EL CHILE ME SALVO.
(No es albur, sino una historia inspiradora de la gran
ciudad)
Llevaba varios días, o tal vez semanas,
así. Hasta que un buen día, se me acerco un loco que me dijo: - ¿No quieres fruta, carnal?, No me la voy a
acabar – Sin siquiera verle el
rostro, estiré la mano para tomar el vasito y me dispuse a probar un bocado. De
inmediato la amarga combinación de limón con chile me hizo resurgir de lo más
hondo de mi ser, fue allí que recordé que llevaba varios días sin comer. El joven que me regalo la fruta, se había
recargado a revisar su teléfono en el único rincón de la estación del metro
donde no había gente, ahora entiendo que estaba así porque nadie se quería
acercar a mí; él se puso a revisar su celular mientras yo devoraba los pedazos
de fruta que identifiqué como sabores ya conocidos, pero que tenía mucho tiempo
sin sentir, luego de analizarlos unos segundos pude reconocer que eran jícama y
pepino. Volteé a verlo un instante, él me regreso una leve y breve sonrisa, y
posteriormente me dijo: - espero que no
esté muy picoso, el que me la vendió se dio vuelo con el chilito-. Yo sin
decir una sola palabra moví la cabeza y luego los hombros, como dándole a entender
que no tenía ningún problema. Después de
eso cada quien siguió en lo suyo, él en su celular y yo comiendo de manera
mucho más lenta los últimos pedazos que quedaban, no por falta de hambre, sino
porque entre más me acercaba al final de la fruta, más intensa era la amarga sensación
del chile con el limón. Cuando comía uno de los últimos pedazos de pepino,
volví a mirarlo; él no me miró pues estaba concentradísimo viendo su teléfono. Agaché
la mirada de nueva cuenta y volví a notar como la saliva en mi boca volvía a
emerger después de varios días de tenerla seca.
En ese momento recordé que tenía muchos días dando vueltas en las
diferentes estaciones del metro, sin siquiera salir al exterior, y que la
última vez que había tomado agua, había sido ya hace varios días cuando había
encontrado un dispensario que funcionaba en una de las estaciones. En eso
estaba hasta que mis pensamientos se vieron interrumpidos por que el joven pronunció
unas palabras que fueron las primeras que mi cerebro logró registrar
conscientemente, después de muchísimo tiempo: -esta
pinche ciudad es un caos, capaz de volver loco a cualquiera- lo miré y moví la cabeza sutilmente como
reafirmando lo que él decía. Después de
un parpadeo prolongado, abrí los ojos lo más grande que pude y sentí que volvía
a ver con claridad, como si despertara de un sueño, de una horrible pesadilla, miré
a mi alrededor y me encontré con que el loco estaba maldiciendo entre dientes
su celular, lo guardó en su bolsillo, y comenzó a caminar. Para entonces, yo ya
había terminado la fruta y solo quedaba el juguito acumulado en el fondo del
vaso. Le di un valiente trago y sentí como al caer en mi estómago, con todo ese
amargo y ácido sabor, volvía a ser el que hacía mucho tiempo que no era.
Cuando el loco que hablaba con su celular estaba por
desaparecer, me miró y movió su cabeza como despidiéndose; en ese momento deje
caer lentamente el pedazo de estopa que llevaba en mi mano izquierda para
corresponder a su saludo, y justo antes de que se alejara alcance a pronunciar
mis primeras palabras después de muchísimo tiempo de no hablar con nadie. Lo
único que me salió desde lo más profundo de mi corazón fue un: “Gracias carnal”.
Campaña: “Todos pertenecemos a la
calle” or “We all belong to the streets”
Dedicado a todas las personas que han hecho de la calle, su hogar. A
esos vagabundos e indigentes que por distintas circunstancias han terminado
así. Sabiendo que los podemos ayudar a reintegrarse a la sociedad, o si su
decisión es definitiva, al menos proporcionarles una vida más digna.
Texto y Fotografia: David Herrera el González.

Excelente relato David, todos en un momento podemos llegar a esa situación, refleja tu gran corazón, presumo que lo habrás hecho más de una vez.
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