viernes, 27 de junio de 2025

El cerro y la montaña.

 

El cerro y la montaña.

 

Esta es la historia de un cerro y una montaña. Todo comenzó cuando apenas se estaba conformando el mundo y,  por sobre todo, el amor, ósea que esto sucedió hace miles de años.

 

Resulta que un día apareció una montaña, y al verse en la tierra empezó a contemplar desde su punto más alto, y vio a lo lejos miles de árboles, tonos de todos colores, y al final de su perspectiva visual alcanzó a ver algo. Era azul y avanzaba rápidamente, era solo una línea en su horizonte, y cuando se preguntó ¿qué será eso?  Una voz le contestó:

-es un río, corre a lo largo y ancho de aquel lugar, el agua avanza, por ende ese tono azul que vez a lo lejos, siempre esta cambiando, se renueva día con día, minuto con minuto, segundo con segundo.

La montaña quedó maravillada, así que paso años y años  viendo el lejano horizonte. Hasta que un día de buenas a primeras volteó hacia el otro lado y vio que a tan solo unos kilómetros de ella se encontraba un cerro, era hermoso, con millones de árboles, millones de colores en él, conteniendo una inmensa cantidad de animales y de flores.

Entonces la montaña pensó: -¡que hermoso¡ me preguntó desde cuando ha estado allí-

En eso escucho una voz:

-Llevo casi un siglo frente a ti,  hermosa montaña.

 

La montaña tardó unos segundos en reconocer la voz, hasta que recordó que era la misma que hacía años le había explicado lo que era el río.

Fue amor desde el primer momento, el cerro y la montaña pasaban años admirando y compartiendo lo que sabían de la tierra.

Un día la montaña le preguntó al cerro, por qué nunca antes había intentado hablar con ella, y le dijo:-¿qué acaso no creías que era bella?

El cerro le contestó:

-Todos los días te admiraba y deleitaba mí vista con tu paisaje, pero una vez escuché que cuando uno realmente ama a alguien lo puede esperar un año o cien. Así que fui paciente, pues yo haría lo que fuera por hacerte feliz, y por ser tu verdadero amor.

 

En la cima de la montaña, la poca nieve que quedaba del invierno se derritió instantáneamente al oír esas palabras provenientes del interior más hondo del cerro.

 

Pasaron siglos juntos, admirándose el uno al otro, de pronto miraban a lo lejos para conversar sobre las maravillas de la tierra. Les gustaba hacerse preguntas y durante la noche ambos dos permanecían despiertos unas horas, mirando a la luna, para tratar de dar respuestas a sus inquietudes.

 

Un día caluroso, cuando el sol comenzaba a postrarse sobre ellos, vieron los colores del atardecer encima de ellos, era rojo, luego naranja, rosa, morado, amarillo y los tonos cambiaban lentamente. Fue  una transición mágica de la cual ambos dos no tuvieron pregunta alguna, pues sabían que ni pasando un siglo de noches en vela, podrían resolver un misterio tan hermoso como aquel atardecer.

Al caer la noche ambos decidieron no hablar del tema, solo pensaron en que debían recordarlo para siempre.

Ante la falta de conversación, la montaña le preguntó al cerro, algo que tenía años queriéndole preguntar, pero que no había tenido la oportunidad de hacerlo.

-si pudieras cambiar algo en el paisaje que tienes frente a ti, ¿qué sería?

El cerro le contestó:

-nada, para mi es perfecto, yo creo que soy muy afortunado, pues todos los días al levantarme puedo voltear y ver la más hermosa de las montañas frente a mí.

 

La montaña sonrió, pero entonces el cerro le hizo la misma pregunta, y la montaña contestó:

-yo también se que soy afortunada de tenerte frente a mí, pero lo único que yo quisiera es ver la frescura de un río correr alrededor de mí.

Ambos se miraron y luego se fueron a pensar mirando a la luna.

 

Durante la noche se sintió un pequeño terremoto, pero la montaña, en medio de sus sueños, no le dio mucha importancia.

Al día siguiente al despertarse, la montaña miró al horizonte lejano, y cuando torno su mirada hacia el cerro, y vio que no estaba ahí, había desaparecido.

Ella se exaltó y trato de hacer algo, trato de moverse, de preguntarle al cerro, de mirar a la luna, pero después de varias horas se dio cuenta que no podía hacer nada.

Por la noche miró a la luna, pero simplemente no encontraba respuesta, se sintió tan sola que empezó a llorar, cerro sus ojos y lloró y lloró.

Lloró por meses, tal vez por años, hasta que un día se detuvo.

Y cuando miró a su alrededor vio el más hermoso río corriendo a su alrededor. Tenía caídas en forma de cascadas y formaba un inmenso lago, en el lugar donde antes estuvo el cerro.

En ese momento, finalmente la montaña volvió a sonreír, pero seguía sintiendo la pena de saber que el cerro ya no estaba con ella para admirar el nuevo horizonte.

Por la noche al mirar a la luna, recordó unas palabras que la hicieron retumbar en su interior.

-“…yo haría lo que fuera por hacerte feliz y por ser tu verdadero amor….”

En ese momento la montaña finalmente entendió que el cerro la dejo para poder concederle el deseo de poder ver un río correr.

 

En ese momento la montaña entendió que lo único que podía hacer era ser paciente y esperar. Así que desde ese día cuando el sol comienza su atardecer, la montaña voltea hacia el lago, y contempla el reflejo del cerro, el reflejo de su corazón, que un día estuvo allí y que algún día el destino ha de volver a poner frente a ella.

 

FIN.

2017

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