¿CÓMO le EXPLICO A mi JEFE lo QUE es UN rave?
Fue justo un lunes por la mañana
cuando Josué lo descubrió. El viernes se
había despedido de todos sus compañeros de su actual trabajo. El sábado se
había ido de fiesta para celebrar que en una semana tendría un mejor empleo en
otra empresa. Esa noche Josué se aseguró de estar rodeado de chicas, de alcohol
y de excesos.
Pero fue el domingo en la noche
cuando después de haber pasado un día de resaca pesada, por la noche recordó
que no había sacado a pasear a su perro Benito. Josué vivía en un
fraccionamiento cerrado, justo después de ahí se terminaba la ciudad, había un
caminito por el cual solía llevar a su perro. El camino siempre estaba seco,
era el cauce de un río pero que durante el año lo único que transportaba era el
desagüe de la ciudad, pero ese año había llovido como nunca, en las noches se
escuchaba el fluir del río, y a pesar de que el trazo del camino había
permanecido por la gente que cruzaba por ahí, la hierba había crecido de manera
inimaginable, incluso había tramos donde alcanzaba una mayor altura que la del
mismo Josué. Ese domingo por la noche, Josué caminaba con la poca energía que
le quedaba antes de irse a dormir y, por fin, apagar su cerebro, su perro
corría delante de él, cuando de pronto justo al pasar por una entradita que da
al río, alcanzo a escuchar como si alguien estuviera tocando música, lo primero
que él pensó fue que había un borrachito con una bocina tirado en medio de la
hierba, pero se le hizo raro que su Benito no lo hubiera notado, de cualquier
manera Josué estaba demasiado cansado como para darle más importancia al
asunto, por lo que siguió caminando. A su regreso le puso comida a Benito y sin
si quiera quitarse los zapatos, se quedó dormido.
Al siguiente día se levantó
temprano y mucho más fresco. Se preparó un café y ante el primer ladrido de
Benito decidió sacarlo a pasear, mientras pensaba que esa semana que tenía
libre, la quería disfrutar. Mientras caminaba los sonidos de la mañana lo
cobijaban, el canto de los pajaritos, el correr del agua, el caer de las hojas
con el viento, el ladrido de su perro, y de pronto una hermosa melodía que
venía de entre las hierbas. Josué pensó que una bocina no podía haber durado
toda la noche con batería y que un borracho a esa hora ya con el sol de frente
tendría que haberse despertado, por lo que decidió investigar un poco. Movió
las altas hierbas con sus manos mientras trataba de pisarlas transversalmente
como para formar un caminito, conforme iba avanzando la música seguía sonando,
no era un sonido tan fuerte, pero no parecía cambiar de volumen. Benito en
cuanto vislumbro que su amo había logrado pasar, encontró el camino para ir
delante de él. Josué pensaba que rápidamente se encontraría con el río, pero
para su sorpresa, Benito tomó un leve giro hacia la izquierda y se encontró con
un caminito entre la maleza, era raro porque estaba muy bien trazado a pesar de
tanta lluvia y tanta hierba crecida. Josué algo sorprendido comenzó a caminar
por el camino, en eso notó que la música comenzaba a sonar un poco más fuerte y
el sonido comenzaba a aclararse. Benito corrió delante de él, de pronto se le
perdió de vista, Josué un poco temeroso siguió caminando y silbándole, pero
para su sorpresa Benito estaba esperándolo en un árbol de Pirul que era tan
grande que daba una enorme sombra cubriendo gran parte del río. Fue justo en
ese momento en que Josué lo descubrió, pero lo que veían sus ojos era algo
difícil de entender para un lunes por la mañana. Benito ya había analizado el
panorama y simplemente esperaba a su amo, pero en cuanto llegó Josué, Benito se
bajó al río, había alrededor de veinte personas, algunos desnudos y otros con
ligeras prendas blancas, algunos con los pies en el río, mientras que otros
recostados sobre las piedras. Un señor dj con unas tornamesas en la cuevita que
hacían las piedras en esa curvatura del cauce del río, la música era muy buena,
y el spot era mágico, Josué por un momento pensó que estaba soñando, pero luego
tuvo que ir a quitarle a Benito a una niña quien bailaba mientras jugaba con
él. De todas las personas que estaban ahí, él era el único que estaba vestido
diferente, pero eso no fue lo que lo hizo sentir extraño, si no que cuando
quiso comenzar a saludar a la gente para
pedirles disculpas por el perro, se dio cuenta que nadie hablaba su mismo
idioma, se percató que todos ellos tenían cara de extranjeros, pero qué diablos
hacían en ese lugar, pensó Josué. A pesar de que no se hablaba el mismo idioma,
de inmediato Benito y Josué fueron bien recibidos por el resto de la gente,
inconscientemente Josué comenzó a bailar y en eso le dijeron que se metiera al
agua, Josué se estaba subiendo el pantalón para que no se le mojara, cuando
llego una joven rubia que venía desnuda, Josué pensó que era una diosa griega
que habitaba parte de sus sueños. Ella le movió la cabeza diciendo que no, y en
eso le desabrocho el pantalón, Josué un poco apenado quiso oponerse, pero al
ver que nadie lo estaba viendo ni juzgando, y que lo que la chica quería no era en un plan romántico, sino simplemente
ayudarlo a que estuviera cómodo. Le quitó el pantalón, le quito la playera, la
gorra la aventó al agua como en una especie de broma, y luego se le quedo
viendo al calzón y le dijo algo que Josué entendió que si no era blanco se lo
tenía que quitar, Benito no le quitaba la mirada de encima a su amo, pero al
ver que era el único que lo incomodaba, dejo que ella lentamente le fuera
bajando el calzón, levanto una pierna, levanto la otra, la tomo de la mano y se
metieron juntos al agua. Benito llego corriendo inmediatamente también para
refrescarse. La temperatura del agua era
perfectamente tibia; la visibilidad era clara se alcanzaban a ver pequeños
pescaditos que se acercaban a comer células muertas, Josué luego de sumergirse
para mojarse la cabeza, comenzó a bailar.
El sol entraba entre los arboles creando efectos sobre el agua, Josué se
acercó dónde estaba la gente, cerró los
ojos y se puso a bailar, luego de unos minutos cuando volvió a abrirlos se
encontró con que un anciano desnudo de barba blanca, se le acerco le dijo algo
con una sonrisa en la boca, y le enseño su mano en forma de puño, la levanto a
un lado de su cara y con una seña le pidió que abriera la boca, algo chicloso
que Josué pensó que era algo así como unos hongos cayeron dentro de su boca,
con señas le indicó que los masticara y luego se los tragara, para darle
confianza el mismo anciano metió un poco también a su boca. A partir de ese momento Josué perdió la
noción del tiempo, sin hambre y sin sed, Josué estuvo todo el día, ahí, cuando estaba por caer la
tarde Benito comenzó a ladrar, pidiéndole que ya se fueran.
-Si no hubiera sido por el hambre
del perro, tal vez me hubiera perdido en ese paraíso para siempre-, venía pensando
Josué a su regreso, sin calzón y sin gorra, alcanzó a ponerse el pantalón y la
playera. En ningún momento sintió frio, por el contrario siempre se sintió tan cómodo.
En la noche Josué trataba de darse respuestas a lo que le había ocurrido
mientras comenzó una intensa lluvia. Luego de unos minutos Josué recordó que no
había comido nada, se calentó una pasta que le había encontrado en su
refrigerador y se tomó una cerveza que le había sobrado del sábado anterior. El
martes en la mañana Josué volvió
llevarse a Benito, para su sorpresa cuando iba pasando por el lugar, volvió
a escuchar la música pero el caminito entre las hierbas ya había desaparecido,
pero Benito y él volvieron a entrometerse en la maleza. Josué no podía creer
que la música seguía, al llegar al lugar, las mismas personas seguían ahí, no
parecían cansadas, ni con hambre, era la misma escena del día anterior, con
diferencia que en cuanto lo vieron, todos comenzaron a saludarle. Benito de
inmediato se metió al agua, y Josué quien iba un poco más preparado se quitó su
camisa y pensó en meterse en el short que llevaba puesto, dejó los zapatos a un
lado, vio que ahí se encontraban colgados en un árbol su gorra y su calzón del
día anterior, por lo que decidió ir a poner sus cosas debajo de ese árbol.
Cuando estaba por adentrarse en el río, se volvió a aparecer nadando la chida
del día anterior, esta vez llevaba algo de pintura sobre su cara y en algunas
partes de su delineado cuerpo, pequeños detalles que de inmediato le hicieron
pensar a Josué en quien la habría pintado. Ella llegó, le dijo algo y con una
sonrisa comenzó a decirle que no con la cabeza, le tomo el resorte de su
pantaloncillo corto, y comenzó a bajárselo lentamente siguiendo el mismo ritual
de levantar las piernas por parte de él. Cuando estaba por entrar al agua, de
pronto llego una niña con una túnica blanca y con un pedazo de tronco en su
mano, el pedazo de tronco era como la paleta de un pintor, de ahí, ella con su
dedo índice tomo un poco de color rojo, le hizo unas líneas a Josué, le pinto
un punto amarillo en el centro de su frente, luego la niña tomo la mano de la muchacha y se la fue
embarrando de color morado, una vez que ella tenía toda la mano cubierta de
pintura, la niña tomo la mano de la chica y se la acerco al corazón de Josué,
por lo que la mano quedó pintada en su pecho. Josué sentía una felicidad que parecía
que iba a explotar; la luz, la energía, el agua, la magia, lo tenían extasiado.
La mano de la chica sobre su pecho le había parecido una obra de arte tan
inocente y sublime por parte de la niña que no quería que se le borrara de
inmediato, pero la chica le tomo de la mano con su mano todavía morada, y lo
metió al rió. Josué un poco temeroso de que se le borrara, decidió no meterse
por completo, pero en eso la chica se sumergió y le mostro que la pintura no se
borraba. Josué una vez que entendió lo que le quería indicar, se sumergió al
agua, cuando salió se sintió fresco, renovado.
Josué disfrutaba el momento,
hasta que de pronto vio que una de las señoras salió con un pequeño traje de
baño blanco, era hermosa, no era tan joven como la otra chica, pero desde un
día antes había notado su imponente presencia. Ella traía un sahumerio en sus
manos y pasaba cerca de todos y cada uno de los que estábamos ahí, incluyendo a
Benito, haciendo una especie de limpia. Al final de su ritual, pasó junto a
Josué le tomo de la mano y lo llevo detrás de la cueva donde Josué se encontró
con una fogata que por extraño que parezca no emanaba humo, la señora se quitó
su traje de baño, separo con un palo un pedazo de brasa ardiendo, lo rompió en
pedacitos, luego de unos segundos lo hizo brincar entre sus manos produciendo
chispas como si ella fuera una hechicera, tomo una bolsita de tela que tenía
amarrada en un árbol, saco un pedazo de hierba seca que para mí era alguna
especie de tabaco, la puso en su mano y dejó que la partícula de carbón
prendido consumiera la hierba seca produciendo un fino humo blanco, el cual
acerco a la cara de Josué, e hizo que
este lo respirara, Josué no recuerda que paso después ni cuánto tiempo paso,
pero cuando se despertó el cielo se veía gris, y a pesar de que se escuchaba
una tremenda tormenta con relámpagos, Josué notó que ahí donde estaba no estaba
lloviendo y la luz no había cambiado. Luego de despabilarse un poco se fue
poniendo en pie poco a poco hasta que logró recuperarse, puso sus manos encima
del fuego y sintió un poco el calor, y volvió a preguntarse por qué no producía
humo. A su regreso la música había cambiado un poco de estilo, era un poco más
fuerte y repetitiva, pero por ende mucho más fácil de ponerte a brincar y a
bailar. Josué se volvió a meter al agua
mientras bailaba en la parte más bajita, Benito se acercó a saludarlo todo
pintado con pequeños detalles de la niña, así paso el tiempo hasta que de
pronto la joven desnuda se acercó y le hizo entender que ya venía la noche por
si se tenía que ir. Esta vez Benito no parecía hambriento, pero algo en el
interior le dijo a Josué que debía irse, al ir a recoger su ropa, cuando quiso
agarrarla notó unas ampollas a la largo de su mano derecha que le incomodaban
un poco, y que no entendía porque estaban ahí. Al ir caminando de regresó le
pareció muy interesante ver el brillo que tenía Benito a su alrededor, su aura
pensó él. Lo que había pasado mientras
se durmió luego de respirar el humo, era algo que le intrigaba, y que poco a
poco se fue acordando, una especie de sueño, donde hablo con su familia, como
una especie de confesión, o mejor dicho, de meditación interna.
El miércoles Josué tenía que ir a
preparar unos documentos que necesitaba
para darse de alta en su nueva empresa. Luego de bañarse, Benito lo esperaba
listo para ir a dar la vuelta, triste al ver que no lo harían, Josué se acercó
a acariciarlo y al moverle su pelaje se dio cuenta de que se levantaban pequeñas
partículas de luz que comenzaron a flotar. Josué movió la cara y enfoco bien
para darse cuenta de que no estaba mareado, eran de verdad unas brillantes
burbujitas de tamaño miniatura. Así vestido de forma casual Josué fue a hacer
sus cosas, pero su mente siempre estuvo pensando en el río. Luego de varias
horas paso a comprar algo de comer para no entretenerse tanto. Cuando llegó a
su casa, comió y luego se cambió para irse al río, eran ya más de las cuatro de
la tarde. Al momento de cambiarse Josué quien en la mañana se había bañado a
consciencia, notó que la pintura de su cara y de su corazón se seguían notando,
lo cual lo hizo pensar si en las oficinas a las que había ido alguien se había
dado cuenta de que iba pintado, pero como era
ya muy tenue, no quiso darle mucha importancia. Ese día cuando salió en
busca del río comenzó a llover, y en un instante el agua que caía del cielo
comenzó a ser basta, al pasar por la zona donde se comenzaba a escuchar la
música notó que ese día no se escuchaba, pero pensó que debía de ser algún
efecto por la lluvia, pero lo curioso es que al no escucharse la música una vez
que hizo las hierbas para un lado, y comenzó a caminar, vio que Benito nunca se
separó de él, los días anteriores el perro salía disparado y le mostraba el
camino hacia la cueva, pero ese día no se había separado. Josué un poco
desesperado comenzó a brincar entre las hierbas, se mojó todo y luego de un
buen rato de búsqueda, decidió que ese día lo mejor sería volver a casa. A su
regreso, se cambió y notó que la pintura en su cuerpo seguía brillando y que
cuando acariciaba a Benito se le alcanzaba a ver también la pintura que le
había puesto la niña. Josué se hizo un té de manzanilla y se sentó, luego de
varios días volvía a revisar su celular. A pesar de que no estaba de humor para
contestar todos los mensajes que tenía, aprovecho para ponerse en contacto con
su madre, le mando un mensaje a su hermano y finalmente decidió contestarle el
mensaje a una “amiga” con las que había salido el sábado pasado y con quien
había hablado algunos temas de amor. Ella le preguntaba por qué se había
desaparecido desde ese día sin contestar ningún mensaje, y le mostraba su
preocupación al respecto. Josué la verdad que ni tiempo había tenido de pensar
en ella, y aunque por un lado agradecía su preocupación, también sentía que el
mensaje oculto era un poco de celos de parte de ella, al pensar que podría
estar ocultándose por estar saliendo con alguna otra chica. Así que le
respondió que estaba bien, ella de inmediato le marcó, Josué al escuchar la
llamada hizo un pequeño gesto de desaprobación con la cara, pero no le quedo de
otra más que contestarle. Esa noche terminaron cenando juntos. Durante la cena
Josué notó que su amiga comenzaba a sentir algo por él y que realmente estaba
tomando el hecho de que se había desaparecido por el lado de los celos. Él
tratando de no hacer crecer más ese celo, y un poco buscando un confidente, le
terminó platicando sobre lo que le había pasado, le contó de la gente que hay
en el río, pero al ver la cara de ella, se dió cuenta que no le está creyendo,
por lo que al preguntarle, ella le responde que le es difícil creer, pero que
si la lleva al siguiente día, ella lo vería con sus propios ojos.
Al siguiente día, el jueves, a
media mañana llego ella, lista con su botella de agua, su mochila, con
bloqueador en la cara, y con una gorrita para el sol. A pesar de que a Josué le
pareció un poco exagerado, pensó que las personas del río, al final terminarían
por dejarla desnuda, pero que estaba bien que ella se fuera preparada. Una vez
listos todos, incluido Benito, salieron a caminar. Ella pensaba que sería toda
una expedición hasta llegar al lugar, pero no era así, la entrada al río estaba
relativamente cerca de la casa. El día era soleado, todo hacía pensar a Josué
que esa mañana si pasarían un buen
momento en el río, e incluso mejor pues ahora llevaba a esta “amiguita”, aunque
cuando iba a medio camino, pensó que tal vez la presencia de ella, le
terminaría de quitar las esperanzas de tener algo con la chica del río.
Mientras iba pensando eso, de pronto le pidió a ella que dejará de hablar para
ir localizando el sonido donde era la
entrada, pero no se escuchaba nada, y para su mala suerte Benito ni siquiera se
frenó por esa zona, se siguió un poco corriendo, Josué le chifló y le pidió que le ayudara a
localizar la entrada hacia el río. Benito se acercó y volvió a correr por el
camino, sin si quiera hacer ningún esfuerzo por buscar la entrada, Josué le
puso la correa y lo forzó a caminar entre la hierba, la susodicha no entendía por
qué tenían que caminar entre la hierba crecida. Luego de una media hora de
deambular, a ella le comenzaron a picar los insectos y algo le empezó a dar
salpullido en la piel. Regresaron a la casa, ella le insinuó que no le creía
nada, y que tal vez lo que estaba haciendo era ocultarle algo. Al final ella se
fue, Josué desilusionado por haber quedado mal, pero sobre todo por pensar que
nunca más volvería a dar con ese mágico lugar, comenzó a pensar que lo tendría
que tomar solamente como un sueño. Esa tarde él estuvo preparando sus papales,
envió algunos correos e hizo algunas llamadas para ir viendo lo de su nuevo
empleo. Pero, en la noche Benito comenzó a actuar raro, como pidiéndole que lo
sacará. Josué luego de hacer algunas cosas, le concedió el gusto de salir en la
noche. Cuando iban caminando, en algún momento sintió una sombra, volteo un par
de veces pero no lograba distinguir nada, pero Benito venía algo alterado. En
algún momento Benito comenzó a ladrar hacia la nada cuando se acercaban a la
zona, pero lo extraño era que ladraba hacia un árbol, Josué pensó que tal vez
había un gato, pero al mirar hacia arriba del árbol, vio una sombra que cayó al
piso, Benito en vez de reaccionar violentamente, se fue acercando con toda
calma, y de pronto una persona con pinta de ser extranjero, lo comenzó a
acariciar. La persona le habló a Josué
en un idioma raro, pero le hizo una seña con el dedo diciéndole que no, Josué
de inmediato captó que no se podía invitar a personas ajenas al río, Josué bajo
la mirada asintiendo que había comprendido el mensaje. En eso se comenzó a
escuchar la música, el extranjero le dio una palmada en la espalda y se fue corriendo por la maleza. Benito de
inmediato salió detrás de él, y Josué detrás de ellos. Cuando llegaron al río
la música se escuchaba fuertemente, en medio de la obscuridad comenzaron a
salir luces de todos colores, estaba todo pintado de colores fosforescentes que
brillaban en la noche, la gente bailaba, Josué al irse acercando al río, notó
que Benito tenía la pintura de hace dos días en su cuerpo y no solo eso, sino
que brillaba. En eso se fijó en su cuerpo y también la pintura en él, ahí
estaba y brillaba hermosamente, así que esta vez no espero a que llegara la
joven hermosa, si no que desde que iba llegando a la cueva, se fue despojando
de sus ropas, se metió al río, y comenzó
a bailar, en algún momento al levantar la mirada, alcanzó a ver cómo
había menos gente bailando en el río. En eso notó que algunas personas andaban
caminando arriba de los árboles, a lo lejos vio a la hermosa joven que en esta
ocasión estaba junto con la niña, pintando los troncos y las ramas, las cuales
también brillaban en la obscuridad.
Luego de un par de horas en que estuvo bailando felizmente, de pronto
decidió salirse del agua, pensó que estaría fresco por lo que se dirigió a
donde había dejado su ropa, pero justo al salir se le acerco uno de los
ancianos de la comunidad, le frotó la cabeza a Josué, sacó un diminuto animal del interior de su puño, era un sapo
que parecía querer escaparse de las manos del hechicero, el cual lo apretó
fuertemente dentro de su puño, lo tomó con su otra mano, y lo acerco a la boca
de Josué, este cayó tendido en el suelo, en cuanto probó la sustancia activa
del sapo.
La noción del tiempo desapareció
para Josué quien a partir de ese momento comenzó a vivir cosas que no entendió
si fueron un sueño o simplemente una realidad alterna. Josué recuerda que antes
de quedarse dormido a la orilla del río, veía las ramas de los árboles y sobre
ellas veía bailar estrellas y luces que emitían luces de colores, cuando volvió
a ver personas brincando por encima de las ramas y moviéndose de un árbol a
otro, de pronto se quedó dormido. No supo cuánto tiempo estuvo dormido, no supo
dónde estuvo pues en sus sueños parecía haberse ido a un país europeo donde
todos eran rubios, tal vez al país de dónde era toda esa gente, y de ahí haber
subido a una montaña donde en la parte más alta seguía la fiesta, recuerda que
en un momento entró a una cabaña donde
ardía un rico fuego calientito, cuando se acercó a la fogata, la chica
hermosa le dijo cuál era su nombre, él no sabía cómo pronunciarle, pero cada
vez se entendían más. Una vez dentro de la cabaña, la hermosa princesa le
prestó una cobija, y cuando Josué estaba por preguntar por su perro, de pronto
Benito entró corriendo y se sentó justo en los pies de ambos, quienes
lentamente fueron acercando sus rostros sonrientes y se dieron un tierno beso
que se sintió que duró por muchos siglos o largas vidas. Josué en ese estado en
el que estaba cerró los ojos para disfrutar los labios de la extranjera, cuando
de pronto comenzó a sentir una brisa cálida que le subía por el cuerpo, cuando
abrió los ojos estaban frente al mar, justo a la orilla, sentados en la
playa era de noche, la fogata estaba
frente a ellos, y Benito también, con sus diminutas luces y pintura en su cara.
Josué volteó para atrás y se dio cuenta que el DJ seguía tocando su música,
pero ahora la fiesta era en la playa. Se tomaron de la mano y corriendo por la
arena se posicionaron frente a las tornas, a un lado de los enormes parlantes,
comenzaron a brincar y a bailar, así lo
hicieron toda la noche, hasta que sin sentirlo, comenzó el amanecer. Benito
quien despertaba de un buen sueño, se acercó a ellos y se fue corriendo al mar,
ellos hicieron lo mismo, esa mañana mientras se escuchaba la música, ellos
refrescaban sus desnudos cuerpos en las cálidas aguas del mar. Benito en la
orilla jugaba a mojarse con la chica, mientras Josué nadaba de muertito en
completa paz; en un momento paso un pelícano justo por encima de su perspectiva visual, y luego detrás de él
venían otros dos. Los pelicanos
comenzaron a darle vueltas a Josué como
si fueran zopilotes esperando a que muriera la presa, pero para Josué no eran
zopilotes, sino más bien, enviados de Dios, o tal vez, Dios mismo representado
en la danza circular de tres pelicanos que habían ido a dejarle en claro lo que
es la vida.
Por la noche de una forma casi
imperceptible, como pasar de una neblina a otra, habían vuelto al río y estaban
bailando. De pronto se acercó la niña sin ropa y tomó a Josué de la mano para
llevarlo a la parte de atrás del escenario, justo donde la cueva se hacía más
obscura. Ahí la niña tomó su paleta de pinturas que brillaban en la obscuridad
y comenzó a pintarle todo el cuerpo, a lo lejos Josué alcanzo a ver una
caravana de colores que brillaba en forma de perro, era Benito quien ya había
pasado por las manos de la pequeña artista. Josué llevaba colores hasta en sus
partes más íntimas, pero eso no le impidió meter los pies al agua del río para
seguir bailando. Esa noche en algún
momento Josué sintió cansancio por lo que se fue a recargar al tronco de un
árbol, en eso llego Benito sin razonarlo
mucho Josué comenzó a escucharle. Benito y él estaban teniendo una conversación,
el perro le decía que era tan feliz en ese lugar, con toda esa gente y que
sabía que él también lo era. Las luces de Benito comenzaron a dejar de brillar al
irse encontrando con la claridad del amanecer. En ese momento Benito le hizo saber
a Josué que había llegado la hora de tomar la decisión, o se quedaban ahí o
volvían a la vida de antes, con su trabajo, sus excesos, su comida, sus
croquetas, sus paseos. Josué escuchaba
atentamente mientras pensaba que, en efecto, era el momento de decidir. Con una
expresión de seriedad Josué analizaba sus opciones, hasta que se dio cuenta que
estaba hablando con su perro, algo dentro de él le decía que eso no era
posible, pero el brillo de Benito era claro. Josué lo abrazo y se acostó en el
suelo al lado Benito, hacía lo mismo.
EL sonido de una cascada hizo que
Josué despertara, Benito ya no estaba a su lado, pero el eco de la música lo
llevo a atravesar un lugar donde todo era verde, lleno de vegetación, era la
selva, allá a lo lejos vio una luz donde le esperaba su hermosa chica, le grito
por su nombre, y ella sonrió, le dijo que no se pronunciaba así, pero que iba
mejorando. Lo abrazó y se tomaron de la mano, así tomados de las manos siguieron
caminando casi sin tocar el suelo, hasta llegar a una cueva donde la música
retumbaba y se combinaba con el sonido de una hermosa cascada. A pesar de que
la música sonaba de un lado, la chica lo llevo a otra cueva desde donde la
música apenas alcanzaba a mover sus cuerpos, ella le puso una planta agridulce
y de colores debajo de su lengua, después hicieron el amor como Josué jamás lo
había hecho. Una vez que terminaron regresaron a la cueva donde estaban todos,
la fiesta era hermosa, los animales de la selva, curiosos, se asomaban de entre
la infinidad de árboles y plantas para sentir la música y dejar mover sus
cuerpos. Josué estaba extasiado, a tal grado que le costaba aceptar que estaba
viviendo eso, para convencerse bailaba con más fuerza, veía como los colores de
su cuerpo brillar y en su horizonte visual, analizaba a la hermosa creatura con
quien había estado hacía solo unos instantes. La noche llegó rápido, Josué sentía el efecto de la planta todavía bien anidado en
su cuerpo, por lo que siguió bailando, en un momento vio como Benito se fue a
recostar ya en medio de la noche, pero en eso sintió cómo ella lo comenzaba a
tocar mientras seguían bailando. Una vez que se apareció el sol, ellos
decidieron volver a ir a la cueva escondida de la selva a pasar un rato. Cuando
terminaron, Josué se dio cuenta que estaban de nueva cuenta en la playa, por lo
que se metió a nadar, sin saber cómo, de pronto estaba buceando debajo del
agua, desnudo, y al lado de él, estaba ella, igualmente desnuda proyectando
luces desde la profundidad del mar, caminando en el fondo se encontraron con
una raya gigante, varias langostas, cardúmenes de millones de pescados, arrecifes de corales vivos y otros
muertos. Tomados de la mano anduvieron
debajo del agua, como si fueran uno se fueron nadando, ella nadaba como si
fuera una sirena y él hacía todo lo posible por no soltarla de la mano, hasta
que encontraron una cuerda, se agarraron de ella, y fueron subiendo poco a poco
hasta la superficie.
Una vez arriba, todavía tomados
de la mano caminaron por la arena, se sentaron a ver el sol sobre el mar, junto
con Benito, y en eso comenzaron a hablar. Cuando Josué no entendía lo que ella
decía, Benito le traducía. Fue en ese momento que ella le hizo una propuesta,
la de seguir con ellos y no volver a su otra vida, incluso le dijo que era el
momento de tomar la decisión.
Intentar entenderse con ella, le
provoco mucho cansancio a Josué quien al regresar a la fiesta, decidió tirarse
en la arena para platicar con Benito quien estaba a su lado. Ahí, Josué se
volvió a quedar dormido, de pronto volvió al fondo del mar, pero estaba vez iba
solo, por momentos parecía ser de noche y otros de día, las sombras en el fondo
del mar eran extrañas, y más cuando se combinaban con luces fluorescentes producidas por el reflejo del sol. Luego de
andar vagando en las profundidades se encontró con una tortuga, la cual en su lento nadar, le fue enseñando
el camino, su caparazón emanaba luz, como si la niña le hubiera untado de sus
pinturas. La tortuga lo termino llevando a la cuerda, la tomó y salió exhausto
a la superficie. Una vez que tocó la arena se quedó dormido, en una especie de
meditación, respirando hondo y sintiendo la brisa del mar en cada inhalación.
Ahí Josué encontró una paz que nunca antes había sentido, poco a poco comenzó a
sentir como una linda mano suave y delicada le tomaba del cuello hasta la nuca,
para hacerle un lindo masaje, en eso abrió los ojos, y la vio. Era ella, pero
esta vez tenía cola de pescado, era una hermosa sirena, por alguna extraña razón
le pareció más pequeña de como la había visto en esos días. Josué le dio un
beso que le supo a agua de mar y a tamarindo con coco, se recostó en sus escamas, las cuales eran
lisas mientras que su piel blanca y delicada como la de un bebé. Josué la
acariciaba apasionadamente de arriba abajo, hasta que ella lo fue calmando,
hasta que le pidió que cerrará los ojos hasta que se quedó dormido. Cuando
despertó, ya estaban en el río. Al despertarse se dio cuenta que ella ya no era
una sirena y de que volvía a tener la altura de siempre, ella sacó un pequeño
honguito y se lo dio para que se lo fuera comiendo.
La luna era llena, y apenas se
alcanzaba a divisar debido a ese cielo nublado. Benito se acercó con ella a
jugar, y luego se pusieron a platicar, mientras Josué caminaba pensativo por la
orilla, de pronto ella le gritó a Josué que era momento de partir y de no
regresar hasta que no estuviera seguro de su decisión. En cuanto termino de
hablar con la chica, Benito se puso al
lado de él, llegó la lluvia y comenzaron a caminar. Todos los extranjeros que
había en la fiesta, se quedaron mirando
fijamente a Josué. Josué por un instante pensó en levantar la mano para decir
adiós, pero eso sería una despedida, por lo que simplemente bajo la mirada, y
le dijo a Benito que apresurara el paso. Una vez que salieron de la maleza, volvieron al camino de regreso a casa. Josué
vio como una especie de hormigas en forma de diminutos humanos se agrupaban a
su alrededor, diciéndole en una voz que parecía un murmullo casi en silencio, -no
te vayas, aquí estas mejor-. Josué saludo moviendo su mano a todos esos
pequeños duendes que resultaban ser una mini versión de todos los extranjeros
de la fiesta, y en eso recordó que no se quería despedir de ellos por lo que
les dijo que eso era un chao, que no significa adiós, sino más bien un hola.
Al siguiente día, luego de varios
días de estar desaparecido del mundo laboral, cuando Josué por fin volvió a su
casa se dio cuenta de que ya era miércoles y que llevaba dos o tres días sin
presentarse a ese nuevo trabajo al que debió haberse presentado desde el lunes
a primera hora. A pesar de que estaba completamente seguro de la decisión y eso
le producía una gran tranquilidad, sabía
que tenía que afrontar el compromiso de dar la cara ante la empresa y de
explicar en su casa lo que estaba por hacer. Luego de un par de horas de
pensarlo, no encontraba la forma comprensible de explicarlo, que le iba a decir
al que iba a ser su jefe, a la chica que lo había contratado, y de paso también
lo que le diría a su mamá y a su padre, sobre todo a él, pues sabía que la mamá
con decirle que se iba de viaje y que eso lo hacía feliz, ella entendería, pero
al padre cuyo deseo en él era que se convirtiera en director de una empresa,
cómo lo iba a convencer. En medio de esa confusión decidió llamar a su mejor
amigo con quien se juntó para tomar un par de cervezas. Le platicó todo lo que
había pasado y lo que estaba por hacer, pero cuando le pidió su ayuda sobre cómo
manejar la situación con esas personas, el amigo le sugirió que les dijera la
verdad, pero Josué dijo -¿cómo carajos les hago para que me entiendan lo que
siento cuando estoy en el río?-.
A lo que su amigo le respondió:
-Diles que es como un Ra ve-
Josué antes de despedirse de su
amigo le dijo: -¿y cómo le explico a mi jefe lo que es un rave?-
Se despidió de su amigo, minutos
más tarde Josué se quedó dormido mientras Benito hacía lo mismo.
Fin.
David Herrera el González.
Septiembre 2025.