sábado, 7 de marzo de 2020

EL CHILE ME SALVO.


EL CHILE ME SALVO.
(No es albur, sino una historia inspiradora de la gran ciudad)




Llevaba varios días, o tal vez semanas, así. Hasta que un buen día, se me acerco un loco que me dijo: - ¿No quieres fruta, carnal?, No me la voy a acabar –  Sin siquiera verle el rostro, estiré la mano para tomar el vasito y me dispuse a probar un bocado. De inmediato la amarga combinación de limón con chile me hizo resurgir de lo más hondo de mi ser, fue allí que recordé que llevaba varios días sin comer.  El joven que me regalo la fruta, se había recargado a revisar su teléfono en el único rincón de la estación del metro donde no había gente, ahora entiendo que estaba así porque nadie se quería acercar a mí; él se puso a revisar su celular mientras yo devoraba los pedazos de fruta que identifiqué como sabores ya conocidos, pero que tenía mucho tiempo sin sentir, luego de analizarlos unos segundos pude reconocer que eran jícama y pepino. Volteé a verlo un instante, él me regreso una leve y breve sonrisa, y posteriormente me dijo: - espero que no esté muy picoso, el que me la vendió se dio vuelo con el chilito-. Yo sin decir una sola palabra moví la cabeza y luego los hombros, como dándole a entender que no tenía ningún problema.  Después de eso cada quien siguió en lo suyo, él en su celular y yo comiendo de manera mucho más lenta los últimos pedazos que quedaban, no por falta de hambre, sino porque entre más me acercaba al final de la fruta, más intensa era la amarga sensación del chile con el limón. Cuando comía uno de los últimos pedazos de pepino, volví a mirarlo; él no me miró pues estaba concentradísimo viendo su teléfono. Agaché la mirada de nueva cuenta y volví a notar como la saliva en mi boca volvía a emerger después de varios días de tenerla seca.  En ese momento recordé que tenía muchos días dando vueltas en las diferentes estaciones del metro, sin siquiera salir al exterior, y que la última vez que había tomado agua, había sido ya hace varios días cuando había encontrado un dispensario que funcionaba en una de las estaciones. En eso estaba hasta que mis pensamientos se vieron interrumpidos por que el joven pronunció unas palabras que fueron las primeras que mi cerebro logró registrar conscientemente, después de muchísimo tiempo:  -esta pinche ciudad es un caos, capaz de volver loco a cualquiera-  lo miré y moví la cabeza sutilmente como reafirmando lo que él decía.  Después de un parpadeo prolongado, abrí los ojos lo más grande que pude y sentí que volvía a ver con claridad, como si despertara de un sueño, de una horrible pesadilla, miré a mi alrededor y me encontré con que el loco estaba maldiciendo entre dientes su celular, lo guardó en su bolsillo, y comenzó a caminar. Para entonces, yo ya había terminado la fruta y solo quedaba el juguito acumulado en el fondo del vaso. Le di un valiente trago y sentí como al caer en mi estómago, con todo ese amargo y ácido sabor, volvía a ser el que hacía mucho tiempo que no era.  
Cuando el loco que hablaba con su celular estaba por desaparecer, me miró y movió su cabeza como despidiéndose; en ese momento deje caer lentamente el pedazo de estopa que llevaba en mi mano izquierda para corresponder a su saludo, y justo antes de que se alejara alcance a pronunciar mis primeras palabras después de muchísimo tiempo de no hablar con nadie. Lo único que me salió desde lo más profundo de mi corazón fue un: “Gracias carnal”.

Campaña: “Todos pertenecemos a la calle” or “We all belong to the streets”

Dedicado a todas las personas que han hecho de la calle, su hogar. A esos vagabundos e indigentes que por distintas circunstancias han terminado así. Sabiendo que los podemos ayudar a reintegrarse a la sociedad, o si su decisión es definitiva, al menos proporcionarles una vida más digna.

Texto y Fotografia: David Herrera el González.

1 comentario:

  1. Excelente relato David, todos en un momento podemos llegar a esa situación, refleja tu gran corazón, presumo que lo habrás hecho más de una vez.

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