lunes, 29 de septiembre de 2025

El eructo

 

El eructo

Después de las once de la noche Juan volvía de dar la vuelta con su perro Sanders.

Era un domingo y en casa de Juan la abuela Margara había hecho un molito para festejar a Josefina, la madre de Juan. Juan por la noche se sentía muy lleno que decidió salir un poco más temprano. Sanders salía siempre despavorido, pero ya en la parte donde terminaban las casas, se cansaba y andaba siempre cerca de su amo. En esa parte ya sin casas, Juan decidió tomar un atajo con Sanders, era un caminito obscuro entre una pequeña arboleda, ahí casi inconscientemente soltó un eructo que se escuchó hasta su casa, el eructo se prolongó de tres a cuatro segundos, pero luego de eso, vino un silencio donde Juan aprovecho para pasar saliva, repentinamente Juan escucho de regreso un eructo como el que él acababa de tirar. Con la misma duración de 3 a 4 segundos y el mismo volumen, fue tan rara la sensación para Juan que tuvo que elevar su mano derecha para tocarse la boca y cerciorarse que el sonido no venía de sus entrañas, sino de las entrañas del campo. Sanders, quien iba unos pasos delante de él, levanto sus orejas y se puso alerta, luego de unos instantes siguió caminando. Juan un poco asustado tomo unos segundos para volver en sí, eso sucedió unos instantes después de que le llegará un aroma de ese eructo imaginario con sabor a mole de Doña Margara, su abuela.  Lo cual en vez de asustarlo, le hizo poner una sonrisa en su cara con la cual regresaba a su casa, pues el recuerdo de lo rico que había estado el mole ese domingo familiar, era más que el miedo a escuchar eructos sin saber su procedencia.

 

DHelG   7/7/25

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