miércoles, 2 de julio de 2025

“LA NIÑA QUE QUERIA CAMBIAR EL MUNDO”

 

LA NIÑA QUE QUERIA CAMBIAR EL MUNDO”

 

En honor a todos aquellos que hacen algo para que la fantasía siga siendo alimento y sustento de cada día.

 

Raaz tenía once años, nacida en Afganistán, pero hacía un par de años que había emigrado con su familia a Dublín, en Irlanda.

En su casa eran puras mujeres, cuando llegaron a Dublín, su padre las abandonó, a ella, a sus dos hermanas y a su madre.

Era muy inteligente, le gustaba leer cuentos y observar las imágenes en los libros. Cuando llegaron a Dublín, para ella todo parecía ser un cuento, le agradaba pensar que la vida era así, pues cuando era todavía más pequeña su padre le contaba historias muy bien elaboradas donde la princesa se llamaba Raaz. Pero a su edad ella comenzaba a darse cuenta de la realidad, la vida era dura, las fábulas y los cuentos poco a poco se desvanecían con el humo de los catorce cigarros que su madre fumaba por día. A ella le molestaba el humo, no le gustaba ver ese humo que por las noches rondaba el pequeño cuarto donde ella junto con sus hermanas y su madre, habitaban; en las mañanas, cuando la luz tenue del sol entre las nubes comenzaba a limpiar el aire del cuarto, la madre se encargaba de encender el primero de los catorce que se fumaría durante el día.

Los días pasaban en medio de la miseria, hasta que de pronto su madre consiguió otro empleo, y con ello las desgracias del mundo moderno comenzaron a atormentar la vida de estas mujeres. La madre fumaba más de una cajetilla al día, ciertas noches no llegaba a dormir, Raaz, no podía entender porque si ahora tenía un mejor trabajo, su madre estaba peor, ella sabía por el olor de las ropas que su madre fumaba y fumaba.

Un buen día la madre llegó con la cara hinchada de llorar y con la noticia de que estaba embarazada. A las hermanas mayores les decía que no sabía quién era el padre y menos aún quería enterarse; esa noche en cuanto entro a la puerta encendió un cigarrillo, y ese mismo se convirtió en un cigarro eterno para ella y para sus hijas, en un cuarto lleno de humo. Esa noche Raaz venía regresando de la escuela, ella no hablaba mucho con las compañeras pues se sentía diferente por el contrario siempre estaba leyendo cuentos, esa tarde había terminado un cuento en árabe que le había enviado su abuelo, ella venía pensando en el cuento hasta que la madre se apareció con la noticia, ella no entendía la seriedad ni la magnitud de lo que estaba pasando.

Con el paso de los meses, al ver la situación de su madre se empezó a preocupar, lloraba en vez de leer. Sabía por un libro, que su madre al estar embarazada no debía fumar pues le hacía mal al bebé, y ella lo seguía haciendo. Así lo hizo durante todo el embarazo, ella llorar y su madre fumar. Pero milagrosamente después de nueve meses llegó un hermoso bebé, era rubio y con los ojos claros, no se parecía mucho al resto de su familia. Raaz al ver lo hermoso que era, lo imaginó como el heredero de unos reyes, un hermoso príncipe de un cuento de hadas.

 

 

Con el nacimiento de su pequeño hermano,Raaz retomó su afición por la lectura de cuentos. En las noches mientras su madre fumaba y su hermanito lloraba, ella se preguntaba porque él no podía ser feliz, muchas veces a ella le tocaba cargarlo y arrullarlo, mientras en voz baja le hablaba, le decía que era un príncipe y le contaba cuentos hasta que el bebé se calmaba y se quedaba dormido.

En las mañanas Raaz se levantaba, metía sus cosas a su mochila, incluyendo su libro, y subía al bus para llegar a la escuela. Desde el nacimiento de su hermano, se había aislado más de cualquier interacción en la escuela, siempre estaba en una banquita leyendo e imaginando cómo le podía hacer para llevar a su hermano a un castillo, a uno donde dentro todo fuese felicidad.

Leyó y leyó, libro tras libro, el tiempo pasó rápido y cuando se dio cuenta, ya tenía trece años y su hermanito dos. Cuando llegaba de la escuela se deprimía mucho al ver el cuartucho donde vivían,aquel cuarto no era digno para ella, ni mucho menos para el principito; ella había leído mucho para ese entonces, y soñar era algo natural para ella, así que un día en que su madre se había ido a trabajar, sin más ni más, a media noche decidió tomar a su hermanito en sus brazos, y salió a caminar por el bosque, y se juró no volver hasta encontrar ese castillo que fuese digno para ellos dos.

Caminó toda la noche. En algún punto se maravilló con los colores del amanecer, cruzó las vías del tren y siguió caminando, pasó por puentesy por montañas, en ciertos momentos se detenía para descansar y para que el niño pudiera estirarse un poco. Estaba convencida de que iba a llegar al castillo, por lo que no le importó sentir hambre, tampoco cansancio, ella sabía que la recompensa sería muy grande. Anduvo andando todo el día, a la tarde comenzó a bajar la temperatura, abrazó con mayor fuerza a su hermanito, lo cobijó con su chamarra y decidió frenar unos momentos para descansar, pues se sentía mal. Se recargó en un árbol con su príncipe en los brazos y lo tapó por completo con su manta. No pasaron muchos minutos para que ella se quedará dormida, de inmediato comenzó a soñar, soñó un camino lleno de flores amarillas que brillaban al compás de los rayos del sol, ese sol que a lo lejos comenzaba a detonar colores al ocultarse detrás de un elegante castillo. De pronto el frío y lo incómodo de su posición despertaron a Raaz, se asomó debajo de la manta para ver a su hermanito quien tiernamente seguía durmiendo. Lo volvió a envolver, se levantó y prosiguió con la caminata en busca de ese camino lleno de flores, el camino más hermoso que jamás haya sido escrito. Imaginó llegar al castillo con la puesta de sol, no faltaba mucho para que eso ocurriera por lo que comenzó a caminar más aprisa. Camino más de una hora, el niño comenzó a llorar, la noche estaba ya postrándose y ella comenzó a debilitarse de sobremanera,trataba de calmar al bebé, mientras se sentaba intentando agarrar un poco de aire que mucha falta le hacía, de pronto comenzó a marearse y se recargo en otro árbol.

Era ese el camino, ella iba emocionada, brincaba y disfrutaba el crujir de las flores amarillas, saltaba para todos lados, estaba emocionada, a lo lejos admiró el lujoso castillo y detrás los colores con que el sol pintaba el cielo antes de ocultarse; de pronto se dio cuenta que no llevaba nada en sus brazos, se preguntó:

 -¿Dónde está mi hermanito?-

Su desesperación fue inmediata cuando pensó la probabilidad de haberlo perdido en medio del bosque, comenzó a buscarlo entre las flores, pensaba que lo había dejado bajo el árbol, pero no veía arboles cerca, incluso se dio cuenta que estaba más cerca el castillo que de los árboles, y al ver que la noche estaba a punto de convertir todo en obscuridad, ella decidió correr en busca de ayuda hacia el castillo.

La adrenalina que corría por su cuerpo hizo que llegara muy rápidamente. Cuando se dio cuenta estaba frente a una enorme puerta, no sabía dónde había que tocar y mucho menos cómo abrirla, volteaba para arriba analizando la situación hasta que de lo alto se asomó una hermosa mujer con el rostro brilloso.

-Eres un hada?-

Le preguntóRaaz. La mujer no respondió, sólo le indico que siguiera por el camino bordeando el castillo y que la primera puerta era la cocina. Ella caminó rápidamente y desde la ventana alcanzó a ver a su hermano, tenía un rostro hermoso, con los cachetes rojos, los ojos muy abiertos y el pelo rubio enroscándose en su cabeza. El príncipe estaba dentro del castillo, una preciosa mujer le daba de comer sopa caliente. Al ver a Raaz, la mujer le hizo una seña para que entrara y se sentara en la mesa. Allí se encontró con un exquisito plato de fresas, preguntó si podía tomar una, pero tomó varias, y las metió con desesperación a su boca, eran las más deliciosas fresas que jamás nadie haya probado. Sin notarlo se terminó el plato y una vez satisfecha, recargó su cabeza sobre sus manos y se puso a pensar en la belleza de su cuento. La belleza de un mundo que sólo podía  existir en su cabeza, un mundo que sólo le fue posible crear a Raaz, una verdadera heroína de un cuento de hadas.

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Tres días  después de que salieron de su casa, salió la noticia de que se acababan de encontrar los cuerpos de dos menores de edad, una niña de 13 años y un pequeño niño de dos años de edad. La niña murió seis horas antes que el bebé. La noticia fue publicada en los principales diarios de Dublín, cautivó al público y la policía comenzó con las investigaciones pertinentes. Al final de cuentas se culpó a la madre, pero el hecho de haber perdido a dos de sus hijos era suficiente pena para ella. Lo que sí quedó claro es que de ahora en adelante las madres dentro del país, en especial las madres inmigrantes, tienen que explicarles a sus hijos que los cuentos de hadas no son reales, y en este mundo actual, nunca lo serán.

FIN

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