“Lorenna con doble “n” ”.
Tanto la vida como las orquestas,
se tienen que estar afinando constantemente
(Con afecto a la OSA.)
Era la época en que la orquesta de mi ciudad estaba en su mejor nivel. Empecé
a asistir pues vivía en la colonia que estaba frente al teatro. Solía sacar a
pasear al perro justo en el complejo donde estaba el teatro pegado al museo Descubre, al hotel Quinta Real y al
Parque Héroes Mexicanos. Cuando paseábamos por las mañanas algunas veces nos
tocaba escuchar los ensayos, yo muchas veces buscando salir del ritmo de vida
acelerado de la escuela, me aventaba todo el concierto de a gratis mientras mi
perro brincaba de un arbusto al otro.
Eso hizo que me interesara por asistir a un concierto de la orquesta
sinfónica. Esos días mi presupuesto era bastante reducido, así que tuve que
ahorrar lo que me daba mi padre por un mes para poder asistir a un concierto
donde presentaban un concierto de Mozart, yo había escuchado que el era de los
grandes, así que decidí invertir mi dinero para ir a escucharlo, la gente decía
que el boleto no era caro, pero para mi pagar 100 pesos en aquella época era un
esfuerzo grande. El concierto era a las ocho y media, yo salí caminando de mi
casa a las ocho, para las ocho y cuarto
ya estaba en el teatro, camine un poco alrededor para entender la lógica de los
boletos, me forme en la fila y justo cuando estaba por avanzar rumbo a la
ventanilla paso muy a prisa una señora, yo supuse que quería comprar un boleto
de urgencia por lo que le hice un gesto por si quería pasar, ella por el
contrario se me acerco y en voz baja me dijo, quieres un boleto, le respondí
que si, que estaba por comprar uno, ella llevaba dos en su mano, me dio uno y
siguió caminando a toda prisa, yo no entendía nada, solo vi que el boleto que
me había dado, tenia el precio de cero pesos, mire un poco a mi alrededor, y salí de la fila de la taquilla, para irme a formar a la fila de entrada al
teatro todavía con la duda si no me habían hecho una broma, o si no me fueran a
asaltar o a hacer algún tipo de fraude, pero no, al final entre sin ningún
problema y sintiendo que era una señal que
esa señora a la que nunca volvería a ver en la vida me hubiera dejado
entrar a este mundo gratis y sin mucha explicación.
Una vez dentro note que la mayoría de la gente iba bien vestida, pensé
que había hecho bien en llevarme la camisa de cuadros para al menos no verme
tan fuera de lugar, aunque luego note que haba algunas personas con facha de
artistas que andaban vestidos de forma alternativa y de inmediato pensé que si
volvía a asistir podía usar ese atuendo.
Ocupe mi lugar y de pronto se escucho el anuncio de la primera llamada,
yo no tenia idea que era eso, pero luego de la tercera entendí que eran los
avisos para que las personas fueran ocupando su lugar. En la sala ya había un
ruido de todos los instrumentos pero sin ningún orden que me hacia recordar a
ese murmullo que se hacia en la escuela cuando todos hablan al mismo tiempo,
pero acá con instrumentos musicales, hasta que de pronto se apareció un señor
de edad avanzada vestido elegantemente en un smoking negro, en cuanto salio
todos aplaudieron, era el famoso director de la orquesta, y sin mucho preámbulo
comenzaron a sonar, como si por arte de magia su sola presencia cambiara esos
sonidos sin sentido en una majestuosa pieza musical. De inmediato el sonido de
los violines me estimulo, mi interior
comenzó a moverse siguiendo ese ritmo, hasta que un fuerte golpe en la
percusión me volvió a la realidad. Por
alguna extraña razón me sentía feliz, estaba solo en ese teatro, pero me sentía
acompañado de la música, de la gente y también de los músicos. En algún punto
comencé a hacer distintos ejercicios mientras sonaba la música, analizar al
publico, tratar de ver el movimiento uniforme de la gente que tocaba los
instrumentos de cuerda, contagiarme de
la energía con la que se movía el director, hasta que se me ocurrió levantar la
mirada con la intención de ir viendo las expresiones de los músicos al sonar su
instrumento, comencé de izquierda a derecha, vi a la primer violín tocando, al
señor de la percusión grandota, a los del oboe, regrese con el director, y
justo cuando cruce esa mitad vi una señorita cuya presencia tenia mas luz que
todos los demás, ella esperaba leyendo sus notas y en un momento tomo su flautín
y comenzó a tocar, era hermosa y con un porte muy elegante. A partir de ahi mi
experimento mental cambio, ahora estaba listo para analizarla solamente a ella
por lo que quedaba del concierto. Con su piel morena, sus cabellos largos de
color negro, su afilado rostro que se delineaba aun mas cuando entraba en acción,
su vestido negro con una especie de lentejuelas que brillaban a la distancia, creo
que en unos breves instantes ya me sentía enamorado incluso comencé a distinguir el sonido que
ella producía de entre todos los sonidos de la orquesta. Al final del concierto
el director hacia que se levantaran algunos de los músicos para recibir los
aplausos, en algún momento la hizo ponerse de pie, yo aplaudía y aplaudía
mientras pensaba “yo me casaría con esa bella mujer”.
De ahí en adelante todos los viernes en vez de pensar en salir con mis
amigos, yo solo quería ir a la orquesta, el dinero que no había usado esa
primera vez, lo guarde intacto para el próximo viernes, y ahí estaba yo y ahí
estaba ella siempre tocando siempre elegante, siempre perfecta. Luego de un mes
de asistir a cuatro conciertos en mi casa comenzaron a preguntarse por que mi
deseo de asistir a la orquesta sinfónica, luego de varios cuestionamientos por
parte de mi padre, le dije que me acompañara, que tal vez también le pudiera
gustar. Así que un viernes fuimos juntos, el pago las entradas de ambos, nos sentamos y escuchamos, yo le explique un
poco lo que había ido aprendiendo, le decía cuando aplaudir y cuando no, pero
los padres son muy inteligentes y el mio, me conocía muy bien. En cuanto
salimos me dijo “oye a ti te gusta la chica que toca el flautín verdad?”, ante
mi sorpresa trate de negarlo, pero luego solo pude aceptarlo, el me dijo que
noto que mi mirada siempre estaba fija en ella, y me pregunto si esa era la
razón por la que iba todos los viernes. Le dije que no, esa no era la única
razón, pero en el fondo yo sabia que si era la mas importante. A mi padre le
gusto la experiencia y en algunas ocasiones futuras me acompañaría y me pagaría
el boleto, pero claro que había notado a esa sirena musical me hacia
salir de mi casa todos los viernes con la única intención de irla a ver.
Mi interés por la orquesta fue creciendo tanto que en algún momento
trataba de sacar a mi perro los días que ensayaban para el concierto. Fue así
que junto con mi fiel amigo comencé a conocer a algunos de los integrantes de
la orquesta. Conocí a Raúl que tocaba el trombón, a Fito que tocaba el violín,
a María la primer violín, a Federico de las percusiones, yo usaba siempre el
mismo truco, dejar que mi perro se acercara a ellos a jugar, para luego
acercarme, retiraba a mi perro y luego comenzaba a preguntarles cosas sobre el
concierto, o el instrumento que tocaban.
Para mi todos ellos eran como unas estrellas de rock, pero ellos
realmente semejaban gente común y corriente, bastante humildes y sencillos,
incluso un poco locos se pudiera decir, pero si había alguien a quien
respetaban todos era al director de la orquesta el señor Enrique, él parecía ser la mayor estrella, pero para
mi la mayor estrella era ella. Yo la
veía a lo lejos, cuando caminaba por los pasillos y salia del teatro veía esa
estela de luz que la acompañaba a todos lados.
Así pasaron las semanas yo asistiendo todos los viernes al concierto con
una devoción como con la que la abuela se ponía a rezar la caminata todos los
días a las tres de la tarde. Los demás días salia a caminar con mi perro por la
zona del teatro, muchas veces escuchando música clásica en mis audífonos, cada
día me sentía mas de ese ambiente, un ambiente que pocas personas de mi edad
frecuentaban pero que me hacia sentir un poco intelectual, artista o
simplemente diferente del resto.
En un momento me hice muy amigo de Raúl, y de Fede a tal grado que
comenzaron a regalarme los boletos para que no tuviera que pagar por ellos, me
decían que mejor eso lo guardara para las cervezas. Un día en que me fui a
tomar unas cervezas con el Rulo, ya entrados en confianza le pregunte por la
chica del flautín, el se rió cuando le pregunté, me dijo que todos en la orquesta estaban
enamorados de ella, que era una superdotada, pero que ella lo sabia, sabia que
tenia un talento único y que ademas era hermosa, lo cual dijo él la convertía
en la mas sangrona de toda la orquesta. Lo único que yo escuche es que tocaba
varios instrumentos y que era una superdotada, lo de bella lo tenía claro desde
el primer minuto en que la vi, y lo de que todos estaban enamorados de ella,
también lo imaginaba. Cuando le pregunte como se llamaba me dijo que era un
ingenuo pero que también tenía derecho de saber su nombre, se llamaba Lorenna,
con doble “n”. Me pareció mas bello, iba bien con su pelo negro, con su cuerpo
esbelto, con su fino rostro angelical, con el hecho de que tocaba en una
orquesta, y sobre todo con el personaje de sirena que yo le había creado en mi
mente. Lorenna con doble n, me sonaba a
un nombre francés, o italiano, o irlandés, algo así muy elegante y romántico,
pero sobre todo muy autentico.
Un día de esos que andaba por ahí, de pronto me acerque a saludar a Fede
para pedirle un boleto para el concierto del siguiente viernes, cuando estaba
con el de pronto vi que mi perro salio corriendo, yo corrí detrás de el, cuando
lo alcance le puse la correa, venia hablando con él, regañándolo cuando a mi
lado vi que paso ella, yo me quede pasmado con una sonrisa, los regaños que
venia diciendo, de un instante a otro se
atoraron en mi garganta, ella se inclino un poco, acaricio al afortunado de mi
perro y siguió su camino sin siquiera voltear a verme. Yo la vi, pude enfocar
en medio de toda esa luz, era ella, era real, vi que su rostro no era tan
perfecto como yo lo veía todos los viernes
a la distancia desde mi butaca.
Ese día creo que deje de idealizarla, deje de verla como una sirena que
tocaba la música que hacían las olas, para convertirla en simplemente una mujer
más, tal vez la mas hermosa que yo jamas había visto hasta ese momento, pero al
fin y a cabo una mujer más, de carne y hueso.
Curiosamente para ese siguiente concierto pude llevarme unos binoculares
que mi padre justo había llevado una semana antes a la casa, eran de un tío que
los había dejado el domingo pasado luego de asistir a los toros, pero como mi
tío termino un poco borracho los había olvidado en la casa, así que ese viernes
al mediodía yo los aparte de la cocina y los deje en la mesita de la entrada.
Antes de salir los tome conmigo, los metí en mi mochila y desde que me senté en
mi butaca, comencé a jugar con ellos, miraba para un lado, para el otro,
analizaba el teatro, a las chicas del publico, a la gente de los palcos
importantes, y desde que salio Lorenna, yo la veía a ella, cuando se apareció
el director, lo seguí unos instantes
pero de inmediato que empezó la música yo volví a enfocarla a ella. En
efecto su cara no era la de una sirena, su pelo incluso esa noche no parecía
tan arreglado, su vestido era muy elegante como siempre, su manera de sonar, la
forma en que acomodaba sus labios cuando estaba por tocar cualquier nota, y si
en efecto no era la cara de sirena, me atrevo a decir que me decepcione un
poco, pero dentro de mi yo seguía pensando, yo me casaría con esa mujer.
Esa noche al terminar el concierto yo me quede dando una vuelta
esperando a que saliera Fede para invitarle una cerveza, como lo había hecho ya
con su compañero Raúl, pero Fede no salia, en eso vi que salio don Enrique, el
director de la orquesta, ya sin su smoking pero todavía vistiendo de manera muy elegante
y con un maletín en la mano. Justo cuando pasaba frente a mi, se acercaron unos
jóvenes un poco mas chicos que yo, y le pidieron un autógrafo, yo la verdad que
nunca había pensado en eso, pero mi fanatismo era tal que al ver que traía un
cuaderno y una pluma en mi mochila, decidí acercarme a pedírselo también, Don
Enrique amablemente dejo su maletín en el suelo y se puso a firmar autógrafos.
Luego de unos instantes se fue, yo seguía esperando a Fede, pero nunca me
imagine que quien iba a salir de la puerta de atrás seria mi amor platónico. Al
verla mi cara sonrió sin preámbulo, y lo primero que se me vino a la mente fue
llamarla por su nombre:- Lorenna con doble “n”-, su expresión fue de sorpresa
no se si por que sabía su nombre o por que había mencionado lo de la doble n
como si fuera su apellido pero eso no
fue lo peor, lo que vino posteriormente es
aun mas embarazoso – no me das tu autógrafo- se me ocurrió decirle. Ella, todavía
sorprendida de que un desconocido la llamara por su nombre y luego le pidiera un
autógrafo, respondió con una voz un poco arrogante –yo no soy nadie para dar
autógrafos, yo soy una simple mortal que le gusta la música-. En vez de
sentirme mal por mi actitud o por su manera de responderme, me sentí mal por su
actitud. Claro que ella era digna de darme un autógrafo yo tenía tiempo siendo
su mayor seguidor, su fanático, y ella
ni siquiera lo sabía.
Me costó muchísimo trabajo convencerla de que ella era muy valiosa, y de
lo hermosa que se veía desde las gradas, le platique que yo tenia ya meses
asistiendo todos los viernes solo para verla a ella. Ella tenia una percepción
de si misma completamente diferente a lo que yo esperaba, no es que ella fuera
sangrona como me había dicho Raúl, mas bien era tímida, insegura, y con algunos
problemas que ella decía que la opacaban, por el contrario yo le explicaba que
ella emanaba una luz, que nunca había visto jamas. Y así, en ese esfuerzo por
convencerla de que era una persona hermosa, talentosa y con mucho valor, hoy
luego de varios años puedo presumirles que tengo más de quince años asistiendo
todos los viernes a verla tocar en la
orquesta, y de que es ella misma la que me regala los boletos. Hemos viajado juntos por el mundo, casi
siempre gracias a su talento musical, ella, mi sirena, es la madre de mis dos
hijos, y al final de cada concierto cuando me acerco y le grito –Lorenna con
doble “n”, no me das un autógrafo- ella siempre elegante, en vez de eso, me da
un beso.
David Herrera el Gonzalez. 25 de
marzo 2023.
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