El jugador número trece.
Dicen que los alemanes son fríos,
esa tarde el entrenador de la selección nacional, Mr Wagner fue calidamente
frío, como el hielo derritiéndose.
Corría el minuto 68 del último
partido de la primera fase, de pronto un fuerte impacto entre el delantero
Schmidt y el portero suizo Kaufmann, al ir a disputar un centro a la zona del área, ambos
con toda la fuerza y ambos sin notar al otro jugador. La rodilla del guardameta
impacto directamente la cabeza del delantero, a pesar del ruido del estadio,
hasta la banca se alcanzó a escuchar el impacto, como si golpearas una piedra
contra otra, el jugador quedó inconsciente de inmediato, las asistencias
corrieron al campo de juego, lo
inmovilizaron y tardaron varios minutos extremando precauciones. Dentro
del estadio hubo un silencio horrible, se escuchaba un murmullo similar al de
una iglesia, en algún momento el entrenador Wagner quien no era para nada
religioso, pidió a los miembros de la banca que se acercaran en un círculo
junto a él, se hincó y le pidió a Müller que dijera algo, uno a uno se fueron
hincando y el veterano hizo una especie de plegaria por su compañero. Mientras
tanto en el terreno de juego los doctores subían al lesionado a la camilla, se
escucharon unos aplausos que se entrelazaron con ese silencio sepulcral,
creando una sensación de optimismo. El entrenador fue hasta la orilla del campo
para darle ánimos a su jugador, pero al intentar acercarse se dio cuenta que
iba completamente inconsciente, incluso la cabeza le quedaba suelta, se movía
para un lado y para el otro. El entrenador hizo el cambio para sustituir al
lesionado. Todavía quedaban algunos minutos para conseguir el gol que les diera
la victoria, por lo que su decisión fue con tintes ofensivos. No habían pasado
ni 10 minutos que se había reanudado el juego cuando de pronto se acercó un
para-médico a uno de los asistentes del equipo alemán, el señor Wagner de
inmediato sintió un soplo de aire en su interior, respiró profundamente y se
acercó a preguntar qué pasaba. Su cara, como se percibió en la transmisión
televisiva, de inmediato cambió de semblante y comenzó a llorar, en eso la
pelota salió del campo cerca de las bancas. El entrenador Wagner quien se había
sentado en el pasto a la orilla de la cancha, pidió un time out, y aunque en el
fútbol no se usa esa regla, comenzó a llamar a sus jugadores, todos se
reunieron en torno a él, quien con palabras entrecortadas les dijo, nuestro
Schmidt está muerto, así que vamos a hacerlo por él, vamos a ganar, tenemos uno
más que ellos, tenemos doce almas más el publico, jugandose la vida en la cancha, así que
dejen que meta el gol. Con lágrimas en los ojos, dio unos aplausos muy fuertes,
los jugadores se abrazaron, y en un mar de lagrimas regresaron al campo. Dos
jugadas después estuvieron muy cerca de meterla pero una barrida defensiva
evitó que golpearan a la portería. El partido seguía empatado al minuto
noventa, pero el gol no llegaba, el entrenador seguía tendido en el suelo y viendo
el partido con lágrimas en los ojos. El árbitro agregó ocho minutos para
compensar todo lo que se había perdido con la intervención médica de Schmidt.
Fue al minuto noventa y seis que Weber el jugador que ingreso de cambio,
cabeceo un despeje, que le quedo al mediocampista, quien alargo a la banda, el centro
regreso y fue rechazado por un defensa, Weber desde afuera del área la prendió
como venía con toda su fuerza, el balón hizo un chanfle extraño, se abrió a un
grado en que parecía que se iba desviada, pero de pronto como si una corriente
de aire ayudará, el balón comenzó a girar de otra forma para cambiar un poco su
dirección e incrustarse de último momento en el ángulo superior. Todo el equipo
salió corriendo rumbó a la banca, donde el entrenador seguía tendido en el
suelo ahora llorando como un bebé. Luego de un par de minutos en que todos se
reunieron en la zona del entrenador, el arbitro comenzó a silbar para que
volvieran a la cancha. En cuanto se reanudo el encuentro, el árbitro pito el
final. Cuando Mr. Wagner salía del campo, miró a su banca y les dijo,
-----sabía que lo primero que Schmidt haría sería regresar a ayudarnos, lo
sabía---. Al llegar al vestidor y con la calificación en las manos, las
emociones del equipo contrastaban, de la inmensa alegría de saberse en la
siguiente ronda, a la desaforada tristeza de saber que faltaba alguien, pero
por otro lado la extraña sensación de saber que no faltaba nadie, pues Schmidt
debía de estar en ese mismo vestidor festejando el gol que había concretado
para pasar a la siguiente ronda.
Durante el resto del torneo el
equipo siguió recibiendo ayuda divina y al final después de un complicado
trayecto, lograron quedarse con el campeonato. El entrenador siempre argumento
que estaban jugando con trece hombres.
David Herrera el González.
23/06/24.
(Escrito en épocas de la Eurocopa
2024)