lunes, 29 de septiembre de 2025

El eructo

 

El eructo

Después de las once de la noche Juan volvía de dar la vuelta con su perro Sanders.

Era un domingo y en casa de Juan la abuela Margara había hecho un molito para festejar a Josefina, la madre de Juan. Juan por la noche se sentía muy lleno que decidió salir un poco más temprano. Sanders salía siempre despavorido, pero ya en la parte donde terminaban las casas, se cansaba y andaba siempre cerca de su amo. En esa parte ya sin casas, Juan decidió tomar un atajo con Sanders, era un caminito obscuro entre una pequeña arboleda, ahí casi inconscientemente soltó un eructo que se escuchó hasta su casa, el eructo se prolongó de tres a cuatro segundos, pero luego de eso, vino un silencio donde Juan aprovecho para pasar saliva, repentinamente Juan escucho de regreso un eructo como el que él acababa de tirar. Con la misma duración de 3 a 4 segundos y el mismo volumen, fue tan rara la sensación para Juan que tuvo que elevar su mano derecha para tocarse la boca y cerciorarse que el sonido no venía de sus entrañas, sino de las entrañas del campo. Sanders, quien iba unos pasos delante de él, levanto sus orejas y se puso alerta, luego de unos instantes siguió caminando. Juan un poco asustado tomo unos segundos para volver en sí, eso sucedió unos instantes después de que le llegará un aroma de ese eructo imaginario con sabor a mole de Doña Margara, su abuela.  Lo cual en vez de asustarlo, le hizo poner una sonrisa en su cara con la cual regresaba a su casa, pues el recuerdo de lo rico que había estado el mole ese domingo familiar, era más que el miedo a escuchar eructos sin saber su procedencia.

 

DHelG   7/7/25

viernes, 12 de septiembre de 2025

Nosotros espíritus del teatro y la lluvia.

 

Nosotros espíritus del teatro y la lluvia.

Venían pasando esos días en que el alma se puede ir secando por falta de estímulo, pero sobretodo por el harto calor que se lograba sentir en aquel lugar.

Aquella noche mientras caminaba hacia el centro, comencé a sentir el caer de las gotas de lluvia desde el cielo, de pronto el cielo se ilumino con un relámpago digno de un huracán, y luego el estruendo del trueno que duro por varios segundos, eran la premonición de que se venía un buen diluvio.

Unos instantes después, yo estaba sentado en el escalón justo afuera de la tercera entrada del teatro desde donde se alcanzaba a ver la torre de la catedral meciendo finamente sus campanas ante el viento que acompañaba la lluvia. Yo acomode mi tabla y mi mochila en un rinconcito, me senté tranquilamente a comerme mi chaska (granos de maíz preparados), luego de unos minutos la  brisa comenzó a mojar un poco, por lo que me tuve que arrejuntar a la puerta del teatro junto con mis cosas.  Sentado ahí, comencé a escuchar como crujía la cerradura de la puerta. Al principio, auto-engañándome, pensé que podría ser ese mismo viento solo moviendo la puerta, pero rápidamente comenzaron a tocar, a mover las maderas, se escuchaba como si alguien tocara a la puerta, por lo que note esos espíritus que trataban de  deslizar sus invisibles cuerpos a través de las hendiduras que quedaban a las orillas de las maderas. Se sentía que los espíritus del teatro querían salir a disfrutar de la lluvia.

Al quince para las diez de la noche, sonaron las campanadas de la catedral, ahí salieron ellos, se fueron disparados para entrar a la catedral. A su paso dejaron un aroma hermoso que se combinaba con el petricor de la noche, yo me quedé un buen rato intentando explicar ese olor, pero al final solo llegue a la fugaz conclusión ¿A qué huelen los  muertos, a que huelen los olores? Luego de que salieron, trate de emparejar la puerta. Las cuatro chicas que estaban distribuidas en grupos de dos repartidas en los escalones de las otras dos entradas, también presenciaron todo. En algún momento mis ojos cruzaron con los de ellas, pero con ninguna hubo palabras, solo gestos de asombro, un poco de miedo, tal vez algo de orgullo,  y cierto agradecimiento a los dioses del drama. Al dios Tlaloc, a la vida, al maíz,  a la(s) rueda(s), a la Natura, a los espíritus, a los hongos, al teatro, al arte y al corazón

Los espíritus pasaban  velozmente flotando sobre la exedra. En algún momento se vino una fugaz luz que conforme se me fue acercando fue frenando su velocidad, hasta que se detuvo frente a mis ojos, una luz radiante que fue disipándose lentamente, era un niño, lo cual alivio mi curiosidad, lo único que pude hacer fue reflexionar que a veces cuando veo niños me dan ganas de volver a nacer, casi de inmediato, la luz volvió a brillar y en un instante se había ido a toda velocidad. También llegué a ver, en una especie de sueño, algunas de las estatuas del Paisaje Onírico, de  Leonora Carrington, que hace algunos años estuvieron viviendo  en esa misma plaza, navegaban por el cemento hasta postrarse en sus antiguos lugares,  mientras los relámpagos me cegaron por un momento, luego el grito del trueno pareció durar por siempre.

Cuando paró de llover, las animas del teatro pararon su fiesta,  mientras yo decidía si ya era momento de volver a caminar o si me tenía que esperar, en eso volví a sentir ese olor indescriptible, la puerta comenzó a azotarse, luego de un escalofrío sabía que estaban listos para volver a sus personajes dentro del teatro, así que con ambas manos, abrí a largo y ancho las puertas para que pudieran regresar, el viento me movía, pero la sensación de adrenalina me llevo a echar un fuerte grito que hizo eco en el interior del teatro. De una forma muy teatral y expresiva, pero inconsciente y exagerada, cerré la puerta, la apalanque bien, le sobrepuse el candado y baje el escalón. Las chicas sorprendidas me miraban, me limpié el sudor del rostro, dije buenas noches a todas y comencé a caminar de regreso a mi casa intentando pensar que no había pasado nada, solo una buena lluvia luego de varios meses de sequía.

 

David el Herrera el González.

5 de junio 2025.

 

¿CÓMO le EXPLICO A mi JEFE lo QUE es UN rave?

 

¿CÓMO le EXPLICO A mi JEFE lo QUE es UN rave?

 

Fue justo un lunes por la mañana cuando Josué lo descubrió.  El viernes se había despedido de todos sus compañeros de su actual trabajo. El sábado se había ido de fiesta para celebrar que en una semana tendría un mejor empleo en otra empresa. Esa noche Josué se aseguró de estar rodeado de chicas, de alcohol y de excesos.

Pero fue el domingo en la noche cuando después de haber pasado un día de resaca pesada, por la noche recordó que no había sacado a pasear a su perro Benito. Josué vivía en un fraccionamiento cerrado, justo después de ahí se terminaba la ciudad, había un caminito por el cual solía llevar a su perro. El camino siempre estaba seco, era el cauce de un río pero que durante el año lo único que transportaba era el desagüe de la ciudad, pero ese año había llovido como nunca, en las noches se escuchaba el fluir del río, y a pesar de que el trazo del camino había permanecido por la gente que cruzaba por ahí, la hierba había crecido de manera inimaginable, incluso había tramos donde alcanzaba una mayor altura que la del mismo Josué. Ese domingo por la noche, Josué caminaba con la poca energía que le quedaba antes de irse a dormir y, por fin, apagar su cerebro, su perro corría delante de él, cuando de pronto justo al pasar por una entradita que da al río, alcanzo a escuchar como si alguien estuviera tocando música, lo primero que él pensó fue que había un borrachito con una bocina tirado en medio de la hierba, pero se le hizo raro que su Benito no lo hubiera notado, de cualquier manera Josué estaba demasiado cansado como para darle más importancia al asunto, por lo que siguió caminando. A su regreso le puso comida a Benito y sin si quiera quitarse los zapatos, se quedó dormido.

Al siguiente día se levantó temprano y mucho más fresco. Se preparó un café y ante el primer ladrido de Benito decidió sacarlo a pasear, mientras pensaba que esa semana que tenía libre, la quería disfrutar. Mientras caminaba los sonidos de la mañana lo cobijaban, el canto de los pajaritos, el correr del agua, el caer de las hojas con el viento, el ladrido de su perro, y de pronto una hermosa melodía que venía de entre las hierbas. Josué pensó que una bocina no podía haber durado toda la noche con batería y que un borracho a esa hora ya con el sol de frente tendría que haberse despertado, por lo que decidió investigar un poco. Movió las altas hierbas con sus manos mientras trataba de pisarlas transversalmente como para formar un caminito, conforme iba avanzando la música seguía sonando, no era un sonido tan fuerte, pero no parecía cambiar de volumen. Benito en cuanto vislumbro que su amo había logrado pasar, encontró el camino para ir delante de él. Josué pensaba que rápidamente se encontraría con el río, pero para su sorpresa, Benito tomó un leve giro hacia la izquierda y se encontró con un caminito entre la maleza, era raro porque estaba muy bien trazado a pesar de tanta lluvia y tanta hierba crecida. Josué algo sorprendido comenzó a caminar por el camino, en eso notó que la música comenzaba a sonar un poco más fuerte y el sonido comenzaba a aclararse. Benito corrió delante de él, de pronto se le perdió de vista, Josué un poco temeroso siguió caminando y silbándole, pero para su sorpresa Benito estaba esperándolo en un árbol de Pirul que era tan grande que daba una enorme sombra cubriendo gran parte del río. Fue justo en ese momento en que Josué lo descubrió, pero lo que veían sus ojos era algo difícil de entender para un lunes por la mañana. Benito ya había analizado el panorama y simplemente esperaba a su amo, pero en cuanto llegó Josué, Benito se bajó al río, había alrededor de veinte personas, algunos desnudos y otros con ligeras prendas blancas, algunos con los pies en el río, mientras que otros recostados sobre las piedras. Un señor dj con unas tornamesas en la cuevita que hacían las piedras en esa curvatura del cauce del río, la música era muy buena, y el spot era mágico, Josué por un momento pensó que estaba soñando, pero luego tuvo que ir a quitarle a Benito a una niña quien bailaba mientras jugaba con él. De todas las personas que estaban ahí, él era el único que estaba vestido diferente, pero eso no fue lo que lo hizo sentir extraño, si no que cuando quiso comenzar a saludar a la gente  para pedirles disculpas por el perro, se dio cuenta que nadie hablaba su mismo idioma, se percató que todos ellos tenían cara de extranjeros, pero qué diablos hacían en ese lugar, pensó Josué. A pesar de que no se hablaba el mismo idioma, de inmediato Benito y Josué fueron bien recibidos por el resto de la gente, inconscientemente Josué comenzó a bailar y en eso le dijeron que se metiera al agua, Josué se estaba subiendo el pantalón para que no se le mojara, cuando llego una joven rubia que venía desnuda, Josué pensó que era una diosa griega que habitaba parte de sus sueños. Ella le movió la cabeza diciendo que no, y en eso le desabrocho el pantalón, Josué un poco apenado quiso oponerse, pero al ver que nadie lo estaba viendo ni juzgando, y que lo que la chica quería  no era en un plan romántico, sino simplemente ayudarlo a que estuviera cómodo. Le quitó el pantalón, le quito la playera, la gorra la aventó al agua como en una especie de broma, y luego se le quedo viendo al calzón y le dijo algo que Josué entendió que si no era blanco se lo tenía que quitar, Benito no le quitaba la mirada de encima a su amo, pero al ver que era el único que lo incomodaba, dejo que ella lentamente le fuera bajando el calzón, levanto una pierna, levanto la otra, la tomo de la mano y se metieron juntos al agua. Benito llego corriendo inmediatamente también para refrescarse.  La temperatura del agua era perfectamente tibia; la visibilidad era clara se alcanzaban a ver pequeños pescaditos que se acercaban a comer células muertas, Josué luego de sumergirse para mojarse la cabeza, comenzó a bailar.  El sol entraba entre los arboles creando efectos sobre el agua, Josué se acercó dónde estaba la  gente, cerró los ojos y se puso a bailar, luego de unos minutos cuando volvió a abrirlos se encontró con que un anciano desnudo de barba blanca, se le acerco le dijo algo con una sonrisa en la boca, y le enseño su mano en forma de puño, la levanto a un lado de su cara y con una seña le pidió que abriera la boca, algo chicloso que Josué pensó que era algo así como unos hongos cayeron dentro de su boca, con señas le indicó que los masticara y luego se los tragara, para darle confianza el mismo anciano metió un poco también a su boca.  A partir de ese momento Josué perdió la noción del tiempo, sin hambre y sin sed, Josué estuvo  todo el día, ahí, cuando estaba por caer la tarde Benito comenzó a ladrar, pidiéndole que ya se fueran.

-Si no hubiera sido por el hambre del perro, tal vez me hubiera perdido en ese paraíso para siempre-, venía pensando Josué a su regreso, sin calzón y sin gorra, alcanzó a ponerse el pantalón y la playera. En ningún momento sintió frio, por el contrario siempre se sintió tan cómodo. En la noche Josué trataba de darse respuestas a lo que le había ocurrido mientras comenzó una intensa lluvia. Luego de unos minutos Josué recordó que no había comido nada, se calentó una pasta que le había encontrado en su refrigerador y se tomó una cerveza que le había sobrado del sábado anterior. El martes en la mañana Josué volvió  llevarse a Benito, para su sorpresa cuando iba pasando por el lugar, volvió a escuchar la música pero el caminito entre las hierbas ya había desaparecido, pero Benito y él volvieron a entrometerse en la maleza. Josué no podía creer que la música seguía, al llegar al lugar, las mismas personas seguían ahí, no parecían cansadas, ni con hambre, era la misma escena del día anterior, con diferencia que en cuanto lo vieron, todos comenzaron a saludarle. Benito de inmediato se metió al agua, y Josué quien iba un poco más preparado se quitó su camisa y pensó en meterse en el short que llevaba puesto, dejó los zapatos a un lado, vio que ahí se encontraban  colgados en un árbol su gorra y su calzón del día anterior, por lo que decidió ir a poner sus cosas debajo de ese árbol. Cuando estaba por adentrarse en el río, se volvió a aparecer nadando la chida del día anterior, esta vez llevaba algo de pintura sobre su cara y en algunas partes de su delineado cuerpo, pequeños detalles que de inmediato le hicieron pensar a Josué en quien la habría pintado. Ella llegó, le dijo algo y con una sonrisa comenzó a decirle que no con la cabeza, le tomo el resorte de su pantaloncillo corto, y comenzó a bajárselo lentamente siguiendo el mismo ritual de levantar las piernas por parte de él. Cuando estaba por entrar al agua, de pronto llego una niña con una túnica blanca y con un pedazo de tronco en su mano, el pedazo de tronco era como la paleta de un pintor, de ahí, ella con su dedo índice tomo un poco de color rojo, le hizo unas líneas a Josué, le pinto un punto amarillo en el centro de su frente, luego la  niña tomo la mano de la muchacha y se la fue embarrando de color morado, una vez que ella tenía toda la mano cubierta de pintura, la niña tomo la mano de la chica y se la acerco al corazón de Josué, por lo que la mano quedó pintada en su pecho. Josué sentía una felicidad que parecía que iba a explotar; la luz, la energía, el agua, la magia, lo tenían extasiado. La mano de la chica sobre su pecho le había parecido una obra de arte tan inocente y sublime por parte de la niña que no quería que se le borrara de inmediato, pero la chica le tomo de la mano con su mano todavía morada, y lo metió al rió. Josué un poco temeroso de que se le borrara, decidió no meterse por completo, pero en eso la chica se sumergió y le mostro que la pintura no se borraba. Josué una vez que entendió lo que le quería indicar, se sumergió al agua, cuando salió se sintió fresco, renovado.

Josué disfrutaba el momento, hasta que de pronto vio que una de las señoras salió con un pequeño traje de baño blanco, era hermosa, no era tan joven como la otra chica, pero desde un día antes había notado su imponente presencia. Ella traía un sahumerio en sus manos y pasaba cerca de todos y cada uno de los que estábamos ahí, incluyendo a Benito, haciendo una especie de limpia. Al final de su ritual, pasó junto a Josué le tomo de la mano y lo llevo detrás de la cueva donde Josué se encontró con una fogata que por extraño que parezca no emanaba humo, la señora se quitó su traje de baño, separo con un palo un pedazo de brasa ardiendo, lo rompió en pedacitos, luego de unos segundos lo hizo brincar entre sus manos produciendo chispas como si ella fuera una hechicera, tomo una bolsita de tela que tenía amarrada en un árbol, saco un pedazo de hierba seca que para mí era alguna especie de tabaco, la puso en su mano y dejó que la partícula de carbón prendido consumiera la hierba seca produciendo un fino humo blanco, el cual acerco a la cara de Josué,  e hizo que este lo respirara, Josué no recuerda que paso después ni cuánto tiempo paso, pero cuando se despertó el cielo se veía gris, y a pesar de que se escuchaba una tremenda tormenta con relámpagos, Josué notó que ahí donde estaba no estaba lloviendo y la luz no había cambiado. Luego de despabilarse un poco se fue poniendo en pie poco a poco hasta que logró recuperarse, puso sus manos encima del fuego y sintió un poco el calor, y volvió a preguntarse por qué no producía humo. A su regreso la música había cambiado un poco de estilo, era un poco más fuerte y repetitiva, pero por ende mucho más fácil de ponerte a brincar y a bailar.  Josué se volvió a meter al agua mientras bailaba en la parte más bajita, Benito se acercó a saludarlo todo pintado con pequeños detalles de la niña, así paso el tiempo hasta que de pronto la joven desnuda se acercó y le hizo entender que ya venía la noche por si se tenía que ir. Esta vez Benito no parecía hambriento, pero algo en el interior le dijo a Josué que debía irse, al ir a recoger su ropa, cuando quiso agarrarla notó unas ampollas a la largo de su mano derecha que le incomodaban un poco, y que no entendía porque estaban ahí. Al ir caminando de regresó le pareció muy interesante ver el brillo que tenía Benito a su alrededor, su aura pensó él.  Lo que había pasado mientras se durmió luego de respirar el humo, era algo que le intrigaba, y que poco a poco se fue acordando, una especie de sueño, donde hablo con su familia, como una especie de confesión, o mejor dicho, de meditación interna.

El miércoles Josué tenía que ir a preparar unos documentos  que necesitaba para darse de alta en su nueva empresa. Luego de bañarse, Benito lo esperaba listo para ir a dar la vuelta, triste al ver que no lo harían, Josué se acercó a acariciarlo y al moverle su pelaje se dio cuenta de que se levantaban pequeñas partículas de luz que comenzaron a flotar. Josué movió la cara y enfoco bien para darse cuenta de que no estaba mareado, eran de verdad unas brillantes burbujitas de tamaño miniatura. Así vestido de forma casual Josué fue a hacer sus cosas, pero su mente siempre estuvo pensando en el río. Luego de varias horas paso a comprar algo de comer para no entretenerse tanto. Cuando llegó a su casa, comió y luego se cambió para irse al río, eran ya más de las cuatro de la tarde. Al momento de cambiarse Josué quien en la mañana se había bañado a consciencia, notó que la pintura de su cara y de su corazón se seguían notando, lo cual lo hizo pensar si en las oficinas a las que había ido alguien se había dado cuenta de que iba pintado, pero como era  ya muy tenue, no quiso darle mucha importancia. Ese día cuando salió en busca del río comenzó a llover, y en un instante el agua que caía del cielo comenzó a ser basta, al pasar por la zona donde se comenzaba a escuchar la música notó que ese día no se escuchaba, pero pensó que debía de ser algún efecto por la lluvia, pero lo curioso es que al no escucharse la música una vez que hizo las hierbas para un lado, y comenzó a caminar, vio que Benito nunca se separó de él, los días anteriores el perro salía disparado y le mostraba el camino hacia la cueva, pero ese día no se había separado. Josué un poco desesperado comenzó a brincar entre las hierbas, se mojó todo y luego de un buen rato de búsqueda, decidió que ese día lo mejor sería volver a casa. A su regreso, se cambió y notó que la pintura en su cuerpo seguía brillando y que cuando acariciaba a Benito se le alcanzaba a ver también la pintura que le había puesto la niña. Josué se hizo un té de manzanilla y se sentó, luego de varios días volvía a revisar su celular. A pesar de que no estaba de humor para contestar todos los mensajes que tenía, aprovecho para ponerse en contacto con su madre, le mando un mensaje a su hermano y finalmente decidió contestarle el mensaje a una “amiga” con las que había salido el sábado pasado y con quien había hablado algunos temas de amor. Ella le preguntaba por qué se había desaparecido desde ese día sin contestar ningún mensaje, y le mostraba su preocupación al respecto. Josué la verdad que ni tiempo había tenido de pensar en ella, y aunque por un lado agradecía su preocupación, también sentía que el mensaje oculto era un poco de celos de parte de ella, al pensar que podría estar ocultándose por estar saliendo con alguna otra chica. Así que le respondió que estaba bien, ella de inmediato le marcó, Josué al escuchar la llamada hizo un pequeño gesto de desaprobación con la cara, pero no le quedo de otra más que contestarle. Esa noche terminaron cenando juntos. Durante la cena Josué notó que su amiga comenzaba a sentir algo por él y que realmente estaba tomando el hecho de que se había desaparecido por el lado de los celos. Él tratando de no hacer crecer más ese celo, y un poco buscando un confidente, le terminó platicando sobre lo que le había pasado, le contó de la gente que hay en el río, pero al ver la cara de ella, se dió cuenta que no le está creyendo, por lo que al preguntarle, ella le responde que le es difícil creer, pero que si la lleva al siguiente día, ella lo vería con sus propios ojos.

Al siguiente día, el jueves, a media mañana llego ella, lista con su botella de agua, su mochila, con bloqueador en la cara, y con una gorrita para el sol. A pesar de que a Josué le pareció un poco exagerado, pensó que las personas del río, al final terminarían por dejarla desnuda, pero que estaba bien que ella se fuera preparada. Una vez listos todos, incluido Benito, salieron a caminar. Ella pensaba que sería toda una expedición hasta llegar al lugar, pero no era así, la entrada al río estaba relativamente cerca de la casa. El día era soleado, todo hacía pensar a Josué que esa mañana si pasarían  un buen momento en el río, e incluso mejor pues ahora llevaba a esta “amiguita”, aunque cuando iba a medio camino, pensó que tal vez la presencia de ella, le terminaría de quitar las esperanzas de tener algo con la chica del río. Mientras iba pensando eso, de pronto le pidió a ella que dejará de hablar para ir localizando  el sonido donde era la entrada, pero no se escuchaba nada, y para su mala suerte Benito ni siquiera se frenó por esa zona, se siguió un poco corriendo,  Josué le chifló y le pidió que le ayudara a localizar la entrada hacia el río. Benito se acercó y volvió a correr por el camino, sin si quiera hacer ningún esfuerzo por buscar la entrada, Josué le puso la correa y lo forzó a caminar entre la hierba, la susodicha no entendía por qué tenían que caminar entre la hierba crecida. Luego de una media hora de deambular, a ella le comenzaron a picar los insectos y algo le empezó a dar salpullido en la piel. Regresaron a la casa, ella le insinuó que no le creía nada, y que tal vez lo que estaba haciendo era ocultarle algo. Al final ella se fue, Josué desilusionado por haber quedado mal, pero sobre todo por pensar que nunca más volvería a dar con ese mágico lugar, comenzó a pensar que lo tendría que tomar solamente como un sueño. Esa tarde él estuvo preparando sus papales, envió algunos correos e hizo algunas llamadas para ir viendo lo de su nuevo empleo. Pero, en la noche Benito comenzó a actuar raro, como pidiéndole que lo sacará. Josué luego de hacer algunas cosas, le concedió el gusto de salir en la noche. Cuando iban caminando, en algún momento sintió una sombra, volteo un par de veces pero no lograba distinguir nada, pero Benito venía algo alterado. En algún momento Benito comenzó a ladrar hacia la nada cuando se acercaban a la zona, pero lo extraño era que ladraba hacia un árbol, Josué pensó que tal vez había un gato, pero al mirar hacia arriba del árbol, vio una sombra que cayó al piso, Benito en vez de reaccionar violentamente, se fue acercando con toda calma, y de pronto una persona con pinta de ser extranjero, lo comenzó a acariciar.  La persona le habló a Josué en un idioma raro, pero le hizo una seña con el dedo diciéndole que no, Josué de inmediato captó que no se podía invitar a personas ajenas al río, Josué bajo la mirada asintiendo que había comprendido el mensaje. En eso se comenzó a escuchar la música, el extranjero le dio una palmada en la espalda  y se fue corriendo por la maleza. Benito de inmediato salió detrás de él, y Josué detrás de ellos. Cuando llegaron al río la música se escuchaba fuertemente, en medio de la obscuridad comenzaron a salir luces de todos colores, estaba todo pintado de colores fosforescentes que brillaban en la noche, la gente bailaba, Josué al irse acercando al río, notó que Benito tenía la pintura de hace dos días en su cuerpo y no solo eso, sino que brillaba. En eso se fijó en su cuerpo y también la pintura en él, ahí estaba y brillaba hermosamente, así que esta vez no espero a que llegara la joven hermosa, si no que desde que iba llegando a la cueva, se fue despojando de sus ropas, se metió al río, y comenzó  a bailar, en algún momento al levantar la mirada, alcanzó a ver cómo había menos gente bailando en el río. En eso notó que algunas personas andaban caminando arriba de los árboles, a lo lejos vio a la hermosa joven que en esta ocasión estaba junto con la niña,  pintando los troncos y las ramas, las cuales también brillaban en la obscuridad.  Luego de un par de horas en que estuvo bailando felizmente, de pronto decidió salirse del agua, pensó que estaría fresco por lo que se dirigió a donde había dejado su ropa, pero justo al salir se le acerco uno de los ancianos de la comunidad, le frotó la cabeza a Josué, sacó un diminuto  animal del interior de su puño, era un sapo que parecía querer escaparse de las manos del hechicero, el cual lo apretó fuertemente dentro de su puño, lo tomó con su otra mano, y lo acerco a la boca de Josué, este cayó tendido en el suelo, en cuanto probó la sustancia activa del sapo.

La noción del tiempo desapareció para Josué quien a partir de ese momento comenzó a vivir cosas que no entendió si fueron un sueño o simplemente una realidad alterna. Josué recuerda que antes de quedarse dormido a la orilla del río, veía las ramas de los árboles y sobre ellas veía bailar estrellas y luces que emitían luces de colores, cuando volvió a ver personas brincando por encima de las ramas y moviéndose de un árbol a otro, de pronto se quedó dormido. No supo cuánto tiempo estuvo dormido, no supo dónde estuvo pues en sus sueños parecía haberse ido a un país europeo donde todos eran rubios, tal vez al país de dónde era toda esa gente, y de ahí haber subido a una montaña donde en la parte más alta seguía la fiesta, recuerda que en un momento entró a una cabaña donde  ardía un rico fuego calientito, cuando se acercó a la fogata, la chica hermosa le dijo cuál era su nombre, él no sabía cómo pronunciarle, pero cada vez se entendían más. Una vez dentro de la cabaña, la hermosa princesa le prestó una cobija, y cuando Josué estaba por preguntar por su perro, de pronto Benito entró corriendo y se sentó justo en los pies de ambos, quienes lentamente fueron acercando sus rostros sonrientes y se dieron un tierno beso que se sintió que duró por muchos siglos o largas vidas. Josué en ese estado en el que estaba cerró los ojos para disfrutar los labios de la extranjera, cuando de pronto comenzó a sentir una brisa cálida que le subía por el cuerpo, cuando abrió los ojos estaban frente al mar, justo a la orilla, sentados en la playa  era de noche, la fogata estaba frente a ellos, y Benito también, con sus diminutas luces y pintura en su cara. Josué volteó para atrás y se dio cuenta que el DJ seguía tocando su música, pero ahora la fiesta era en la playa. Se tomaron de la mano y corriendo por la arena se posicionaron frente a las tornas, a un lado de los enormes parlantes, comenzaron a brincar y a bailar,  así lo hicieron toda la noche, hasta que sin sentirlo, comenzó el amanecer. Benito quien despertaba de un buen sueño, se acercó a ellos y se fue corriendo al mar, ellos hicieron lo mismo, esa mañana mientras se escuchaba la música, ellos refrescaban sus desnudos cuerpos en las cálidas aguas del mar. Benito en la orilla jugaba a mojarse con la chica, mientras Josué nadaba de muertito en completa paz; en un momento paso un pelícano justo por encima de su  perspectiva visual, y luego detrás de él venían otros dos. Los pelicanos  comenzaron a darle vueltas a Josué como si fueran zopilotes esperando a que muriera la presa, pero para Josué no eran zopilotes, sino más bien, enviados de Dios, o tal vez, Dios mismo representado en la danza circular de tres pelicanos que habían ido a dejarle en claro lo que es la vida.

Por la noche de una forma casi imperceptible, como pasar de una neblina a otra, habían vuelto al río y estaban bailando. De pronto se acercó la niña sin ropa y tomó a Josué de la mano para llevarlo a la parte de atrás del escenario, justo donde la cueva se hacía más obscura. Ahí la niña tomó su paleta de pinturas que brillaban en la obscuridad y comenzó a pintarle todo el cuerpo, a lo lejos Josué alcanzo a ver una caravana de colores que brillaba en forma de perro, era Benito quien ya había pasado por las manos de la pequeña artista. Josué llevaba colores hasta en sus partes más íntimas, pero eso no le impidió meter los pies al agua del río para seguir bailando.  Esa noche en algún momento Josué sintió cansancio por lo que se fue a recargar al tronco de un árbol, en eso llego Benito  sin razonarlo mucho Josué comenzó a escucharle. Benito y él estaban teniendo una conversación, el perro le decía que era tan feliz en ese lugar, con toda esa gente y que sabía que él también lo era. Las luces de Benito comenzaron a dejar de brillar al irse encontrando con la claridad del amanecer. En ese momento Benito le hizo saber a Josué que había llegado la hora de tomar la decisión, o se quedaban ahí o volvían a la vida de antes, con su trabajo, sus excesos, su comida, sus croquetas, sus paseos.  Josué escuchaba atentamente mientras pensaba que, en efecto, era el momento de decidir. Con una expresión de seriedad Josué analizaba sus opciones, hasta que se dio cuenta que estaba hablando con su perro, algo dentro de él le decía que eso no era posible, pero el brillo de Benito era claro. Josué lo abrazo y se acostó en el suelo al lado Benito, hacía lo mismo.

EL sonido de una cascada hizo que Josué despertara, Benito ya no estaba a su lado, pero el eco de la música lo llevo a atravesar un lugar donde todo era verde, lleno de vegetación, era la selva, allá a lo lejos vio una luz donde le esperaba su hermosa chica, le grito por su nombre, y ella sonrió, le dijo que no se pronunciaba así, pero que iba mejorando. Lo abrazó y se tomaron de la mano, así tomados de las manos siguieron caminando casi sin tocar el suelo, hasta llegar a una cueva donde la música retumbaba y se combinaba con el sonido de una hermosa cascada. A pesar de que la música sonaba de un lado, la chica lo llevo a otra cueva desde donde la música apenas alcanzaba a mover sus cuerpos, ella le puso una planta agridulce y de colores debajo de su lengua, después hicieron el amor como Josué jamás lo había hecho. Una vez que terminaron regresaron a la cueva donde estaban todos, la fiesta era hermosa, los animales de la selva, curiosos, se asomaban de entre la infinidad de árboles y plantas para sentir la música y dejar mover sus cuerpos. Josué estaba extasiado, a tal grado que le costaba aceptar que estaba viviendo eso, para convencerse bailaba con más fuerza, veía como los colores de su cuerpo brillar y en su horizonte visual, analizaba a la hermosa creatura con quien había estado hacía solo unos instantes. La noche llegó rápido, Josué sentía  el efecto de la planta todavía bien anidado en su cuerpo, por lo que siguió bailando, en un momento vio como Benito se fue a recostar ya en medio de la noche, pero en eso sintió cómo ella lo comenzaba a tocar mientras seguían bailando. Una vez que se apareció el sol, ellos decidieron volver a ir a la cueva escondida de la selva a pasar un rato. Cuando terminaron, Josué se dio cuenta que estaban de nueva cuenta en la playa, por lo que se metió a nadar, sin saber cómo, de pronto estaba buceando debajo del agua, desnudo, y al lado de él, estaba ella, igualmente desnuda proyectando luces desde la profundidad del mar, caminando en el fondo se encontraron con una raya gigante, varias langostas, cardúmenes de millones de pescados,  arrecifes de corales vivos y otros muertos.  Tomados de la mano anduvieron debajo del agua, como si fueran uno se fueron nadando, ella nadaba como si fuera una sirena y él hacía todo lo posible por no soltarla de la mano, hasta que encontraron una cuerda, se agarraron de ella, y fueron subiendo poco a poco hasta la superficie.

Una vez arriba, todavía tomados de la mano caminaron por la arena, se sentaron a ver el sol sobre el mar, junto con Benito, y en eso comenzaron a hablar. Cuando Josué no entendía lo que ella decía, Benito le traducía. Fue en ese momento que ella le hizo una propuesta, la de seguir con ellos y no volver a su otra vida, incluso le dijo que era el momento de tomar la decisión.

Intentar entenderse con ella, le provoco mucho cansancio a Josué quien al regresar a la fiesta, decidió tirarse en la arena para platicar con Benito quien estaba a su lado. Ahí, Josué se volvió a quedar dormido, de pronto volvió al fondo del mar, pero estaba vez iba solo, por momentos parecía ser de noche y otros de día, las sombras en el fondo del mar eran extrañas, y más cuando se combinaban con luces fluorescentes  producidas por el reflejo del sol. Luego de andar vagando en las profundidades se encontró con una tortuga,  la cual en su lento nadar, le fue enseñando el camino, su caparazón emanaba luz, como si la niña le hubiera untado de sus pinturas. La tortuga lo termino llevando a la cuerda, la tomó y salió exhausto a la superficie. Una vez que tocó la arena se quedó dormido, en una especie de meditación, respirando hondo y sintiendo la brisa del mar en cada inhalación. Ahí Josué encontró una paz que nunca antes había sentido, poco a poco comenzó a sentir como una linda mano suave y delicada le tomaba del cuello hasta la nuca, para hacerle un lindo masaje, en eso abrió los ojos, y la vio. Era ella, pero esta vez tenía cola de pescado, era una hermosa sirena, por alguna extraña razón le pareció más pequeña de como la había visto en esos días. Josué le dio un beso que le supo a agua de mar y a tamarindo con coco,  se recostó en sus escamas, las cuales eran lisas mientras que su piel blanca y delicada como la de un bebé. Josué la acariciaba apasionadamente de arriba abajo, hasta que ella lo fue calmando, hasta que le pidió que cerrará los ojos hasta que se quedó dormido. Cuando despertó, ya estaban en el río. Al despertarse se dio cuenta que ella ya no era una sirena y de que volvía a tener la altura de siempre, ella sacó un pequeño honguito y se lo dio para que se lo fuera comiendo.

La luna era llena, y apenas se alcanzaba a divisar debido a ese cielo nublado. Benito se acercó con ella a jugar, y luego se pusieron a platicar, mientras Josué caminaba pensativo por la orilla, de pronto ella le gritó a Josué que era momento de partir y de no regresar hasta que no estuviera seguro de su decisión. En cuanto termino de hablar con la chica,  Benito se puso al lado de él, llegó la lluvia y comenzaron a caminar. Todos los extranjeros que había en la fiesta,  se quedaron mirando fijamente a Josué. Josué por un instante pensó en levantar la mano para decir adiós, pero eso sería una despedida, por lo que simplemente bajo la mirada, y le dijo a Benito que apresurara el paso. Una vez que salieron de la maleza,  volvieron al camino de regreso a casa. Josué vio como una especie de hormigas en forma de diminutos humanos se agrupaban a su alrededor, diciéndole en una voz que parecía un murmullo casi en silencio, -no te vayas, aquí estas mejor-. Josué saludo moviendo su mano a todos esos pequeños duendes que resultaban ser una mini versión de todos los extranjeros de la fiesta, y en eso recordó que no se quería despedir de ellos por lo que les dijo que eso era un chao, que no significa adiós, sino más bien un hola.

Al siguiente día, luego de varios días de estar desaparecido del mundo laboral, cuando Josué por fin volvió a su casa se dio cuenta de que ya era miércoles y que llevaba dos o tres días sin presentarse a ese nuevo trabajo al que debió haberse presentado desde el lunes a primera hora. A pesar de que estaba completamente seguro de la decisión y eso le producía una gran tranquilidad,  sabía que tenía que afrontar el compromiso de dar la cara ante la empresa y de explicar en su casa lo que estaba por hacer. Luego de un par de horas de pensarlo, no encontraba la forma comprensible de explicarlo, que le iba a decir al que iba a ser su jefe, a la chica que lo había contratado, y de paso también lo que le diría a su mamá y a su padre, sobre todo a él, pues sabía que la mamá con decirle que se iba de viaje y que eso lo hacía feliz, ella entendería, pero al padre cuyo deseo en él era que se convirtiera en director de una empresa, cómo lo iba a convencer. En medio de esa confusión decidió llamar a su mejor amigo con quien se juntó para tomar un par de cervezas. Le platicó todo lo que había pasado y lo que estaba por hacer, pero cuando le pidió su ayuda sobre cómo manejar la situación con esas personas, el amigo le sugirió que les dijera la verdad, pero Josué dijo -¿cómo carajos les hago para que me entiendan lo que siento cuando estoy en el río?-.

A lo que su amigo le respondió: -Diles que es como un Ra ve-

Josué antes de despedirse de su amigo le dijo: -¿y cómo le explico a mi jefe lo que es un rave?-

Se despidió de su amigo, minutos más tarde Josué se quedó dormido mientras Benito  hacía lo mismo. 


Fin.

 

David Herrera el González.

Septiembre 2025.  

Cómo le explico a mi hijo lo que hice?

 

Cómo le explico a mi hijo lo que hice?

 

Cómo le explico que ya no estoy con él, que estuve encerrado varias noches en esa horrenda carcel.

Cómo le explico que no voy a llegar que cuando me quise escapar ellos llegar y me sometieron, hasta me esposaron.

Cómo le explico que no me espere, por que ya ni siquiera estoy en el mismo lugar que él.

 

Cómo le explico que rompi las leyes,  pero que lo tenía que hacer, para darle un mundo mejor.

 

Cómo le explico que fui tratado como un delincuente, dormi en piedra, para que tu duermas en tu cama de Bob Esponja.

 

Cómo le explico que esa insipida maruchan que me comí se compensaba con esa deliciosa hamburguesa que tu y tu mami se comieron.

 

Cómo le explico que yo tuve que volver con mi mami, tu abuela, para que me de sustento, por que yo todo lo mio, te lo he dejado allá.

Cómo te explico hijo mio, que por ir a buscarte un mejor futuro, los gringos me llamaron ilegal.

Como te educo hijo mio. Creo que en vez de decirte que nunca migres, te voy a decir una cosa, aprende a correr rápido, y a escabullirte de la migra.

 

Cómo le hacemos hijo mio para hacerles entender, que ningún ser humano es ilegal.

 

 

A los migrantes del mundo.

9/09/25.

El González, Herrera, Deivid.

Nourriture Amère (Comida amarga)

 

Nourriture Amère (Comida amarga)

 

En la bella ciudad de París Arthur llevaba años atendiendo su pequeño restaurant que a pesar de ser pequeño, a lo largo de los años había logrado una muy buena reputación. Arthur siempre fue el líder en la cocina. Desde muy pequeño en su natal Lyon comenzo a aprender en su familia los principales secretos de la cocina francesa. En su juventud decidió mudarse a París para hacer un curso de cuisine, y posteriormente uno de sommeliere. Siempre interesado en saber y con una enorme humildad por aprender se había convertido en un chef respetado. Arthur al principio trabajo en un restaurante famoso donde conoció a la que sería su primer gran amor, Capucine.  A ambos les interesaba mucho la cocina francesa y de ahi Arthur comenzo a planear el menú de lo que algun día sería su propio restaurante. A pesar de que los primeros años de relación fueron hermosos, en un momento Capu decidió irse a hacer una especialidad a México, al principio acordaron en que con amor iban a lograr que pasara ese año para volver a reencontrarse pero a los pocos meses se termino la relación. Arthur con el corazón roto  apostó por su orgullo y siguió trabajando en su idea de poner un restaurante  y en poco tiempo le surgió una oportunidad no solo de empezar con su negocio, sino de comenzar una nueva relación.  Así que empezando el año no solo estrenaba novia, sino también a su nueva repostera Audrey, quien se enamoro perdidamente de él.  Para Arthur era díficil volver a enamorarse pero luego de un par de meses había vuelto a creer en los sentimientos del cœur. Luego de varios años el restaurante había tomado mucha fuerza  y buena reputación, por el contrario la relación con Audrey terminaría luego de un año y medio pues al parecer el amor que ella sentía por él no se comparaba en nada con lo que él sentía o al menos eso fue lo que ella argumento al irse de París. Arthur una  vez más para sobreponerse al mal de amores se refugio en lo que más le gustaba hacer que era cocinar, y al final de cuentas el hecho de haber perdido a su repostera no le afecto pues el reinventó el pan y los pasteles que vendía en su negocio, al grado de que por primera vez su restaurante comenzaba a ser tema de discusión por parte de los mejores criticos culinarios de la ciudad. Arthur comenzaba a figurar como uno de los mejores chefs y una ampliación de su negocio parecía ser más que necesaria. Con todo el éxito Arthur no dejaba de estar a cargo de la mayoría de los platillos que ahi se preparaban. Cuando todo parecía ir viento en popa, Arthur ya con cuarenta años de edad comenzaba a plantearse la idea de cambiarse a un lugar más grande e incluso buscar la forma de abrir otros restaurantes en otras ciudades, y por qué no, en otras partes del mundo.

Arthur a pesar de ser un tipo bastante reservado, un día acompaño a uno de sus amigos a una de esas inolvidables fiestas electronicas que había en aquella época en París. Esa noche sin esperarlo, Arthur conoció a una hermosa chica extranjera que estaba en París estudiando moda y a quien le encantaban ese tipo de fiestas. El flechazo de amor fue inmediato, esa noche Arthur bailó a su lado por horas, ya cuando estaba amaneciendo se pusieron a charlar, intercambiaron números y de ahi comenzaron a salir.  Las primeras citas parecían estar llenas de magia interestelar, pero no fue hasta que él la acompaño a una fiesta masiva que formalizaron su relación. Arthur quien había jurado no volverse a enamorar, lo había vuelto a hacer y esta vez de una chica mucho más jovén que él, pues ella tenía apenas veintisiete años, aunque su comportamiento fuera de alguien mucho más madura, al menos al principio, pues rapidamente termino saliendo un lado de ella que termino por herir de sobre manera a Arthur. 

Cuando Arthur comenzo a tener problemas con ella,   busco refugio en la cocina, estaba solo en su casa se hizo una pasta y para su sorpresa le quedó con un sabor amargo que no le convenció, pensó que tal vez era por que algún ingrediente estaba pasado, e incluso que no le había gustado por su mal estado de animo.

Pero el problema no termino ahí, una vez que comenzo a ir a su restaurante todo lo que cocinaba parecía tener ese amargo sabor, como si su sazón fuera el que estuviera podrido, a tal grado que los comensales comenzaron a regresar sus platillos salados y por sorpresa, también los dulces. En un momento y esperando arreglar el asunto antes de que los críticos lo atacaran comenzo a delegar sus funciones en la cocina, pero todo lo que el tocaba terminaba teniendo un sabor no grato.

Mientras todo esto pasaba un día se encontró con algo que le termino de romper el corazón, esa noche llego llorando al restaurante, desahuciado en su interior su compañeros chefs le pidieron que no se fuera que se esperara hasta el cierre.  Una vez que se fueron todos los comensales, y mientras limpiaban todos los trabaajadores del restaurante, quienes le tenían bastante cariño, abrieron un par de botellas de vino y comenzaron a hablar con él. Le preguntaron que estaba pasando con su comida,  que era lo que le estaba faltando o sobrando, no era momento de arriesgar toda la buena reputación que habían construido a lo largo de los años, pero Arthur no sabía que responder.

Una vez que regreso solo a su casa Arthur pasó varias horas de la noche intentando explicarse a si mismo cual era la respuesta a la pregunta de por que de pronto había perdido la magia para cocinar, le dio vueltas al asunto, pensó en lo que podría estar haciendo mal, en los ingredientes, en su restaurante, incluso en los comensales ; luego de un buen rato  sentado en la cama de no poder dormir, solo pudó decir una cosa con un grito que estremeció a los vecinos de su edificio :

 

-!Putain Sarah di merde!-

 

La Fin

 

El Davidé,  el Herreré, el Gonzalé

Settembre 2025.