viernes, 26 de noviembre de 2021

EL SEÑOR DE LA CANTINA

 

EL SEÑOR DE LA CANTINA

 

Una maceta fue lo último que Daniel sacó de la casa, llevaba varios días de mudanza y había dejado para el último viaje, las cosas más pequeñas. Con mucho cuidado bajo por la escalera y como pudo se las ingenió para abrir la puerta sin bajar la maceta. La noche era fría y en cuanto abrió la puerta sintió ese viento gélido pegándole en la cara y en las manos que era lo único que tenía al descubierto. En cuanto estaba por cerrar la puerta vio que del “Puerto de Mazatlan”, que era la cantina que estaba justo enfrente de la casa, venía saliendo un señor de edad avanzada cruzando la calle, su caminar de pasos cortos y atolondrados daban el aspecto de que llevaba varias horas tomando.  A Daniel dicha imagen le trajo un gran cúmulo de recuerdos pues durante todo el tiempo que vivió en esa casa, “El Puerto” había sido como su segundo hogar. La cantidad de fiestas desenfrenadas, juntas de negocios, citas, brindis, entre otros eventos cruzaban la mente de Daniel mientras el señor cruzaba lentamente la calle, afortunadamente ya era tarde y no pasaban autos, así que Daniel solamente lo observaba.

Cuando Daniel volvió a hacer el esfuerzo para cerrar la puerta sin bajar la maceta, de pronto el señor le llamó con una voz suave y palabras cortadas:

-Oye, tu. Si tu

A Daniel normalmente no le gustaba hablar con borrachos cuando él no estaba en ese mismo estado, pero luego de los recuerdos que habían cruzado su cabeza, sintió que por todas las veces que él había hecho ese trayecto caminando de esa manera, lo menos que podía hacer era ayudar al señor.

-Ven para acá, tu eres el joven que vive aquí verdad.

Daniel con la maceta en las manos, le dijo que sí, pero que ya estaba por dejar la casa.

-Y tú sabes lo que paso aquí adentro verdad.

Daniel no entendía lo que la voz entrecortada del señor le trataba de decir, por lo que le pregunto que si se sentía bien.

-No te hagas güey, tu viviste aquí mucho tiempo. Tu sabes lo que paso aquí. ¿Qué te dijo la señora?

Daniel había vivido con un par de personas distintas, pero nunca con una señora por lo que no entendía muy bien lo que el señor le quería decir, y por el contrario comenzó a desesperarse con la presencia del señor y con el hecho de que no le dejaba cerrar la puerta y dar por terminada su mudanza.

-Mire señor ya me tengo que ir y yo no sé nada de ninguna señora.- Respondió Daniel.

El señor quien tenía la mirada baja hasta ese entonces, levanto la mirada de forma amenazadora barriendo a Daniel de abajo para arriba, cuando se encontró con su mirada le dijo con voz fuerte y clara, como si su borrachera simplemente se disipará.

-Yo sé que tu viviste en mi casa por más de dos años, me lo dijo el joven de la barra.  Así que no te hagas pendejo. Y estoy seguro que tu hablabas con mi esposa, su alma sigue penando en esa casa, y de seguro ella me sigue culpando de su muerte. Dime qué tanto te dijo Jovita.

Daniel asustado al ver la reacción del señor y escuchar sus palabras, se aterrorizo más al escuchar que la puerta de arriba se abrió de par en par golpeándose con la pared.

-Allí estas Jovita- gritó el viejo. Ven para que le digas a este joven como fueron las cosas en realidad, yo no te maté, tú te querías morir y si te colgaste en los ganchos de la azotea fue culpa tuya y no mía. -

Daniel comenzó a desesperarse al pensar que el señor estaba loco y que tanto alcohol que se había metido, habían terminado por volverlo aún más, por lo que le dijo:

-Mire señor, yo no sé nada de lo que me está hablando y la verdad que ya me tengo que ir, por lo que le voy a pedir de favor que se mueva y me deje cerrar las puertas, que ya me tengo que ir.-

Daniel puso la maceta en el suelo y se abalanzo a las escaleras moviendo al señor con un ligero jaloncito de hombros. Subió rápidamente para cerrar la puerta de arriba. Cuando venía regresando se dio cuenta que el señor intentaba subir las escaleras, pero su estado de ebriedad no le permitió subir más de cuatro escalones hasta que cayó al suelo. Al momento de caer se escuchó un tremendo golpe que hizo que Daniel se espantara pensando que se había pegado en la cabeza. Corrió a levantarlo y se sorprendió al ver que el señor seguía hablando desde el piso.

-No te hagas chamaco, yo estoy seguro que tu escuchabas los ruidos en la casa-

En ese momento Daniel recordó la cantidad de veces que los ruidos de la casa le sacaron un susto a él, o a las demás personas que la habitaron, las veces que se auto tranquilizaba diciendo que eran las corrientes de aire que entraban por la gran cantidad de ventanas; mientras tomaba la mano fría del señor para ayudarlo a levantarse, sintió un tremendo escalofrío bajando por su espina dorsal.

-Pinche vieja, ¿algún día nos vas a dejar en paz?-  Gritó el señor todavía desparramado sobre las escaleras.

Daniel luego de ayudarlo a ponerse en pie, lo saco a empujones de la casa y por fin pudo cerrar la puerta que da a la calle. Con la escena del señor tambaleándose frente a la casa y una maceta tirada en la banqueta, decidió que lo mejor era meter la maldita maceta al auto, que estaba a la vuelta de la esquina y luego regresaría para hablarle a un taxi, o a la policía en caso de ser necesario, para que se llevaran al señor.

Cuando Daniel venía regresando de llevar la maceta, con la cara sudorosa, a pesar del frío, y con las manos más heladas que antes, se dio cuenta que el señor ya se había ido. Al principio pensó en ir a buscarlo, pero el miedo que lo invadía, así como las ganas de descansar al final lo convencieron de que lo mejor era dejar que el viejo se las arreglará solo. Ya estaba por volver al coche, pero una curiosidad sobrenatural le hizo ir a preguntar al Puerto para ver que sabían sobre ese señor, pues pensó que tal vez era uno de esos borrachos que solían visitar habitualmente la cantina, pero las palabras de Fabián Antonio, el dueño de la cantina, lo dejaron con menos aliento que con el que había entrado a la cantina.

-Ora, pues de cuál te metiste mi Dany, aquí no ha venido ningún señor hoy, solo hemos tenido estas dos mesas. Por cierto, ya acabaste de mover tus cosas, se me hace que estas alucinando de tantas cosas que tenías, o a lo mejor te hace falta un trago.

Y volteando hacia la barra dijo:  

- Sírvanle una chela al compa.

Daniel rechazó la cerveza, con la cabeza llena de dudas y de inseguridades se fue a dormir a su nueva casa. Dicha casa estaba aún vacía pues los de la mudanza llegarían con todos los muebles hasta el día siguiente; esa noche los ruidos y crujidos de la nueva casa eran tan constantes que impidieron que Daniel conciliara el sueño en toda la noche.

 

 

Somnoliento Rodríguez. 

Enero 2021. (en memoria de la casa de José Ma y larga vida al Puerto de Mazatlán.)

 

 

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