El eructo
Después de las once de la noche Juan volvía de dar la vuelta
con su perro Sanders.
Era un domingo y en casa de Juan la abuela Margara había
hecho un molito para festejar a Josefina, la madre de Juan. Juan por la noche
se sentía muy lleno que decidió salir un poco más temprano. Sanders salía
siempre despavorido, pero ya en la parte donde terminaban las casas, se cansaba
y andaba siempre cerca de su amo. En esa parte ya sin casas, Juan decidió tomar
un atajo con Sanders, era un caminito obscuro entre una pequeña arboleda, ahí
casi inconscientemente soltó un eructo que se escuchó hasta su casa, el eructo
se prolongó de tres a cuatro segundos, pero luego de eso, vino un silencio
donde Juan aprovecho para pasar saliva, repentinamente Juan escucho de regreso
un eructo como el que él acababa de tirar. Con la misma duración de 3 a 4
segundos y el mismo volumen, fue tan rara la sensación para Juan que tuvo que
elevar su mano derecha para tocarse la boca y cerciorarse que el sonido no
venía de sus entrañas, sino de las entrañas del campo. Sanders, quien iba unos
pasos delante de él, levanto sus orejas y se puso alerta, luego de unos
instantes siguió caminando. Juan un poco asustado tomo unos segundos para
volver en sí, eso sucedió unos instantes después de que le llegará un aroma de
ese eructo imaginario con sabor a mole de Doña Margara, su abuela. Lo cual en vez de asustarlo, le hizo poner una
sonrisa en su cara con la cual regresaba a su casa, pues el recuerdo de lo rico
que había estado el mole ese domingo familiar, era más que el miedo a escuchar
eructos sin saber su procedencia.
DHelG 7/7/25
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