LATINOAMÉRICA, CON EL
PUÑO ARRIBA.
La tierra no le pertenece a
nadie, está para que todos la cuidemos. Para que derribemos muros y fronteras, y para dejar que nuestra esencia fluya libremente.
Después de haber recorrido 17
países de Latinoamérica, tranquilamente me atrevo a decir que mi inquietud por
conocer nuestros orígenes me ha llevado a comprobar, en la práctica, que
constituimos una misma especie desde México hasta la Isla de Tierra del Fuego.
Somos seres con un pasado semejante, del cual hemos adoptado costumbres y tradiciones,
pero con un ingenio y colorido particular en cada país.
En todas estas naciones hay gente
que enaltece esa esencia del espíritu latinoamericano. Héroes anónimos de la
vida diaria, como la abuela, quien cansada por la vida, todavía tiene tiempo de
preocuparse porque los nietos cenen algo antes de irse a dormir. Como aquellas
madres que trabajan y todavía se dan el tiempo de educar a sus hijos con valores
y con amor. Como esos niños que, inocentemente, juegan con lo más simple, son
tiernos, bien educados, y quienes a la hora de la cena hecha por su abuela,
dejan todo lo que están haciendo para sentarse en la mesa a comer mientras ven
en el televisor el programa del Chavo del Ocho, ellos comen una comida sazonada
con amor, que durante toda la vida les va a traer gratos recuerdos.
Así hay muchos otros ejemplos de
heroísmo: la señora de la verdulería que siempre atiende con una sonrisa, el
tipo rico que adopta un perro callejero y lo convierte en parte de su familia,
el artista que tiene la capacidad de retratar nuestra identidad inspirándose de
la vida misma como elemento de creación. Héroes de todos los tamaños y todos
los colores.
Gente buena y gente comprometida con
el mundo, y con la felicidad: el señor que le perdona unos pesos al niño para
que alcance a comprar sus dulces o el maestro que se esmera en que los niños
aprendan cosas de provecho. El joven que recoge una bolsa en la calle para
llevarla a la basura o aquel que se lleva su bolsa de plástico cuando va a
caminar por la playa para ir recolectando desechos de donde no deberían estar.
Héroes que plantan árboles y
cultivan huertos, mención especial a las manos
que después de cosechar los ingredientes cocinan el maíz, el frijol y el
resto de los componentes para convertirlos en magia para el paladar.
Héroes los que ayudan a sus semejantes,
los que comparten dinero y pertenencias con los demás, los que hospedan gente
en su casa, los que regalan un plato de comida al hambriento…
Héroes, aquellos que ocupan sus
automóviles para levantar gente en la ruta.
Héroes aquellos que cordialmente
responden un saludo. Aquellos con la capacidad de crear una amistad verdadera en
tan solo un simple intercambio de palabras.
Una especie que demuestra el amor
a través de la comida y el buen diente. Gente linda la que un día de fiesta
brinda por los demás con el corazón y la botella en la mano.
Héroes los que se aman y se
entregan al amor en todos los sentidos.
Héroes los que tocan el folclore
del pueblo convertido en música, creando ritmos que cadenciosamente mueven la
sangre de nuestros cuerpos.
Héroes los que viajan para
conocer la tierra para aprender de ella
y con ello sacar provecho de sus orígenes, así como de su biodiversidad
“Qué dicha”, decía la abuela. “De ser latino y de tener candela por
sustento”.
Pena da la contraparte: gente abusiva,
políticos ricos, chupa medias y enfermos de poder, policías mediocres y
corruptos que para nada son comprometidos, pues se venden por unos pesos,
sinvergüenzas modernos que se hacen pasar por nuestra autoridad. Soldados, mucho
más comprometidos con el narco que con el bienestar del pueblo. Gente que mata,
gente que maltrata. Gente que perdió la sensibilidad sin ser doctor, gente que
no le duele tener que ver a un niño ponerse a trabajar o buscar restos de
comida en la basura porque muere de hambre. Malandros y parásitos de la
sociedad, que no hacen más que dejarse influenciar por los medios de
comunicación para llevar una vida mediocre basada en tener o aparentar tener
“dinero”. Triste que piensen así, pues queda claro que la felicidad no va
relacionada con el dinero, antes está la vida misma, la Madre Tierra (Pachamama),
la familia y los amigos. Mucho antes que lo material está el corazón del latino
que late muy fuerte y que sigue luchando por mantener en pie de lucha a esos
héroes.
Latinoamérica unida por ellos, aquellos
que ayudan al que lo necesita sin pedir nada a cambio, unida por el corazón,
que cuando emite sus latidos hace vibrar en conjunto todo lo que encuentra a su
paso, creando con ello una mágica herencia de lo que somos: Latinos, una raza
muy especial.
Escrito por David
Herrera González.
Agosto de 2017.


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