que buscar algo en su
ropero, usar mi imaginación y sobre todo consultarlo con mi mamá y con mi prima
que es mucho más joven que yo. Pantalón de vestir negro rayado, camisa azul,
saco negro y un corte de pelo en barbería, la primera vez que yo me paraba en
un establecimiento de este tipo, yo solía ir a la peluquería de toda la vida
donde solo se sabían un par de cortes de pelo muy básicos, como el rapado con
la navaja del número dos, para atrás o el de honguito, cosas que desde mi época
ya parecían fuera de moda, pero en esta ocasión no podía ser así; en la
barbería, el cholo que tenía el rol de peluquero me dijo mientras masajeaba mi
cabeza: -a esa fiesta vas a ir con un corte de pelo y una barba bien fresh-. Al
principio me pareció un robo lo que me
cobró pues el corte de pelo era como el rapado con la navaja del número dos,
pero con un difuminado especial y la barba, era una barba retocada, que
fácilmente yo hubiera podido rasurar; pero bueno el dinero era lo de menos, el
disfraz también, lo que realmente me
importaba era ver a Frida, quien sabía que se iba a ver divina.
El viernes por la
mañana tuve que ir a una tienda un poco más lejana a comprar algunos insumos
del trabajo, camine un poco más de lo normal y pase justo por la puerta de mi
antigua escuela, me asome para inhalar una bocanada de buenos recuerdos, y proseguí mi camino. Justo en la puerta de la
tienda había tres jóvenes y una chica con el uniforme de la escuela, el
uniforme de las niñas era el mismo desde que yo era pequeño, cuando levante la mirada me sorprendió mucho
ver el rostro de Frida usando el uniforme, luego de enfocar bien me di cuenta
que no era ella, pero se parecía tanto que mi cerebro se asustó por unos
segundos; no era ella, pero se parecía, no sé si mucho o poco, pero lo que si
se, es que en mi cabeza estos últimos días, habitaba una hermosa imagen de una
carita hermosa y sonriente, una mirada donde se reflejaban las olas y una boca
que emanaba agua del cielo.
V.
HASTA QUE SE LLEGÓ EL SÁBADO.
Así, casi sin sentir
que el tiempo iba demasiado rápido, se llegó el sábado, yo estaba nervioso,
como si fuera a presentar mi examen profesional de nueva cuenta, con la ropa
que aunque no estaba mal, me hacía dudar si cumpliría con los estándares
sociales de un evento de belleza, con los zapatos que aunque no eran los más
fashion, si eran los más cómodos que había encontrado. Ese día tuve que salirme un poco antes del
trabajo para alcanzar a cambiarme, pasar
de ordinario y antifashion, a elegante y moderno. Me bañe, me peine y hasta me puse loción, le pedí el coche a mi
hermano y me fui directo a la Alameda, ahí nos habíamos quedado de ver a las
seis de la tarde, pues el evento
comenzaba a las siete. Durante el
trayecto, en uno de los altos en el tráfico, de pronto en el auto de al lado me
pareció ver a Frida, estuve a punto de saludarla con mi estúpida sonrisa
totalmente sorprendido de encontrármela, como si hubiera sido aquel día que la
había vuelto a ver, pero para mi sorpresa no era ella, no sé si se parecía o
mucho o si era mi imaginación volviéndome a jugar una ilusión de amor, en forma
de su tierno rostro.
Con todos estos dilemas
en la mente y los preparativos previos a la cita, no había tenido tiempo de
ponerme nervioso, fue hasta que estuve sentado en una banca de la Alameda que
me puse a pensar en lo que estaba sucediéndome, y por un momento, cuando el
reloj marcaba las seis con cinco minutos, comencé a pensar que era probable
que no llegaría, o peor aún, que todo
era una broma de mal gusto de mi subconsciente, que tal vez mi demencia había
llegado al punto en que había inventado esta cita; pero justo cuando mi cabeza comenzaba a
trabajar estas ideas, a lo lejos logre ver una silueta hermosa con el sol
metiéndose en el fondo, su piel y su pelo negro brillaban por encima del
vestido negro con lentejuelas que ella portaba, el vestido tenía un detalle en lentejuelas
rojas, que luego descubrí que eran una flor, llevaba unos tacones que la hacían
ver un poco más alta, y la hacían caminar con un porte de duquesa, en esos
momentos mis ojos no podían dejar de admirar su belleza, mi mente estaba en
estado de paz, y mis sentidos comenzaron a saciar su deseo. Conforme se fue
acercando comencé a percibir el olor de su perfume, mis ojos por momentos
batallaban para enfocarla en medio de ese paisaje paradisiaco que estaba
sintiendo, incluso cuando escuche que mencionó mi nombre, lo escuché como
entrecortado, como si fuera la voz que te despierta cuando estas soñando.
Cuando estaba frente a mí, me levante sobresaltado de la banca, y cuando le di
un beso en la mejilla y un pequeño abrazo, fue cuando supe que era realidad. No
hablamos mucho, pues solo me dijo que la siguiera que había que estar ahí cerca
para que no nos fueran a dejar fuera del programa. Yo no entendí que
significaba eso, pero no me importaba, yo seguía caminando a su lado medio
hipnotizado por el momento y sobre todo por su belleza tan mística.
Caminamos hasta el
salón, mi mente repetía continuamente: -pero que bella que es esta mujer-
aunque por dentro hacía un esfuerzo por responderle lo que me iba preguntando,
-si estoy bien, -me estacione aquí cerquita, -si te queda muy bien el vestido,
te ves hermosa, -si yo te llevo después si quieres, -no me encanta tu vestido,
y si la invitación decía vestido corto, es para que enseñes pierna, -gracias, es ropa que
ahí tengo en la casa y que casi nunca uso, -no, en realidad no es mi coche es
de mi hermano mayor, -si claro, yo sé que la vamos a pasar bien, ya estamos
aquí, así que ha disfrutar, -¿y qué, va a venir mucha gente?. Mientras hablaba
con supuesta naturalidad mi cabeza seguía diciendo, -que bella se ve, si el
vestido esta precioso, que cuerpo, que porte, es la mujer más elegante que va a
estar en el evento, por mucho y yo vengo con ella-.
Una vez dentro del
salón, vaya que había mujeres bellas, pero unas más plásticas, otras con un
cuerpazo, pero no tan agraciadas de la cara, pero si había una que sobresalía
no solo con su belleza, sino con su estilo y su porte fino era Frida. En fin, al
final yo era un ogro perdido en medio de un evento de princesas.
VI.
TIEMPOS DE BAILE
Una vez que tomamos
asientos pude distraer un momento a mi mente de pensar en ella, -Buenas noches, si aquí acompañando a la
hermosa Frida, muy bien, tomemos asiento-. Le retire la silla para que se sentara, y por
unos momentos mientras los organizadores le daban halagos a mi pareja, yo analizaba el tipo de evento, era un lugar
lleno de moda, lleno de medios de comunicación, destellos de luz por el flash
de las cámaras, de pronto alcance a escuchar -si él es mi pareja de hoy-, mi mente respondió, -ella es mi pareja por
esta vida, y con suerte, otras más-. Afortunadamente
los fotógrafos entendieron que yo no tenía por qué aparecer en las fotos y
tomaron varias de ella mientras hablaba, cuando llegó el mesero, -¿qué les
ofrezco de beber?- a lo que yo respondí con otra pregunta, -¿qué tienes para
ofrecernos?-, -vodka, tequila, ron-, justo cuando estaba por preguntar si había
algo sin alcohol, de pronto Frida dijo, -a mí me traes un tequila con agua
mineral y hielos-, -que sean dos por favor-. Una vez que nos trajeron las
bebidas, mire sonriendo a Frida, y le dije: - ¡Salute! Te agradezco mucho por
haberme invitado-. -Salud, y gracias a ti por haber aceptado la invitación, sin
siquiera preguntar de qué era el evento-. En ese momento me surgió una duda en
mi mente, ¿de qué diablos se trata este
evento?, le di mi trago al tequila, la mire a los ojos y sonreí ligeramente
para luego preguntarle, -y a todo esto, si es cierto, ¿de qué se trata este
evento?- Ella soltó una leve carcajada, levanto sus delineadas cejas, cerró los
ojos una vez, paso su lengua por su labio superior en un movimiento casi
imperceptible, y en voz muy bajita me dijo: -es el sacrificio que tenemos que
hacer para vivir de la belleza, asistir a estos aburridos eventos-, nos miramos
los dos con unas sonrisas que apenas entraban en nuestros rostros, -pero éste
creo que va a estar más divertido porque van a presentar varias escuelas de baile de la ciudad, y
algunos de otras partes del país-. –A baile, que buena onda- respondí, y si por
dentro estaba conforme con que hubiera bailes, aunque por un momento pensé que
sería lindo verla a ella bailar en alguna de las coreografías. Ella no iba a
participar en ninguna, pero mientras comenzaron los bailes, me estuvo platicando que le encantaba la danza
en muchas de sus expresiones, pero lo que más se bailaba en su familia, era
salsa, y que luego había aprendido
bachata. Recordé que hace algunos años
cuando conviví con Frida, en alguna ocasión me tocó verla bailar, y a su corta
edad ya tenía mucha presencia y bailaba con el cuerpo erguido y con mucha
elegancia, así que imagine que ahora que
había terminado de convertirse en una dama, verla bailar sería un deleite,
obviamente no le mencione que la recordaba bailando, para no parecer
obsesionado con ella, pero claro que recordaba incluso la ropa que llevaba puesta
esa tarde.
Mientras pasaban los
bailables, el flamenco, baile africano, tango, y otras danzas regionales, ella
y yo seguíamos platicando a gritos, la música sonaba fuerte, así que lo
hacíamos a gritos y acercándonos mucho el uno al otro; su aroma se convirtió en
un deleite sensorial, su loción combinaba de manera formidable con su olor y
hasta con su aliento, y cuando sonreía
parecía desprender un aroma más intenso. Yo cada minuto que pasaba la veía con
una sonrisa más grande al grado que por un momento no me cabía en el rostro, y
el pensar en lo linda que era ella, me hacía difícil el ejercicio de seguirle
la conversación. -y entonces ¿tu qué bailas?-
Me pregunto entre canción y canción, cuando hubo un poco de silencio.
–Pues no es que baile mucho, pero he tomado clases de salsa y así, pero fíjate
que este año me lesione la rodilla y me resulta muy complicado hacer ciertos
movimientos-. La verdad no sé por qué lo dije de esa manera, pero era una muy
buena forma de excusarme para no tener que bailar, que aunque yo sabía que
bailar con ella me haría sentir muy afortunado, pero mis pocas habilidades para
el baile me hacían sentir más tranquilo al tener la excusa para no tener que
hacer un ridículo en caso de que algún día tuviera la oportunidad de bailar con
ella. Ella sonrió y me dijo que estaba muy mal que me hubiera lesionado, le
explique que había sido en un juego de basquetbol donde se desacomodo mi rodilla y de ahí no
había quedado del todo bien, seguía haciendo ejercicio pero ya bajo un nivel de
exigencia mínimo.
Mientras hablábamos a
lo lejos noté que había una cámara y un reportero cubriendo el evento, los vi a
lo lejos y no les di mucha importancia, sobre todo porque estaba entretenido
intentando seguir el hilo de las palabras de Frida mientras admiraba su
belleza. Bebimos un par de tequilas más y de pronto se prendieron las luces de
las mesas, noté que la cámara estaba muy cerca de nuestra mesa, el maestro de
ceremonia comenzaba el discurso de agradecimiento para las, y los bailarines,
cuando en eso se acercó el reportero y comenzó a entrevistar a Frida, quien muy
desenvuelta comenzó a charlar, yo le veía la seguridad con la que hablaba y me
enamoraba más de ella, cuando de pronto noté que estaban hablando de los bailes
– si me encantó el tango, pero les falto una buena salsa.- dijo ella. El reportero se rio, también estaba hipnotizado
con su presencia, y su respuesta fue la siguiente: -y si pedimos una canción
para que usted y su compañero bailen.- En cuanto escuche esto mi cuerpo se puso
a la defensiva, pero no era momento para
quedar mal. –sí que nos pongan una salsa y se las bailamos.- replicó ella
sonriendo y mirándome. No puede ser,
pensé, no podía hacer el ridículo en medio de un evento de belleza en mi ciudad,
y menos habiendo medios de comunicación cubriendo el evento. Así que de
inmediato hablé conmigo mismo, tenía que hacer algo rápido, era momento de sacar
esa fuerza, esa magia que a veces uno no sabe de donde proviene. Frida se
levantó de su silla, le dio un trago a su tequila y me tomo de la mano, en esos
instantes que fueron solamente unos cuantos segundos yo le di un par de tragos
a mi vaso. Puse una sonrisa en mi rostro fingiendo que todo estaba bien, y
alentando la actitud de la mujer más bella que había en ese lugar. No quería
bailar, pero si ella me pedía que me aventara de cabeza del segundo piso, lo
haría, como no me iba a poner a bailar.
VII.
1, 2, 3, 4.
Cuando nos levantamos
nadie se había dado cuenta que íbamos a bailar, por un momento oré pro que todo
se cancelara, pero cuando apenas comenzaba la plegaria, volvieron a
prender las luces de la pista, que justo
hace unos minutos apenas habían podido descansar de brillar. Cuando estábamos
por subir a la pista tuve la genial idea, o estúpida idea, de decirle a Frida
que mi rodilla no estaba al cien, e incluso al entrar en la pista hice un
pequeño paso corto como para indicar que estaba lesionado, Frida me dijo -no te preocupes tú solo
sígueme el paso y yo hago el resto-. Antes de que comenzara la música, el
animador tomó el micrófono: - ¡Y con ustedes una mujer hermosa acompañada de su
pareja nos brindarán la oportunidad de seguir viendo bailes de calidad, y en
esta ocasión lo harán con música salsa, así que DJ pon la canción de salsa que
más te guste.!-
Yo estaba controlando
la respiración para no ponerme nervioso, comencé a pensar en aquellas veces que
fui a las clases con mi amigo y lo poco que había aprendido, pero de pronto se
apareció en mi mente la figura de mi amigo Edu, el africano con quien en un día
de copas habíamos terminado en clase de baile, su rostro viéndome fijamente
comenzó a decirme, - acuérdate de la postura, del ritmo, acuérdate de contar, uno, dos,
tres, cuatro, uno, dos, tres, cuatro-. Yo le hablaba a mis extremidades, trate
de adoptar una postura erguida para no lucir tan bajo al lado de ella y sus
tacones, pero sobre todo para estar a su altura en la pista.
Uno, dos, tres, cuatro,
repetía en mi cabeza, como calentando motores, uno, dos, tres, cuatro.
Frida me tomo de la
mano, puse la otra en su cintura y le volví a aclarar -acuérdate que yo voy a
ir lento por mi rodilla, pero tu lúcete-.
Seguía controlando mi respiración tratando de adecuarme a un pensamiento
que rondaba en mi cabeza, que era la cara adulterada por el alcohol de mi amigo Edu diciéndome, uno, dos, tres,
cuatro; uno, dos, tres, cuatro.
Cuando comenzó la
música, no lo podía creer, sonaba Ruben Blades, y los primero acordes me dieron
a entender que era mi canción favorita “La
Chica Plástica”, una elección
bastante extraña por parte del DJ pues no es la canción más famosa de ese
cantautor panameño. Cerré los ojos un segundo, pensé que en este caso no
bailaba con una chica plástica pues estaba bailando con la belleza más pura y
real que jamás hubiera podido imaginar. Recordé haber bailado esa canción yo
solo en mi cuarto, en los tiempos que fui a clases con mi amigo, y con los ojos
cerrados dejé que la música invadiera mi cuerpo y comencé a moverme, fije bien
mis manos, la izquierda sobre su mano, y la derecha sobre su cadera, revise mi
postura, respire un par de veces y la mire a la cara. El brillo de su sonrisa
me dio valor, y el encontrar el horizonte en su mirada me marco el paso. Uno,
dos, tres, cuatro, uno, dos, tres, cuatro, cara sonriente e incluso intentando
un par de trucos aprendidos en las clases, ella se movía, daba vueltas, se me acercaba, se alejaba, yo incluso en
algún momento comencé a aplaudir cada que llegaba al dos y al cuatro, uno,
aplauso, tres, aplauso, uno, aplauso, tres, aplauso, mientras ella me daba vueltas, cada que
regresaba mi mano derecha la volvía a frenar tomándola por su cadera con toda
la pasión, uno, dos, tres, cuatro. Sentía el sudor escurrir por todo mi cuerpo,
pero no podía ni limpiarme las gotas que caían por mi frente, pues no quería
perder el ritmo, uno, dos, tres, cuatro. Fueron como seis minutos de baile, por
momentos el baile parecía eterno para bien y para mal, para bien porque el
verla bailando a nivel de pista era un espectáculo único, pero mal, porque
sabía que verme bailando también podría ser un espectáculo, pero tal vez más
cómico; su sonrisa y su mirada, conjuntamente con la presencia de Edu
diciéndome, uno, dos, tres, cuatro, me metieron en una sintonía de cortejo que
poco a poco fue abriendo en mi un nuevo túnel de goce, uno que nunca había
recorrido. Uno, dos, tres, silencio,
Frida giró hacia mí, y me apretó el cuerpo contra el suyo de una manera que yo
nunca hubiera soñado, paso su rostro rosando el mío; y mientras yo seguía
contando, ella me iba demostrando que el amor es bailar.
VIII. NUESTRA
BELLEZA
Aplausos y luz en la pista, abrazo de Frida
levantando su pierna izquierda y reclinándose sobre mi cuerpo. Nuestras
sonrisas eran hermosas, el sonido local, -Un fuerte aplauso para Frida-. Quedó perfecto que no supieran mi nombre, y
que el crédito quedará solo para ella; por dentro estaba excitado de saber que no
había hecho el ridículo, y que por el contrario había vencido uno de mis más
grandes pánicos escénicos y todo, por amor. Comenzamos el regreso a la mesa
entre aplausos, Frida paso junto al sonido y mientras sonaba Pedro Navaja, …”la vida te da sorpresas,
sorpresas te da la vida”…ella me dijo al oído, -que mala onda que no dijeron tu
nombre, deja voy a decirle para que te mencionen-. Le dije -no te preocupes
Frida, yo no quiero más reconocimiento que haber bailado contigo-. Me sonrió y
me tomó de la mano y así tomados de la mano volvimos a la mesa. Yo no dejaba de
sudar, y el trago de tequila que había dejado en la mesa me supo a manantial
refrescante, -toma la servilleta, para que te limpies el sudor- me dijo, le agradecí
y en cuanto deje de sudar me acerque, le pase el brazo por su hombro, ella
recargo su cabeza contra mi brazo y puso su mano en mi pierna.
-Salud por los viajes,
por la vida y por qué podamos seguir bailando juntos- dijo ella. Ese pequeño
sentimiento de calor que sentía dentro de mí, volvía a ser amor, amor de ese
que te vuela la cabeza y te hace hacer estupideces, que te ciega y te puede
dañar, pero ese al cual no puedes escapar, ese calor provocado al sentir la
semilla germinando, esa sonrisa interna
y permanente, ese nuevo túnel de goce.
Esa noche cuando
volvíamos por la Alameda juntos, nos besamos en medio de un silencio, que no
era para nada un silencio, más bien un concierto de la noche, tan mágico que en esos momentos
el mundo se paralizo, las estrellas brillaron, e incluso algunas se cayeron de tanto amor permitiéndonos pedir un deseo;
las flores de las enredaderas emanaban un olor que yo puedo recrear cada vez
que pienso en ese túnel que recién abierto. En medio de los besos, en mi cabeza
solo habitaba una sola cosa: uno, dos, tres, cuatro, uno, dos, tres, cuatro; y
a ese ritmo fue que sembramos esa pequeña semilla de luz, que se habría de
convertir en la más maravillosa historia de baile y de amor.
SR. David Herrera Mayo
2021.
“La vida es un gran baile, y el mundo es un salón”
Café Tacvba.