viernes, 2 de febrero de 2018

EL TIEMPO PASA, LAS MEMORIAS PERMANECEN.


*Fragmento del Diario.


Martes 2 de Febrero, 2016.

“ECUADOR REGION DE LA LUZ EQUINOCCIAL".  Este pequeño país equinoccial, situado en la mitad del mundo, no sólo acoge en su seno a un universo de muchas facciones, sino que por la gran riqueza de sus pisos ecológicos, presenta a distancias muy cortas una asombrosa diversidad geográfica.”

“El Shuar: Hombre-Naturaleza: “Hubo un tiempo en que todos los vivientes eran humanos, pero por su comportamiento bueno o malo, Arútam les convirtió en diferentes animales y plantas, por eso los consideramos hermanos.”
“Esta exposición es un llamado a reflexionar sobre la necesidad del respeto a la diversidad, la cosmovisión de los demás, las manifestaciones humanas distintas de las nuestras ; haciendo realidad el principio de que nuestro país es un conglomerado multiétnico y pluricultural.”

“Dicen que somos pasados, sin pensar que somos presente, dicen que vivimos en estas tierras, como si ya estuviéramos muertos y estamos con vida. Vivo dentro de ti y no lo sabes, hablas mi lengua y no me ves, soy tu hermano y no me aceptas, soy tu padre, tu madre y tu abuelo y me discriminas” Marcos Ibañez.
“La pachamama está enferma, nosotros la estamos destruyendo y matando ahora necesita de nuestro esfuerzo para equilibrarla y remediar lo que hemos hecho. Somos cada vez más materialistas pero gracias al Gran Espíritu que ha tocado el corazón de ciertas personas, entendemos que parte fundamental de nuestras vidas es la naturaleza, que nuestra vida depende de la naturaleza.” Uwishin Ricardo.
“No existen seres inertes, las piedras tienen samay –energía-; hablamos con ellas para percibir el mensaje de estas abuelas.” Mama Delfa

El plan para el día, era ir a las Cajas, pero a final de cuenta cuando estábamos desayunando nuestros huevitos decidimos mejor ir al museo Pumapungo y regresar a trabajar un poco en la tarde, fuimos muy emocionados por ir a conocer las ruinas Incas de ese lugar, de entrada caminamos  por el río hasta llegar al museo, allí nos registramos solamente, pues no cobraban ese dìa, y comenzamos el recorrido primero por una sala donde se hablaba de artesanías hechas en barro, luego en ese mismo piso había una exposición de pinturas modernas, y una de máscaras, en el segundo piso estaba unas salas que hablaban de las distintas etnias que habitan en el Ecuador, desde la costa, la sierra y la selva, los Shuar que son los que hacen las cabezas chiquitas de sus enemigos y las portan como trofeos, allí había algunas cabecitas con su pelo largo, luego había una sala de chamanes donde había muchas frases dignas de ser recordadas así que les tome fotos y anote algunas de ellas, las que más me gustaron, al comienzo de este día en el diario. Luego salimos del museo y nos dirigimos a la zona de las ruinas, de entrada tienen un parecido a Tlatelolco pues aparte de estar dentro de la ciudad, tienen un parecido en las rocas y la forma de las construcciones. Después de salir de esa pirámide, comenzamos a caminar por el sendero del parque, de inmediato nos encontramos con una rinconcito con una pequeña laguna que estaba llena de llamas las cuales estaban amarradas y estaban alimentándose. Allí comenzamos a notar la gran diversidad de flora y fauna del lugar, con una inmensa cantidad de flores de distintos tipos, con magueyes, cactus, nopales, árboles frutales, cacao, palmeras, abejas y colibrís que delicadamente comían de las flores, otros insectos raros, y pájaros con pico amarillo. Hasta que llegamos a un estanque donde nos tocó presenciar a una familia de patos, donde el papá pato estaba bastante feo y tenebroso, pero los patitos eran hermosos y entraban y salían del agua, luego vimos otra especie de patos pero muy raros con tonos azules y grises, en eso estábamos cuando nos regañaron los de seguridad que no se podía estar en el estanque, luego yo intente tomar una foto y me sacaron tarjeta amarilla, así que decidí ya no hacer nada indebido. Posteriormente seguimos caminando hasta que llegamos a la zona del aviario done de entrada nos encontramos con un bellísimo tucán, con loros cabeciazul, loro piquirrojo, perico frentiescarlata, gavilanes, perico caretirrojo, guacamaya roja, guacamaya azul, pava barbada, loro albibronceado que parecía un pingüino, águilas, entre otros….., estaban en cautiverio pero en jaulas que aunque no eran muy grandes si tenían mucha naturaleza y donde todos los animales tenían compañía y estaban en muy buen estado. Posteriormente seguimos caminando por un túnel hecho de plantas y luego subimos a unas escaleras para volver a la cima donde estaba el museo, salimos de allí y regresamos al hostal, antes pasamos por unas empanadas y yo me comí un bolón de chancho, en el local “el ají” estaba muy rico. Luego descansamos unos cuantos minutos y decidimos salirnos de una para alcanzar a trabajar un rato antes que nos cayera la noche y esperando que no lloviera, fuimos a comprar paletas y comenzamos a vender, en algún punto la lluvia parecía que comenzaba pero solo fue un susto, ya cuando estábamos por terminar nos encontramos con nuestra amiga argentina la Chuky, luego fuimos a comprar algo para hacer de comer, comimos un arroz con pollo, y cuando estaba preparando llego Carlos nuestro amigo que conocimos en Quito y que es de Cuenca, estuvimos platicando con él hasta que ya nos dieron las once de la noche y él se regresó yo me metí a bañar y luego a dormir, no sin antes lavar un cambio de ropa en caso de que se ocupe próximamente.


Escrito por David Herrera González.

UN VIAJE AL SUR.


UN VIAJE AL SUR.

Aguascalientes, Ags. 5 de Mayo, 2015. 

PREVIA.
Mi nombre es David Herrera González, tengo 31 años, originario de esta pequeña pero hermosa ciudad de Aguascalientes. Aquí he vivido casi toda mi vida, solamente he dejado el nido un par de lapsos en mi vida, la primera cuando me fui a estudiar la carrera a Monterrey, y la segunda cuando tuve la oportunidad de ir a Irlanda a cursar una maestría. Desde el 2010 cuando volví de Irlanda me he radicado en Aguascalientes, donde he trabajado todo este tiempo, pero ahora tengo un plan que va a representar un cambio muy drástico en mi vida, pero que estoy convencido que es una oportunidad que no puedo dejar pasar por que vislumbro un crecimiento personal en muchos ámbitos.  El plan del que les habló es el de realizar un viaje para recorrer y conocer la mayor cantidad de lugares de Latinoamérica. El próximo 19 de mayo, saldré acompañado de Luis mi amigo de la infancia, nuestra primera parada es todavía dentro del territorio mexicano, en Chiapas, quedarnos un tiempo en San Cristóbal para ir adaptándonos a una vida diferente y luego emigrar rumbo a Centroamérica, siempre con la confianza de que todo salga bien para luego poder adentrarnos hasta Sudamérica.  Tanto Luis como yo, estamos plenamente mentalizados a hacer este viaje desde hace ya más de un año, hemos estudiado idiomas y algunos cursos que nosotros creemos que nos van a ser de utilidad en el viaje, como el de Bar ténder.
Desde muy joven he tenido una complicidad muy íntima e interesante  con la escritura, desde ese entonces he ido acumulando libretas y archivos de Word con mis escritos, pensamientos, poesía libre, pequeños cuentos, y unos cuantos diarios sobre algunos viajes que he realizado con anterioridad. Hoy en día una de las principales motivaciones que me llevan a realizar este viaje es poder darle rienda suelta  mis pensamientos e intentar plasmarlos por medio de la escritura, a través de historias, cuentos, anécdotas, pensamientos, poesías y también con un diario de viaje, donde pueda ir plasmando nuestras aventuras en esta curiosa travesía.
También estoy pensando escribir columnas periodísticas donde yo pueda ir contando situaciones relevantes, me gustaría intentar sacar a la luz una columna a la quincena o al mes, por lo cual me gustaría encontrar la forma de poder hacerlo llegar a mis amigos y conocidos, no solamente en Aguascalientes, si no de todas partes, así como a las personas que vaya conociendo y que en más de una historia también puedan ser protagonistas  de la misma.
Por medio de la escritura de este tipo de documentos quisiera mantener un nexo con la gente que quiero, para que sepan cómo les va a este par de hidrocálidos en esta aventura donde todo puede pasar.
Espero poder llegar hasta ustedes por este medio, y si alguien me puede ayudar para que estos textos se publiquen también estaría muy agradecido.

Atentos saludos de su seguro servidor y amigo.
David Herrera González.

lunes, 15 de enero de 2018

111. LATINOAMERICA CON EL PUÑO ARRIBA





LATINOAMÉRICA, CON EL PUÑO ARRIBA.


 La tierra no le pertenece a nadie, está para que todos la cuidemos. Para que derribemos muros y fronteras, y para dejar que nuestra esencia fluya libremente.


Después de haber recorrido 17 países de Latinoamérica, tranquilamente me atrevo a decir que mi inquietud por conocer nuestros orígenes me ha llevado a comprobar, en la práctica, que constituimos una misma especie desde México hasta la Isla de Tierra del Fuego. Somos seres con un pasado semejante, del cual hemos adoptado costumbres y tradiciones, pero con un ingenio y colorido particular en cada país.
En todas estas naciones hay gente que enaltece esa esencia del espíritu latinoamericano. Héroes anónimos de la vida diaria, como la abuela, quien cansada por la vida, todavía tiene tiempo de preocuparse porque los nietos cenen algo antes de irse a dormir. Como aquellas madres que trabajan y todavía se dan el tiempo de educar a sus hijos con valores y con amor. Como esos niños que, inocentemente, juegan con lo más simple, son tiernos, bien educados, y quienes a la hora de la cena hecha por su abuela, dejan todo lo que están haciendo para sentarse en la mesa a comer mientras ven en el televisor el programa del Chavo del Ocho, ellos comen una comida sazonada con amor, que durante toda la vida les va a traer gratos recuerdos.
Así hay muchos otros ejemplos de heroísmo: la señora de la verdulería que siempre atiende con una sonrisa, el tipo rico que adopta un perro callejero y lo convierte en parte de su familia, el artista que tiene la capacidad de retratar nuestra identidad inspirándose de la vida misma como elemento de creación. Héroes de todos los tamaños y todos los colores.
Gente buena y gente comprometida con el mundo, y con la felicidad: el señor que le perdona unos pesos al niño para que alcance a comprar sus dulces o el maestro que se esmera en que los niños aprendan cosas de provecho. El joven que recoge una bolsa en la calle para llevarla a la basura o aquel que se lleva su bolsa de plástico cuando va a caminar por la playa para ir recolectando desechos de donde no deberían estar.
Héroes que plantan árboles y cultivan huertos, mención especial a las manos  que después de cosechar los ingredientes cocinan el maíz, el frijol y el resto de los componentes para convertirlos en magia para el paladar.
Héroes los que ayudan a sus semejantes, los que comparten dinero y pertenencias con los demás, los que hospedan gente en su casa, los que regalan un plato de comida al hambriento…
Héroes, aquellos que ocupan sus automóviles para levantar gente en la ruta.
Héroes aquellos que cordialmente responden un saludo. Aquellos con la capacidad de crear una amistad verdadera en tan solo un simple intercambio de palabras.
Una especie que demuestra el amor a través de la comida y el buen diente. Gente linda la que un día de fiesta brinda por los demás con el corazón y la botella en la mano.
Héroes los que se aman y se entregan al amor en todos los sentidos.
Héroes los que tocan el folclore del pueblo convertido en música, creando ritmos que cadenciosamente mueven la sangre de nuestros cuerpos.
Héroes los que viajan para conocer la tierra para aprender  de ella y con ello sacar provecho de sus orígenes, así como de su biodiversidad

“Qué dicha”, decía la abuela. “De ser latino y de tener candela por sustento”.


Pena da la contraparte: gente abusiva, políticos ricos, chupa medias y enfermos de poder, policías mediocres y corruptos que para nada son comprometidos, pues se venden por unos pesos, sinvergüenzas modernos que se hacen pasar por nuestra autoridad. Soldados, mucho más comprometidos con el narco que con el bienestar del pueblo. Gente que mata, gente que maltrata. Gente que perdió la sensibilidad sin ser doctor, gente que no le duele tener que ver a un niño ponerse a trabajar o buscar restos de comida en la basura porque muere de hambre. Malandros y parásitos de la sociedad, que no hacen más que dejarse influenciar por los medios de comunicación para llevar una vida mediocre basada en tener o aparentar tener “dinero”. Triste que piensen así, pues queda claro que la felicidad no va relacionada con el dinero, antes está la vida misma, la Madre Tierra (Pachamama), la familia y los amigos. Mucho antes que lo material está el corazón del latino que late muy fuerte y que sigue luchando por mantener en pie de lucha a esos héroes.

Latinoamérica unida por ellos, aquellos que ayudan al que lo necesita sin pedir nada a cambio, unida por el corazón, que cuando emite sus latidos hace vibrar en conjunto todo lo que encuentra a su paso, creando con ello una mágica herencia de lo que somos: Latinos, una raza muy especial.



Escrito por David Herrera González.

 Agosto de 2017.







                                                              



El viejo de los caminos.



El viejo de los caminos.

Cada camino lleva a un destino diferente.

Todo sucedió aquella noche en que volvíamos de Guatemala. Cuando comenzaba a ocultarse el sol, estábamos cruzando la frontera,  veníamos algo cansados después de haber ocupado por última vez esos peculiares buses de escuela pintados al estilo “Guatemala”, ese genuino medio de transporte que funciona, pero que lo hace en una línea muy paralela al caos.  Luego de un par de trasbordos llegamos a La Mesilla, frontera con México, cruzamos migración sin ninguna novedad y tomamos un taxi a Ciudad Cuauhtémoc en Chiapas. La idea era, una vez llegando, tomar un autobús hasta San Cristóbal de las Casas para luego viajar a Tuxtla Gutiérrez, pero por cuestión de precios y horarios terminamos tomando una combi mucho más barata que iba hasta Comitán, un pueblo intermedio, desde donde podríamos seguir intentando conectar otro transporte con el objetivo de llegar a dormir a Tuxtla. Como yo ya conocía con anterioridad Comitán, le dije a Johana que era una buena opción seguir avanzando y que estaba seguro que ahí encontraríamos más opciones para viajar; también en una forma de quedar bien con ella, le hablé un poco sobre el misticismo que yo sentí la vez que caminé sobre la plaza del pueblo, en medio de una manifestación encabezada por gente indígena.
Una vez convencidos de que era lo mejor, caminamos hasta la terminal de las combis (o colectivos) donde nos indicaron cual era la que debíamos tomar. Nos acercamos a preguntar. El ayudante del chofer nos dijo que eran setenta y cinco pesos de cada uno y que salíamos en cinco minutos pues con nosotros dos se completaban los asientos.  Recuerdo que al subir tomamos los asientos de atrás, y de inmediato se acercó el chofer, un tipo alto y moreno, quien saludó  y prendió el motor, unos veinte minutos antes de las ocho estábamos saliendo.  Yo venía algo cansado por lo que de inmediato comencé a buscar la forma de acomodarme para dormir una siesta, batallé para encontrar alguna posición cómoda, bajaba el asiento, lo subía, me acomodaba de un lado, del otro,  me recostaba, me quitaba el abrigo, lo usaba de almohada,  en eso estaba cuando de pronto Johana me señaló que mirara por la ventana,  giré de inmediato y al voltear me encontré con una enorme llamarada en medio del campo, no estaba tan cerca del camino pero a lo lejos se veía el contraste de la noche con el fuego, creando un panorama que, de primera impresión, me pareció hermoso pero conforme fuimos avanzando, noté que el fuego seguía y seguía,  estaba consumiendo un sembradío enorme. Avanzamos un buen tramo y el fuego parecía  no tener fin. Luego de unos instantes comencé a sacar conclusiones sobre  lo que estaba viendo, pensé que podría ser que simplemente estén preparando el terreno para cultivarlo de nueva cuenta, o tal vez sea un incendio ocasionado accidentalmente, o incluso un ritual indígena; pero la cantidad de fuego era tal, que no terminaba de convencerme con ninguna explicación. Cuando comenzaba a dejar de atormentarme buscando una solución y volvía a sentir que los ojos me pesaban como para quedarme dormido, de pronto el fuego terminó poco antes de entrar a un pequeño pueblo, uno de eso típicos pueblos que hay sobre el camino, con restaurantes sobre la ruta, lleno de camiones y tráileres estacionados. En ese lugar el chofer tuvo que reducir la velocidad, pues había que pasar una serie de topes, por los brincos que dimos con cada tope yo no terminé de conectarme con el mundo de los sueños. En uno de ellos de pronto el chofer frenó por completo y escuché que alguien de afuera le comenzó a decir algo. Al principio yo  no le di ninguna importancia, hasta que vi que el chofer comenzaba a exaltarse, en ese momento me asomé para ver con quién estaba hablando, podía ser un policía, un indígena, un vendedor, cualquier cosa, pero lo único que pude ver fue a una persona bajita, con sombrero de paja. Por su simple silueta me hizo pensar que era un viejito; yo no entendía cómo un anciano le estaba causando tanto enojo al chofer. Cuando intenté prestar atención a lo que hablaban me di cuenta que lo hacían en totzil (un dialecto propio de la zona),  por lo que no entendí nada, pero la pelea verbal era tal que daba la idea de que ambos estuvieran borrachos, hasta que después de varios gritos el chofer comenzó a golpear el volante, mientras el viejito continuaba gritando. Cuando todos comenzábamos a incomodarnos, de pronto el chofer subió su ventanilla y arrancó a toda velocidad, brincó los últimos topes haciéndonos saltar a todos los pasajeros.
Arriba del colectivo todos comenzamos a gritar, pero al chofer parecía no importarle nada, iba a todo lo que daba el velocímetro. Su ayudante, algo asustado, intentó calmarlo:
 – José que le pasa! Bájeleeee! José, por favor bájele, José, José…!
Adentro de la combi todos íbamos asustados, unos gritaban, la señora rezaba, Johana comenzó a llorar, y yo volteaba para todos lados, sin saber qué hacer, las maletas comenzaron a caerse sobre nosotros; por más que gritáramos que se detuviera, el chofer parecía estar poseído, pues no escuchaba y su pie estaba dispuesto a matarnos a todos por la forma en que pisaba la palanca; tomamos unas pendientes e incluso alguna que otra curva no muy pronunciada, pero a la velocidad que íbamos corríamos el riesgo de salirnos del camino. Yo estaba comenzando a contemplar que eran mis últimos instantes de vida, sentía mi ritmo cardíaco demasiado acelerado. En eso estaba cuando súbitamente el conductor se frenó a medio camino, apagó las luces del vehículo y dijo:
-¡Bájense todos ahora, la combi está dañada! Y reiteró en un tono endemoniado: - ¡Bájense!
 José, el conductor, salió, rodeó la combi y abrió la puerta para que saliéramos, algunos pasajeros bajaron de inmediato pero, otros nos resistíamos a quedarnos allí en medio de la nada sin ninguna explicación. Yo me percaté del cambio que había tenido en su semblante el chofer, de ser un tipo común y corriente que hacía algunos minutos nos había atendido con una sonrisa al subirse al vehículo, ahora era un demonio y no solamente eso, sino que además era un demonio enojado. Yo alcancé a ver cuándo abrió el cofre para buscar algún tipo de herramienta, su cara seguía teniendo ese semblante de locura.
Yo estaba asustado. Johana sentenció que lo mejor era bajarnos. Yo le tomé la palabra.
Levantamos nuestras maletas y comenzamos a caminar; todavía algunas personas no se querían bajar, hasta que el chofer tomó lo último del equipaje para aventarlo lo más lejos posible, y luego terminó de correrlos a empujones, el último en irse fue su ayudante. Todos nos separamos un poco de la combi pero seguíamos esperando que alguien nos explicara algo, hasta que vimos como el chofer abrió el depósito de la gasolina  y sin pensarlo, arrojo un cerillo encendido,  en unos instantes la combi comenzó a prenderse, en medio del caos y sin saber que hacer, grité a todo pulmón al mismo tiempo que comencé a correr:
- Va a explotar!  Va a explotar!
Sin pensarlo dos veces salimos corriendo sin dirección alguna, solamente con el objetivo claro de dejar atrás la combi. Yo al arrancar tomé de la mano a Johana -por instinto más que para quedar bien- y salimos a toda velocidad, en algún punto cruzamos la carretera aprovechando que no pasaban autos, seguimos avanzando hasta el punto en que sentimos que ya estábamos lejos del peligro. Allí nos frenamos, Johana y yo volvimos a cruzar miradas después de mucho tiempo, fue sólo un instante, pues de inmediato nos intrigó ver qué había pasado con la combi y más que nada, con el chofer. Para cuando volteamos notamos que la combi estaba completamente en fuego y que a un lado se distinguía todavía la silueta del chofer. Cuando estaba por volver a cruzar miradas con ella, se escuchó un estallido monumental, nos agachamos y el olor a quemado se hizo sentir de inmediato. Desde donde estábamos parecíamos estar a salvo pero no podíamos -ni queríamos- quedarnos allí, por lo que comenzamos a caminar hasta el pueblo, sabíamos que no era muy lejos, aunque como ya era noche podría resultar peligroso. En un punto yo giré mi cabeza rápidamente para observar el estado de la combi, lo que vi fue una llamarada inmensa, muy semejante a lo que había visto hacía sólo unos minutos en medio de la maleza. Luego de unos minutos llegamos al pueblo, poco a poco nos fuimos encontrando con el resto de los pasajeros, era fácil identificarnos pues la cara de miedo y de incredulidad reinaba en todos nosotros. Como era de esperarse, el último en llegar fue el ayudante del chofer, el pobre llegó con un semblante completamente pálido, apenas podía articular palabras, le temblaba la voz. Después de unos instantes logró calmarse, hasta que por fin pudo decir unas palabras:
- Fue un pacto con el Chamuco. Venía por todos nosotros pero José nos salvó.
Todos con cara de incertidumbre. No entendíamos cómo alguien que de pronto tuvo una actitud  tan endemoniada, había sido nuestro salvador. El chico agregó:
- José no nos quiso entregar al demonio, al final el Chamuco sólo pudo llevárselo a él.
En ese momento comenzamos a entender lo que decía el muchacho. Todavía con los nervios y la adrenalina de punta, uno de los pasajeros sugirió ir a denunciar a la policía, a  lo que el chico respondió:
- Aquí los dioses y los demonios son la policía, no hay más. Miren, yo aquí traigo el dinero que pagaron, se los devuelvo y se van en la próxima combi que pase. No se les vaya a ocurrir intentar ir a la policía, porque ellos se dan cuenta de todo, y de preferencia nunca vuelvan a pasar por este camino, pues hoy más que nunca, me queda claro que son territorios malditos. Aquí gobierna el lado obscuro, y cuando algo anda mal ya vimos lo que pasa.
Johana y yo al escuchar eso comenzamos a caminar, fuimos a comprar un bote de agua, pues teníamos la boca seca, y sin querer nos separamos del resto de los pasajeros. Para cuando  fuimos a la terminal de los colectivos ya no vimos a ninguno, suponemos que por lo asustados se fueron de inmediato. Nosotros tomamos una combi de nueva cuenta a Comitán. El trayecto fue raro, yo ya no podía dormir, sólo volteaba por la ventana y veía las enormes llamaradas que había en el camino,  mientras rezaba que no volviera a aparecerse el viejito del camino. Después de una hora y media que transcurrió en completa calma, llegamos a Comitán.
De la terminal caminamos hasta la plaza principal, pues el hostal donde yo me había quedado un par de años antes estaba a tan sólo unas calles de la catedral. Pedimos un cuarto por una noche,  yo me metí a bañar mientras que Johana aprovechó para hablar a su casa. Cuando salí a colgar mi toalla en la azotea divisé a lo lejos una densa capa de humo que casi imperceptiblemente se combinaba con unas nubes rosas cargadas de agua. De primera instancia me pareció que era simplemente el humo producido por el calor de la leña que salía de las humildes casas ubicadas en el bosque, pero cuando le hice ver a Johana ella insistió en que era el humo del fuego que habíamos visto a lo largo del camino. En ese momento decidimos olvidarnos un poco de eso e ir a comer algo antes de regresar a descansar al hotel.
A tan sólo unas cuadras encontramos unos tacos y luego yo me atrasé un poco, pues quería fumar un cigarro para terminar de tranquilizarme. Me fui a una banca a las orillas de la plaza y lo encendí, no llevaba ni medio cigarro en que se me acercó un hombre, de esos que vagan por las noches sin un rumbo, a pedirme uno, se lo di y eso bastó para que se sentara junto a mí a platicar. Me preguntó de dónde era y luego comenzó a hablarme sobre los indígenas, me dijo que eran muy salvajes y que por eso él no se metía con ellos. En un momento se detuvo y me miró fijo a los ojos, me preguntó si mi plan era quedarme en Comitán, yo le respondí que sólo pasaría la noche y que en la mañana salía rumbo a Tuxtla. Aún con su mirada puesta en mí y con una voz aliviadora me susurró:
- Aquí veneran al demonio, por eso son tan salvajes. Yo le recomiendo que en cuanto termine su cigarro se largué de aquí.
Agradecí su consejo, pero yo ya estaba cansado de sentir que la vida se me quería ir, por lo que me despedí de él con un apretón de manos y volví al hostal. Le conté a Johana la conversación con el señor, ella me dijo que quería terminar esa pesadilla por lo que, al siguiente día, al llegar a Tuxtla se tomaría un avión directo a la Ciudad de México para de ahí,  volver a su país.
Esa noche dormí como una piedra. Al siguiente día, a las ocho de la mañana tomamos un colectivo hasta Tuxtla, me despedí de Johana, ella tomó un taxi rumbo al aeropuerto y yo me fui a una cabina telefónica para comunicarme con una amiga que vivía allí.  Johana no ha vuelto a pisar México desde entonces, y yo, aunque sigo viajando regularmente, nunca más he vuelto a pasar por ese camino, no vaya a ser que mi presencia vaya a incomodar a los demonios.

Diciembre 2017.