viernes, 27 de junio de 2025

HIDROCALIDO HASTA LA MEDULA.

HIDROCALIDO HASTA LA MEDULA. 


Esa fresca noche mientras sacaba al perro, me postré frente al templo de la catedral y me puse a admirarla, que bonita que es la iglesia, que bonita la plaza, que bonito Aguascalientes. Esa plaza que en los últimos dos años había recorrido casi diario, la cual hasta por unos meses fue mi fuente de trabajo con las marionetas, la plaza de armas siempre con esa hermosa catedral de cantera iluminada.  Aquella plaza que he visto con distintas decoraciones, con calor, con frío, decorada de navidad con árboles derramando lágrimas, o en épocas de feria con el deambular de muchos ebrios, o resguardada por hermosas esculturas de Leonora Carrington y otros, con vagabundos durmiendo fuera del teatro. Las veces que he pasado por allí, las veces que he bajado esa bajadita al costado de palacio que lleva hasta el heraldo, las veces que he pasado comiendo algo por allí, caminando a prisa, con hueva, las veces que la he bajado patinando en la tabla siempre tratando de ir más rápido.

Hermoso es mi Aguascalientes con mi gente, con mi familia, a la cual no hace falta decir cuánto amor les tengo, a mis amigos, y hasta a los conocidos. Pero con todo y eso, ya me quiero ir, porque ya estoy cansado también de mi Aguascalientes, de todo eso que tengo aquí. Hoy frente a la catedral me pregunto, ¿por qué me quiero ir, si amo tanto las cosas que tengo aquí?  La respuesta viene a mi unos cuantos pasos después, -porque la quiero amar aún más.

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